lunes, 21 de febrero de 2011

"EL OLOR A CHIVO ESTÁNDAR EN LA ARGENTINA, HUELE A COMINO"


Por Daniel dos Santos

El geranio al viento perdía estabilidad y desplegaba olores en aquel jardín setentista de Mataderos, que incluía perro, gato y, en una época limitada por su propia y breve sobrevivencia, el patito de regalo, que entregaban con la entrada en la Feria de las Naciones. Todos ellos convivían con otras plantas, pero a Bernardo Conti se le ocurre mencionar al geranio, y también la cocina donde madre docente y abuela no dejaban olla sin calentar, para probar una cierta exposición a los olores que debieron afinar su nariz. O dicho con perdón y más propiedad, su capacidad olfativa, que también ejercitaba, quizá de forma más gruesa, cuando visitaba la fábrica de limpiadores desinfectantes para frigoríficos de su padre. “Y pensar que tengo alumnos que no saben lo que es un geranio y yo no sólo lo conocía sino que lo plantaba”, descubre ya tarde para la frase anterior el por qué del uso de aquella flor. No importa. A mitad de los ochenta, a los 17, con título de técnico químico y en medio de una típica crisis económica se presentaba en la sucursal argentina de la casa Firmenich, una empresa perfumista suiza con 120 años de antigüedad. Lo tomaron como ayudante de laboratorio. Achaca semejante suerte a sus buenas notas y a que hablaba más o menos de corrido inglés y francés. Ah, también a que “olía bien”. Explico. Los perfumistas usan esta fórmula de manera diferente a los demás mortales. Para ellos significa la capacidad propia de diferenciar olores, de combinar esencias, de atesorar fragancias. Para nosotros no va más allá de un dubitativo ¿huelo bien? o un admirativo ¡qué bien que huele! Sigamos el hilo hasta Ginebra, ciudad a la que el tiempo le da el tono -hermosa y alegre en verano, fría y triste en invierno- para encontrar otra vez a Bernardo en pleno entrenamiento olfativo, porque todo se puede educar hasta la nariz. Viajes que se prolongan hasta ahora, 25 años después, ya no como ayudante sino como gerente de Creación de Perfumes. Aclaremos que los perfumistas van de aquí para allá, no sólo porque algunos de sus patrones viven afuera sino porque, a pesar del avance en las comunicaciones, “el frasquito no pasa por el teléfono”. Pero qué pasa cuando el frasquito es el propio cuerpo humano. Vamos al origen.

¿Por qué ocultar el olor corporal?
Tiene que ver con la tradición judeocristiana, que ve la carne como un elemento negativo. Como cualquier animal, el hombre primitivo se excitaba sexualmente con los olores de la hembra y viceversa, pero a medida que éstos se iban reuniendo en sociedad, las diferentes religiones dictaron preceptos de comportamiento sexual contra la promiscuidad de aquel entonces. De allí surge la necesidad de tapar los olores del cuerpo para evitar la atracción. En los primeros ritos religiosos ya se empieza a sahumar para ocultar.
¿De dónde viene que oler a algo diferente es arma de seducción?
Nace en el antiguo Egipto. El perfumarse servía como un alimento para la fantasía erótica.
¿Suplantaban olores naturales por otros elaborados para lograr el mismo efecto: la atracción?
Sí. Desde allí el perfume se hace hermano de la seducción.
¿Cuál sería el olor del cuerpo humano limpio con jabón neutro?
El olor a piel, que deriva primero de la raza, después de la dieta y por último de la condición genética. Dos personas de la misma raza y con la misma dieta huelen diferentes si son de familias distintas. El olor más poético del cuerpo es el de la piel de bebé; el más real es levemente animal, un poco grasocito, un poco delicado como el terciopelo.
¿Cada cuerpo tiene su perfume?
El humano termina siendo una obra olfativa única, producto de las sustancias que usa: jabón, shampoo, cremas. Además, el mismo perfume no le queda exactamente igual a uno que a otro. Se tendrían que poner mucho perfume en la ropa para decir que dos personas huelen igual.
¿La ropa conserva más el perfume que el cuerpo?
La piel lo evapora antes porque está más caliente, a 36.5 grados, mientras la ropa está a temperatura ambiente.
¿Cuánto dura el rastro de un buen perfume?
Hasta que uno se baña.
¿Y si no se baña?
Uff. De una a tres semanas.
¿Buenos Aires tiene olor?
Un olor a arbolito estrangulado por la contaminación y la sequedad. Un olor a savia seca, a tierra, que irrita un poco.
¿Cuál es el olor del colectivo?
Al vehículo en sí, con ese suelo de goma lavado con un limpiador y a todas las partes metálicas. El metal huele porque viven sobre él bacterias muy chiquitas. Después me encanta el olor a mezcla de la gente. El pizzero que sale de trabajar con un olor que te mata pero te dan ganas de comer, las chicas con el pelo chorreando de recién lavado, del colectivero que se fuma todo en el descanso y el olor a chivo de la gente. El olor a colectivo es el olor a vida normal. Con el olor de la mujer que está amamantando, que huele diferente al resto, y de las barritas de cereales tostados que huelen muy fuerte.
¿Cómo definiría el olor a chivo?
El olor a chivo estándar en la Argentina es el olor a comino. Hay otros tres elementos que huelen tanto como ese condimento: el apio, la cebolla y el ajo. Así huele la transpiración que exudan las axilas. El comino principalmente por la empanada. Y el apio porque se usa mucho como saborizante en los calditos, en las mayonesas; en toda la dieta del argentino aunque no nos demos cuenta.
¿Huele todo eso sin proponérselo?
El olfato no se apaga nunca.
¿Hay perfumes que marcan época?
El Pachuli fue el símbolo de los ‘60 por su proximidad olfativa a la marihuana, por ejemplo.
¿Hacia dónde va la tendencia ahora?
El paraguas de la década se llama nueva página. La gente está cansada de lo que pasa y quiere empezar a escribir otra vez la historia. No quiere renovar la piel sino tener una piel nueva.

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