miércoles, 28 de marzo de 2012

EL SUEÑO DEL BANDONEON PROPIO


La Universidad Nacional de Lanús creó a Pichuco, un fueye de estudio realizado íntegramente en la Argentina. Estiman que la primera tanda en serie estará lista en los próximos meses. Se trata de un proyecto ambicioso que busca la defensa de un patrimonio amenazado.
Por Sebastián Feijoo
El tango nació sin bandoneón. Pero tan pronto como aquel instrumento europeo, diseñado para ámbitos religiosos, desembarcó en el Río de la Plata comenzó a gestarse un destino muy distinto. El fueye asumiría el rol de columna vertebral de una de las músicas más originales, ricas y poderosas que vio el mundo durante el siglo XX. El tango vivió su período de máximo esplendor hasta los ’50, luego comenzaría a sufrir la marginación de las industrias culturales y nuevos competidores globales, pero con mayor o menor audacia siempre resistió los embates de los tiempos. Hoy pelea desde cientos de jóvenes que estudian, investigan, tocan, componen, graban y ponen todo más allá de los condicionamientos del mercado. Una de las tantas dificultades para acercarse al género es la escasez de bandoneones y su costo, que puede rondar los cinco mil euros. Atento a esta situación y sus implicancias todavía más graves a futuro, la Universidad Nacional de Lanús (Unla) diseñó un bandoneón cien por ciento argentino y planea lanzar la primera camada en serie en los próximos meses. El objetivo es defender un patrimonio cultural y estimular el estudio del instrumento en los colegios.“Tengo muchos amigos bandoneonistas, luthiers, toco el instrumento y me apasiona el tango. Por eso entiendo la problemática. La situación es grave. Hay muy pocos bandoneones y en buen estado, menos. Muchos turistas favorecidos por el cambio se los llevan para tocar, guardar o hasta como adorno. Entonces se me ocurrió la idea de que la Universidad Nacional de Lanús podía asumir el desafío de trabajar para un bandoneón nacional y popular. Sabemos que es un trabajo enorme. Un esfuerzo que exige mejoras continuas y mucho compromiso. Pero el equipo de la carrera de Diseño Industrial lo demuestra todos los días. Creemos que después de mucho trabajo logramos un muy buen bandoneón de estudio. Por eso, lo llamamos Pichuco. Nuestra idea es que llegue a la mayor cantidad posible de escuelas públicas. Porque se trata de un instrumento muy difícil y familiarizarse a temprana edad es fundamental. Y no muchas familias pueden comprar un instrumento de cinco mil euros para ver si a sus hijos les gusta”, explica Ana Jaramillo, rectora de la Universidad Nacional de Lanús, ideóloga del proyecto y miembro de la Academia del Tango.El equipo de trabajo incluyó al director de la carrera de Diseño Industrial, Roberto De Rose; el director del proyecto, Roberto Crespo; el codirector, Guillermo Andrade; los docentes Edgardo Chanquía, Mariano Llorens, Fabián Martínez, Agustín Peralta, Andrés Ruscitti, Diego Velazco, Magdalena Vidart y Mayté Osorio; y los alumnos Rubén Hassna, Luis Nocetti Fasolino y Melisa Ríos. El objetivo era industrializar la fabricación del bandoneón para abaratar notablemente su costo y de esta manera extender su llegada a las capas populares. Un bandoneón tradicional tiene 2.300 piezas y una construcción predominantemente artesanal. El trabajo en la universidad de Lanús comenzó en 2009 desarmando un bandoneón. Pero la idea no era replicar cada pieza, sino estudiarlas y simplificar el diseño para industrializar todo el proceso.Edgardo Chanquía, docente y una de las claves del proyecto, detalla: “Con el nuevo diseño logramos reducir la cantidad de piezas a la mitad, pero cuidando al máximo el fino equilibrio que le da una sonoridad única a los bandoneones. Esto achicó los costos y el tiempo de construcción. Modificamos el fueye. El nuestro es de una sola pieza, pero el mismo material. Hicimos muchas pruebas y correcciones. Esto tiene mucho de ensayo y error. Consultamos mucho al luthier Oscar Fischer, que es una de las máximas referencias de la Argentina. Mandamos a hacer montones de pruebas de material para reproducir las aleaciones exactas. Trabajamos mucho sobre las voces porque es un tema determinante. Los peines de acero y las pequeñas piezas que se hacían a mano las reprodujimos con cortes láser y cortes por chorro de agua. Sólo el armado se hará a mano. No podemos competir con la sonoridad de un Doble A, pero estamos muy conformes con los dos prototipos y sabemos que mejoraremos a futuro”.Algunos especialistas estiman que hasta la II Guerra Mundial llegaron a la Argentina 60 mil bandoneones, de los cuales hoy quedan 20 mil y apenas dos mil mantienen sus piezas originales y correcto funcionamiento. La sangría producto del paso del tiempo y las compras de turistas complicarán aún más la situación. Los bandoneones existentes deben ser protegidos, pero al mismo tiempo hay que pensar en el futuro –los Doble A no se fabrican hace casi 50 años–. La popularidad de todo instrumento –y en este caso de un género como el tango– también depende de que se puedan conseguir a precios accesibles. El proyecto de la Universidad Nacional de Lanús constituye una experiencia muy valiosa y la verdadera dimensión de su impacto la determinará el tiempo y la continuidad que logre el proyecto.“No se trata de una curiosidad o de una aventura pintoresca –subraya la rectora Jaramillo–. El colonialismo cultural y pedagógico sigue existiendo y denigra las producciones locales. En estos momentos estamos presupuestando cuánto saldría fabricar los bandoneones en serie –fuentes extra oficiales aseguran que rondarían los 2 mil pesos–. Apostamos a que todo este trabajo se perfeccione con el tiempo, soñamos que estos instrumentos sonarán mejor y que estamos colaborando para la defensa y proyección de un patrimonio muy valioso.”.
Historia
De la iglesia a la fábrica, pasando por los burdeles
El bandoneón nació en Alemania, a mediados del siglo XIX. Fue diseñado como un órgano portátil para usar en las iglesias de menores recursos. Su carácter melancólico y sonido profundo encajaba perfectamente en ese ámbito. Por entonces nadie imaginaba que a principio del siglo XX desembarcaría casi al azar a las orillas del Río de la Plata y se transformaría en el corazón del tango.Los bandoneones cuentan con 38 botones para el registro agudo y 33 para el grave. Pero esos 71 botones generan una nota cuando el fueye se abre y otra, cuando este se cierra. El valor de estas verdaderas joyas artesanales –los Doble A, llamados así por su creador, Alfred Arnold, son considerados casi como un equivalente de los stradivarius para los violines– es incalculable. No se fabrican hace más de 50 años y son muy buscados por los coleccionistas: por eso deben ser protegidos y cuidados.Pero al mismo tiempo se necesitan alternativas más accesibles. La explosión del rock también tiene que ver con la fabricación de guitarras en serie, su consiguiente abaratamiento y mayor llegada a las clases populares. Parece improbable que alguna empresa privada asuma este compromiso que ante todo es una defensa de un patrimonio cultural. Por eso, el proyecto de la Universidad Nacional de Lanús se hace todavía más valioso. Un instrumento de nivel no se hace de la noche a la mañana. El éxito de esta aventura –más que nunca– descansará en el trabajo, el tiempo y la constancia.

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