martes, 22 de febrero de 2011

LLAMAN LOS TAMBORILES


En Ramos Mejía, la murga Mata Mufa recuerda a uno de sus integrantes, Rubén Carballo, quien murió luego de una represión policial, y le canta a la Asignación Universal por Hijo.

Por Bruno Lazzaro


El viento silba bajo y a su paso la tierra se levanta, apenas. El torbellino diminuto hace su puesta en escena y gira una y otra vez mientras recoge los pequeños escombros de ocasión. A su alrededor, un grupo de chicos en edad de admirar todo lo que está más allá de sus manos, realiza una danza torpe que sólo podrá detenerse para la lente de una mamá en función de fotógrafa accidental. De fondo, los pibes empuñan sus espumas en aerosol como si se tratara de espadas filosas y corren hacia un arenero –esos a los que de niños nos enseñan que no debemos entrar porque están orinados por otros chicos– que funciona como un cubículo donde la sensación de libertad deja de ser sensación para volverse realidad. Y mientras tanto, el sol se escapa por la puerta de atrás y todo pasa. Los pibes empiezan a flaquear, se caen, se lastiman, gritan, empujan, patalean, vuelven a caerse y la paciencia paterna cotiza en baja ante cada lágrima derramada. “Tiene sueño, pobrecito”, dice una abuela programada para malcriar. “Entonces que se deje de romper las pelotas”, responde, seco, el padre –se presume hijo de la abuela que consiente–, previo a ceder ante la mirada triste del chico en cuestión que, una vez arriba de su progenitor, mira cómo una bandera roja y negra flamea entre sus ojos y el cielo oscuro.Son las nueve de la noche del sábado 12 de febrero y en la plaza Bomberitos de Ramos Mejía, el calor se multiplica entre la gente de barrio. En esta misma plaza, hace dos años, Rubén Carballo bailaba alegre en compañía de sus amigos de la murga Mata Mufa. Tenía 17 años la noche en que fue a ver el show del conjunto Viejas Locas y encontró, mientras esperaba que habilitaran el ingreso al estadio de Vélez, la violenta represión de la Policía Federal. En la revuelta los amigos lo vieron por última vez a las 12 de la noche. Catorce horas después, la policía lo encontró en una canchita de fútbol cinco en el Club Ferroviario, lindero a Vélez. El parte oficial del SAME dijo que tenía “traumatismo severo de cráneo, hematomas en el ojo derecho, en la muñeca izquierda, en el hombro izquierdo y hundimiento de cráneo posterior”. El informe policial lo atribuyó a una caída desde uno de los muros perimetrales. El peritaje que pidió la familia determinó que esos golpes “fueron propinados por un objeto romo”. Rubén murió el 8 de diciembre de 2009, luego de veintitrés días de agonía. Pese a los reclamos del padre y al testimonio de un joven que relató cómo la policía lo subía a un patrullero durante el operativo, la causa no avanzó y todavía no se sabe qué paso durante esas horas en que nadie lo vio.Pasó más de un año de su partida y es época de carnaval, época de murgas y fiestas en la calle. En la plaza Bomberitos, los compañeros de Rubén –los mismos que, vestidos de rojo y negro, bailan al ritmo de tamboriles y bajo la bandera Mata Mufa– mantienen firme su recuerdo.Tate, un joven 28 años a bordo de una moto de baja cilindrada, se presenta como uno de los referentes de los Mata Mufa y pide un minuto para ajustar los preparativos del carnaval de la fecha y que las murgas invitadas puedan ofrecer un gran espectáculo. Cuando vuelve, sus palabras son directas: “Cuando estás en contra de la seguridad nacional, es muy probable, aunque no lo queremos creer, que todo quede en la nada, que todo quede impune”. Los jóvenes implementan su propia campaña para que nadie olvide a Rubén.