lunes, 28 de febrero de 2011

ENCUENTRO EN 9 DE JULIO; LA ORGANIZACIÓN CARTONERA


Por Alejandro Giuffrida

Del encuentro participaron cooperativistas de La Plata, Córdoba, Santa Fe y de la Ciudad de Buenos Aires. Cartoneros cooperativistas intercambiaron experiencias en un encuentro desarrollado en la localidad bonaerense. El denominador común es el reclamo al estado para lograr una mejor articulación. Además, advirtieron respecto del uso de los residuos de agroquímicos

El último fin de semana de enero, cooperativas de cartoneros y recicladores realizaron una jornada de debate en la localidad de 9 de Julio, al norte de la provincia de Buenos Aires, para definir una agenda de trabajo común y compartir experiencias. Aunque numerosos fueron los temas tratados, el encuentro giró sobre dos ejes de coincidencia: qué hacer con los desechos de agroquímicos, dado que no hay metodología alguna de reciclaje, pese a su peligrosidad, y cómo reformular la relación entre estas cooperativas y el Estado.A las consecuencias ambientales –por todos conocidas– que el excesivo uso de agroquímicos genera en el medioambiente, se suma el manejo de los residuos de estos tóxicos, que no están contemplados en ninguna normativa y que muchas veces pueden convertirse en una bolsa de polietileno entregada en una carnicería o almacén de barrio.Durante la jornada organizada por la cooperativa de servicios para recicladores El Lucero, de 9 de Julio, los referentes del sector denunciaron que buena parte de los bidones que contuvieron venenos para el agro reingresan en el circuito doméstico de las ciudades, muchas veces reciclados como materia prima para polietileno, pero otras veces como simples bidones que se usan para fraccionar productos de limpieza, por ejemplo.Al encuentro se acercaron cooperativistas de La Plata, de la Ciudad de Buenos Aires, de Córdoba y Santa Fe, además de representantes de la Federación de Cooperativas de Trabajo (Fecootra). Según coincidieron, es necesario definir “qué hacer con los bidones, cómo hacer para certificarlos y transportarlos”.“Hay que garantizar que sean reutilizados exclusivamente para contener agroquímicos, porque por más que se le aplique el triple lavado, el veneno permanece”, advirtió Margarita López, secretaria general de El Lucero, y subrayo: “Hoy, esos bidones están yendo a parar a las fábricas de polietileno, lo cual es igual de grave que si estuvieran siendo utilizados para contener leche”.Enmarcado en el mismo escenario, otro de los aspectos que las cooperativas señalaron fue el de las denominadas silobolsas utilizadas para conservar granos, las que se terminan quemando, lo cual implica una contaminación enorme, dado que son de plástico.“Como están en los campos, no tienen un circuito de recolección, y al quemarse se desperdicia todo el material reciclable, el productor pierde dinero y se contamina el ambiente”, sintetizó López.
Diálogos con el Estado. En cuanto a su vínculo con los municipios o los estados provinciales, las cooperativas reclaman tener prioridad en los procesos licitatorios de las gestiones de recolección de residuos. El pedido no es caprichoso; sostienen que hay todo un trabajo en la tarea implicada en el “cirujeo” que no es reconocido por el Estado.Es decir que toda la recolección que los cartoneros realizan correspondería en principio a los municipios, que son los que cobran un impuesto por ese trabajo. “Lo ideal sería trabajar sólo con el reciclado y la clasificación de la basura”, explicó Margarita López.“Además, nosotros nos encargamos de dar las charlas para concientizar a los vecinos o en los colegios, y elaboramos programas con las empresas para promover la separación de la basura”, agregó.Como corolario de este punto en particular, las cooperativas participantes explicaron que el dinero que ingresa por las ventas, que en rigor es fruto del trabajo en la planta, termina siendo también una subvención de quienes están recolectando, que no reciben una ingreso por esa actividad en sí misma.
