viernes, 5 de noviembre de 2010

CUANDO EL SILENCIO HACE RUIDO


“Ningún club argentino puede tirar la primera piedra”, dice el periodista Alejandro Fabbri que en su libro da cuenta de infinidad de irregularidades confirmadas en el off the record, pero de las que nadie en el fútbol argentino quiere hablar en voz muy alta.


Por Emanuel Respighi

Los rumores, las sospechas o los trascendidos que circulan por aquí y por allá pertenecen a una categoría menor a la que se supone alcanza una información corroborada. De todas maneras, el grado de verosimilitud al que puede llegar ese tipo de información depende del lugar desde donde se le dé curso. Si el que les da cabida es un periodista de trayectoria coherente y creíble, el rumor o el trascendido difundido puede tratarse de una información “chequeada”, pero a la que los protagonistas sólo la confirman fuera de micrófono. Hay rumores que forman parte del mundo de la fantasía, y hay otra información “chequeada” off the record a la que se la cubre bajo el eufemismo del rumor para poder difundirla. En el flamante libro Nuevas historias negras del fútbol argentino (Capital Intelectual), en el que Alejandro Fabbri repasa escándalos, curiosidades e historias increíbles que ocurrieron en el deporte más popular del país en las últimas cuatro décadas, los hechos parecen construirse de rumores confirmados en reserva.


Más cercano al anecdotario que a un trabajo de investigación y denuncia, esta suerte de continuidad y ampliación de Historias negras del fútbol argentino, el primer volumen de la saga, cumple sin embargo con la esencia de transmitir al lector la idea de que el fútbol argentino huele muy mal. Jugadores, árbitros y dirigentes, todos los protagonistas del fútbol están vinculados con alguna de las situaciones irregulares que el periodista relata. Sin embargo, el libro también deja en claro que no todo lo que rodea a la pelota está manchado por arreglos y acuerdos non sanctos sellados en un escritorio o mesa de café. “Como otras actividades humanas, el fútbol argentino no está ni tan limpio como nos quieren hacer creer unos ni tan sucio como el mito tribunero prefiere diseminar ante el primer resultado adverso o una falta mal sancionada contra su equipo”, le cuenta a Página/12 Fabbri, que acaba de desvincularse de Torneos y Competencias, pero sigue conduciendo diariamente Estudio fútbol en TyC.


Partidos de resultado consensuado entre jugadores, arbitrajes vergonzosos que dieron lugar a todo tipo de suspicacias, dirigentes que sacan y ponen jueces, violencia que se repite sin castigo ejemplificador, funcionarios políticos entreverados en resultados deportivos: ésas son algunas de las temáticas en las que se divide Nuevas historias.... A partir de la transcripción de crónicas periodísticas de la época y de relatos en blogs partidarios, Fabbri reconstruye una vasta cantidad de hechos nunca aclarados, relacionados con el mundo de la pelota. “Las historias irregulares del fútbol argentino que seleccioné no tienen orden cronológico alguno ni intenté abarcarlas todas, porque eso sería una tarea engorrosa que no cabe en poco más de doscientas páginas”, puntualiza el periodista, que desde hace un par de meses oficia de columnista en Uno nunca sabe, el ciclo radial que de 7.50 a 12 se emite por AM 750, bajo la conducción de Vicky Torres y Diego Corbalán.


“Lo primero que hay que remarcar es que, aunque parezca increíble, no hay ningún caso de soborno ni de incentivación probada desde 1973 hasta hoy en el fútbol argentino”, dispara. “Creo que pasa –reflexiona el comentarista– porque se sofisticó el mecanismo de arreglo. En la década del ’40 hay un caso de un tesorero que fue preso porque quiso sobornar a un arquero y fue él mismo a llevarle la plata en efectivo al bar del hermano del jugador, y la policía lo estaba esperando detrás de la cortina. Eso no pasa hoy. Ahora le depositarán la guita en la cuenta de algún familiar. Se refinaron los mecanismos de arreglo y tampoco hay voluntad política de denunciar casos.”


–¿Cree que ése es un mal endémico argentino o del fútbol en general?


–No sé. En otros países por lo menos de vez en cuando hay sanciones. En Italia, más allá de las disputas territoriales, económicas y políticas, al Milan y a la Juventus los descendieron por apuestas y arreglos de partidos. En Argentina estamos muy lejos de eso. Y el periodismo deportivo en algo contribuye. Si hasta la mayoría de los periodistas deportivos más jóvenes sostienen que la incentivación no es un delito, que habría que legalizarla.


–En su momento, cuando publicó la primera entrega de Historias negras..., dijo que las historias llegaban hasta la década del ’70 porque luego se le había hecho imposible conseguir fuentes que hablaran sobre casos recientes. ¿Cambió algo de aquel entonces a este libro?


–La dificultad continuó. Un par de ex jugadores me contaron algunas cositas, como el acuerdo entre Boca-San Martín, pero siempre en estricto off the record. La versión que tenía era que el Beto Márcico y el Beto Acosta habían arreglado el empate adentro de la cancha, en francés. Y no fue así. Se había arreglado antes del partido de plantel a plantel. Incluso, el Mono Navarro Montoya hizo un escándalo en el entretiempo, en el vestuario, porque le habían hecho un gol. El acuerdo era un 0 a 0, no un 1 a 1. El problema es que al no haber ninguna sanción, hay que manejar las situaciones utilizando el potencial. Ningún jugador, técnico o dirigente habla porque ningún caso fue comprobado o sancionado. Hay que hacer malabares para contar las historias oscuras de nuestro fútbol.


–¿Cree que esa imposibilidad de acceso a fuentes convierte a Nuevas historias... en un libro más light que el anterior?


–Es un libro de investigación porque están los casos contados. Pero es una investigación hasta un lugar, porque nadie se anima a contar lo que pasó. En ese punto es un libro más anecdótico que el anterior, ya que en aquél los casos –sea por la distancia temporal con los hechos o porque hubo sanciones– eran contados con mayores pruebas, aportadas por los protagonistas o por los castigos. En la actualidad, todos silencian.


–¿Por qué cree que existe ese silencio?


–Ningún club argentino puede tirar la primera piedra. Tampoco el jugador quiere hablar porque teme pasar luego al club que denunció, o ser dirigido en el futuro por el entrenador al que acusó. El sistema del fútbol argentino silencia a los protagonistas. Tampoco es que todo está arreglado, porque si no no hubieran salido campeones ocho equipos diferentes en los últimos campeonatos, ni San Lorenzo y Racing se hubieran ido al descenso. Lo que pasa es que el fútbol argentino está signado de muchas situaciones irregulares, en donde todos los protagonistas del fútbol están involucrados.


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