sábado, 31 de marzo de 2012

LA GUERRA, PARTE DEL PLAN DE GALTIERI PARA SEGUIR EN EL PODER


Por Alberto Amato.
Creía que una victoria le permitiría superar la crisis que vivía el país y gobernar hasta 1987.
La guerra de Malvinas tuvo, como uno de sus propósitos principales, salvar a la dictadura militar , darle aire ante una deteriorada realidad económica y ante las primeras denuncias de violaciones a los derechos humanos que jaqueaban a los militares en 1982. Galtieri quiso así eternizarse en el poder.Con menos palabras, el recién desclasificado Informe Rattenbach , elaborado en 1983, lo admite en uno de sus parágrafos menos explorados. En el número 247, sentencia: “La decisión de ‘ocupar las Malvinas’ fue tomada porque ya existía, desde diciembre de 1981, la idea de que para llegar a negociaciones exitosas con Gran Bretaña iba a ser necesario hacer uso del poder militar. La decisión se adoptó con rapidez puesto que ya estaba planeada la ocupación, lo que permitía cumplir la etapa inicial. Pero nunca se planificó cómo defender las Islas una vez ocupadas. En definitiva, la decisión estuvo influida por aspectos políticos particulares , tal, por ejemplo, la conveniencia de producir una circunstancia significativa que revitalizara el Proceso de Reorganización Nacional (sin juzgar éticamente esta consideración) unida también a la poco manifiesta vocación negociadora de Gran Bretaña (…)”.El Informe Rattenbach, pedido por la última junta de la dictadura, lleva la firma del teniente general Benjamín Rattenbach, el oficial más antiguo de las Fuerzas Armadas en 1983. Sus conclusiones, durísimas, afectaron a los tres miembros de la Junta Militar , Leopoldo Galtieri, Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo, y a muchos jefes y oficiales que actuaron en la guerra: a algunos les adjudicó poco menos que cobardía frente al enemigo, al rendirse sin disparar un solo tiro.La comisión interfuerzas que presidió Rattenbach señaló “fallas en la oportunidad” de recuperar Malvinas y remarcó: “Las autoridades nacionales eran duramente atacadas, particularmente por el problema de los derechos humanos (...) La crisis socio-económica reinante (...) La situación política interna, con movimientos políticos y sindicales que ejercían una considerable oposición al gobierno. Todo ello, a la hora de la victoria, hubiese sido superable, pero se debió tener en cuenta que, a la hora de la derrota, significarían el fin del Proceso de Reorganización...”.La percepción de que la guerra había sido impulsada para “salvar al proceso” no fue exclusiva de Rattenbach . El mismo día de la invasión, 2 de abril de 1982, el secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig, mantuvo una reunión con el embajador británico en Washington, sir Nicholas Henderson. Haig le dio su versión sobre la ocupación: “El Secretario concluyó diciendo que estaba claro que el gobierno argentino estaba usando las Falklands como una maniobra política interna de distracción y que la operación terminaría por demostrar ser un problema mayor para lo que estamos tratando de hacer en este hemisferio”, esto último en referencia a la lucha anticomunista planeada en América Central por el gobierno de Ronald Reagan, de la que participaban en secreto militares argentinos. Así reza un cable del Departamento de Estado, el 088416, del 2 de abril, que reproduce la edición definitiva del libro “Malvinas, La Trama Secreta”, de Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo van der Kooy, de inminente aparición.El embajador de EE.UU. en Buenos Aires, Harry Shlaudeman, tuvo la misma certeza. A las 10.22 de la noche de ese 2 de abril, apenas diez horas después de conocida la recuperación de las Islas, el diplomático envió un cable al Departamento de Estado: “Galtieri tiene la esperanza de usar esta aventura para comprar tiempo político y quedarse en el poder hasta 1987 (…) Cuando la euforia popular pase, sin embargo, quedarán los mismos problemas: una profunda recesión y la impopularidad del gobierno militar”. El embajador menciona una aparición de Galtieri “a lo Perón en Plaza de Mayo” con un único objetivo: “La extensión de su período de gobierno y la reelección como presidente por otros tres años en 1984”.

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