Recicladores por dentro. El Lucero es una de las tantas cooperativas que se conformaron entre trabajadores recolectores de residuos domiciliarios para reciclar y comercializar la basura con mayor efectividad y con los beneficios que implica trabajar a la par con otros compañeros.Hoy, esta cooperativa del norte de la provincia de Buenos Aires, tiene unos 11 asociados trabajando en la planta de reciclado, pero otros 35 cartoneros están recolectando en la Ciudad o en el basural. A valores actuales, el kilo de cartón se paga unos 0,50 centavos y el plástico –dependiendo de cuál se trate–, hasta 7 pesos.El Lucero entrega, sólo en plásticos, un promedio de dos toneladas y media cada diez días. Por lo pronto, se encargan de seleccionar, prensar y vender, pero próximamente tendrán instalada en la planta una cinta de clasificación, sumado a una máquina de picado y otra de lavado y secado.Con esta expansión, que el municipio de 9 de Julio se comprometió a realizar hace casi un año, López estima que los puestos de trabajo en la planta podrán ascender a 30 lugares. La cooperativa, de todas formas, viene trabajando desde 2004, impulsada gracias a un crédito del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.La idea principal fue “formalizar el trabajo informal del ciruja”, definió Margarita López. La mayoría de los asociados “eran cartoneros o cirujeaban en la calle” antes de la conformación de este espacio productivo.“El presidente de la cooperativa, Juan Carlos Martínez, no podía hablar con más de tres personas sin ponerse colorado. No había pisado un banco en su vida. Hoy, brinda charlas en los colegios, se encarga de hacer los trámites bancarios y muchas otras cosas antes impensadas”, señaló López y concluyó: “Detrás de cada experiencia hay todo un aprendizaje social que no se puede medir en un balance contable”.
• ¿Basura cero? El manejo de la basura en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires merece un capítulo aparte porque, más allá de las chicanas políticas que el tema despertó, lo cierto es que el macrismo no cumplió los objetivos declamados y las cooperativas de cartoneros todavía esperan que se abra el prometido “proceso participativo de licitación”.La basura continúa acumulándose, cada vez en mayor cantidad y con menos tratamiento. Así lo denunció un reciente informe de la organización ambientalista Greenpeace, en la que se advirtió que en 2010, al Ceamse llegó un 14% más de basura que el año anterior.Y todavía en mayor falta, según la Ley de Basura Cero, que el macrismo prometió cumplir, la Ciudad debería haber enviado un tope de un millón de toneladas a los rellenos del Ceamse, aunque en los hechos derivó más de dos millones, es decir que duplicó lo permitido legalmente.Lorena Pujó, coordinadora de la campaña Basura Cero, de Greenpeace, denunció que “los incrementos interanuales de la basura enterrada desde que asumió la administración de Mauricio Macri son los más altos de los últimos 10 años”.Mientras que, según consigna el diario digital Comunicación Ambiental, la Directora Política de Greenpeace, María Eugenia Testa, subrayó que durante la gestión macrista “se desmanteló el incipiente sistema de contenedores diferenciados iniciado en 2007, se descontinuó el servicio de recolección diferenciada y no se avanzó nunca en materia de concientización y educación sobre reciclado, entre otras cosas”.Según las últimas estimaciones, más del 35% de los residuos que se producen en la Ciudad y que son enterrados podrían ser separados y reciclados, retornando al ciclo productivo, sin generar daños al medioambiente.Desde El Ceibo, la cooperativa de cartoneros ubicada en el barrio porteño de Palermo, precisaron que la fecha para presentar planes de trabajo entre el Estado y las plantas gestionadas por trabajadores se estiró hasta fines de febrero, porque inicialmente el cierre era en diciembre pasado.De todas formas, Cristina Lescano, presidenta de El Ceibo, se mostró poco esperanzada con esta política: “Honestamente, no creo mucho en estos pliegos. Están poniendo muchas vueltas y hay que ver que los recursos lleguen”.

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