“No te voy a decir que no es doloroso, pero lo recuerdo con mucha alegría. Si lo llamabas un miércoles a las cuatro de la mañana para pedirle que te acompañe a algún lugar, él se mandaba. Y te acompañaba. El pibe te veía solo y te llevaba a caminar”, cuenta Maiden, de 17 años, integrante de la murga. Florencia, también compañera de agrupación, afirma: “Me da bronca lo que pasó con Rubén. El recuerdo es el mejor. Estaba siempre dando vueltas, pidiendo que le pongan brillo, que lo pintáramos de verde. Siempre alegre”.El grupo, nacido hace seis años en La Tablada, está integrado por alrededor de veinticinco personas de entre 15 y 30 años que, desde hace tres veranos, coparon la plaza Bomberitos para practicar sus bailes, tocar sus instrumentos y componer las letras con las que intentan transmitir sus sentimientos más intrínsecos.Los temas de los Mata Mufa tienen una clara raigambre política y social. De ahí que todo se discuta en asamblea. Este año la murga alza la voz sobre lo ocurrido en los últimos meses. “Hablamos de la tercerización del gobierno –enumera Tate–, de la muerte de Mariano Ferreyra, de Rubén, de Luciano Arruga que es un desaparecido más. Ojo, dentro de la crítica, reconozco que este gobierno, pese a que no me gusta, hace cosas bien. No soy un necio”.Los bombos marcan presencia y preanuncian el comienzo. De la parrilla, preparada para la fecha, los integrantes del colectivo artístico sacan los pedidos de choripanes, hamburguesas y gaseosas. Es que los Mata Mufa no funcionan como la mayoría de las murgas de Capital. “Nosotros somos una murga independiente –afirma Tate– porque no pertenecemos al circuito de Capital, no pedimos subvención de nada, ni plata de ningún tipo. Todo lo que hacemos es por autogestión y todo lo que no tenemos lo alquilamos con la plata de la venta de espuma y de la parrilla. Nosotros elegimos ser diferentes porque la posta es que si alguien me da plata, hay un montón de cosas que quizá no podríamos decir o no deberíamos, y nosotros queremos decir lo que se nos cante”.Sólo tres integrantes de Mata Mufa militan en diversas agrupaciones políticas que, según Tate, no inciden a la hora de dirimir las cuestiones relacionadas a la murga. “Nos ofrecieron ir a tocar a manifestaciones, pero no lo hicimos. Es muy común que algún puntero te quiera llevar a hacer quilombo. El hecho de estar organizados y tener instrumentos nos coloca en un lugar importante para cierta gente. Hay muchas murgas que están politizadas y se llevan un vuelto. Acá en Mata Mufa nadie se lleva un mango”.Este no es un año más para los amantes del carnaval. Luego de una ardua pelea, el 7 y 8 de marzo, los murgueros podrán volver a disfrutar de los feriados que la dictadura militar eliminó del calendario para callar la crítica social. “Es muy importante. Mucha democracia y se seguía manteniendo algo así desde la dictadura. Personalmente le digo chau a las marchas, pero bienvenido al feriado”, celebra Florencia. A su lado, Soledad no muestra la misma alegría: “No sé si mucha gente comprende la dimensión. Es un día en el que todos vamos a estar festejando, pero me parece que no se entiende la profundidad del asunto. Para mucha gente va a ser un fin de semana súper largo”.Pese a que el feriado tiene alcance nacional, en La Matanza existe un decreto municipal que no permite realizar corsos fuera del circuito oficial. “Somos una mala palabra. Todavía tenemos que seguir plantándonos en la calle y en las plazas de la misma manera. Cuando pedimos permiso tenemos que cumplir una serie de condiciones que la municipalidad impone, aunque sabe que no son verdad y sin embargo dejan que suceda”, sentencia Tate.“Cuando el bombo suena, el murguero vuela”, dice Florencia. Y allá se van todos, a bailar con los tamboriles. Con el recuerdo de su amigo latente.

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