miércoles, 9 de febrero de 2011

"LA FALTA DE LÍMITES HACE SUFRIR A LOS HIJOS TANTO COMO A LOS PADRES"


La pedagoga Michaela Recht dice que los padres deben llevar el “no” hasta el extremo si suponen que el “sí” perjudicará a sus hijos. Y reivindica la postura de la Resistencia No Violenta, como una estrategia contenedora.

Por Daniel dos Santos


Hasta que uno se recibe de padre o madre en carne propia (la de uno) y ajena (la del hijo/a), el mundo parecería moverse con alguna certeza, entendida ésta como el conocimiento seguro y claro de algo. Sólo el reemplazar algo por alguien (hijo/a), uno (padre/madre) se verá de pronto monopolizado por una única verdad: la certeza no existe para este caso. La incertidumbre entonces gana la razón y el corazón ante el primer berrinche. Por supuesto que es un mal de la época. El abuelo de Michaela Recht que horadaba la tierra en una mina por fuerza oscura de la cuenca del Ruhr, Alemania, a principios del siglo pasado, encontraría el camino para educar a su descendencia con mayor facilidad que un padre moderno (incluyendo los post) a pleno sol. Después se vería cómo salía el vástago, pero la mayoría tenía las cosas claras o, por lo menos, seguras. Hoy la nieta de aquel minero, primera de su familia con un título universitario, batalla para sostener la Resistencia No Violenta en la educación de los hijos. Con esa actitud firme, Gandhi consiguió la independencia de la India frente a los ingleses, en esa oportunidad, menos tozudos. Ahora, esta pedagoga graduada en la Universidad de Hagen (Alemania) y fundadora de un espacio para padres trata, con el aval y supervisión de la Liga Alemana para la Protección de Menores entre otras instituciones, que los padres tengan esa misma postura frente a sus hijos para mantener un “no contenedor” en el tiempo. Pero claro, los niños no son como los ingleses. Fuera de broma, Michaela cree que nunca es tarde para que la confusión que anida en los progenitores, tal vez por tantas líneas pedagógicas, sea desterrada en base a esa vieja intuición perdida, el sentido común. Con ese espíritu práctico de alemán -condición de origen que desmiente con su cabello moreno y que reafirma con ojos azul profundo-, Recht define ese sentido como lo que sirve, pero también como lo que predispone a buscar otros caminos para estar mejor.¿Era caprichosa de chica?De chica, no tanto.En realidad, si hubiera querido no habría podido. Sus padres se separaron a los 10 años y entonces no había tenencia compartida en su país. Ella vivió con su madre enferma y con su hermana menor, a la que cuidó en una situación no precisamente holgada.¿Hay varias generaciones que le decían sí a sus padres y ahora le dicen sí a sus hijos?Creo que los padres les dieron un poder muy fuerte a los hijos. La falta de límites hace sufrir a los hijos tanto como a los padres.¿Y hasta dónde llevar el “no”?Hasta el extremo, cuando uno sabe que el “sí” perjudica al hijo.¿Y los padres siempre tienen razón?Equivocarse es de humanos.¿Reconocer el error afecta la autoridad?Prefiero hablar de vínculo. Si el padre reconoce el error, hace crecer el vínculo.¿La rebeldía es un sentimiento deseable en el chico?Sí, porque ayuda a construir el yo, la propia identidad. Pero la rebeldía también debe estar dentro de un marco. Si el hijo lo sobrepasa, hay que volverlo adentro, sin violencia.¿Resulta peor un sobreadaptado que un rebelde?Enseñamos a los padres la escucha activa. Ayuda al chico a confirmarse como persona, porque es escuchado y aceptado, se autovaloriza. Y alguien que se da valor nunca entra en la sobreadaptación. Como padre hay que aguantarlo a que resuelva sus problemas, porque yo, con más experiencia, hago las cosas más rápidas, como me gustan, pero ahí caemos en la sobreprotección. ¿Y eso les impide descubrir el mundo?No puede medir su fortaleza. Sino se adapta a los límites que nosotros pensamos que tiene, o que a mí como padre me conviene.¿Qué pone el padre de sí mismo en la crianza de los hijos?Para educar bien, el padre debe tener conciencia de sus fortalezas, debilidades, deseos y necesidades. Si sobrelleva muchas necesidades no cumplidas es posible que las espeje en ellos.¿Los padres consultan por un problema determinado o por la pobreza del vínculo con sus hijos?Generalmente quieren recetas. Vienen con esa idea de amoldar a sus hijos a sus gustos, como si fueran una tabla rasa. Hay que mostrarles los límites que ellos tienen para influir en sus hijos.¿Los límites en la creación del otro?El otro lleva en sí muchísimas singularidades en las cuales no poseemos ingerencia. Podemos cuidarlo, pero no moldearlo. Puedo lograr que mi hijo vuelva del boliche si se lo había prohibido. pero no que me lo agradezca. ¿Los padres se van desilusionados al no encontrar recetas?La mayoría se va aliviada si se le muestra que no puede cambiar al otro. En general, los padres se sienten en falta con los chicos, con la sociedad, con las escuelas pedagógicas. Y la culpa no resulta una buena base para un padre presente, el que necesitamos para educar. Los chicos detectan esas culpas como si fueran botones rojos y las usan para conseguir lo que quieren. Los padres deben trabajar en el autoconocimiento.¿Cada integrante de la pareja opina distinto en los talleres?Normalmente sí. Cuando existe una persona muy fuerte la otra pareciera ser débil. Buscamos reforzar al débil y entonces el otro se permite estar más flojo y no sentirse el brujo o la bruja. Intentamos que haya más armonía. Madre de tres hijos, dos varones de 19 y 17, y una nena de 11, Michaela está casada con un argentino que conoció en Alemania. ¿Cómo la evaluarían sus hijos?Depende el día. Pero los veo mayormente contentos. Toman sus decisiones, aceptan mis ‘no’.¿Comparten mucho en familia?Somos una pareja mixta. Las familias en Alemania no son tan unidas físicamente. Acá se ven todos los fines de semana y mi marido habla con mi suegra todos los días. Si yo llamara a mis padres todos los días se preguntarían si estoy bien.

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