lunes, 12 de marzo de 2012

WATERS Y UN DOMINGO ESPECIAL


Roger Waters en la Villa 31 El músico británico fue a grabar su participación en el videoclip de un tema que compuso para la Fundación Alas.
Por Marisol Parnofiello
Doce músicos rodean al hombre de 68 años que está sentado en un banquito de madera. Lleva pantalón de jean, remera negra y unas zapatillas de lona blancas que de tantos lavados apenas dejan ver la mitad de la marca. Ese que se dobla sobre la guitarra criolla y calienta sus dedos largos con los acordes implacables de Wish You Were Here , cuando la cámara se apaga, es sólo un ser humano. Pero para muchos es una deidad. Quizás por eso los apóstoles lo miran, y lo siguen, y lo besan. Lo cierto es que este Dios que derriba muros y los levanta, noche tras noche, no descansa los domingos.No lo hizo ayer, cuando el trabajo apremiaba. Roger Waters llegó a la Villa 31 a las 13.20 desde el hotel Faena, donde se aloja. Lo hizo acompañado de su mujer, Laurie Durning, y una troupe de acompañantes que llegaron en tres camionetas importadas y varios autos.La de ayer fue la jornada final de un proyecto que nació hace años, cuando la Fundación América Latina en Acción Solidaria (ALAS), lo convocó para crear una canción que ayudara en la causa de la organización: fomentar el desarrollo infantil temprano, para interrumpir la transmisión intergeneracional de la pobreza.El bajista de la mítica banda Pink Floyd aceptó gustoso y escribió The Child Will Fly . Varios artistas se sumaron. Entre ellos: Shakira, Eric Clapton, Pedro Aznar y Gustavo Cerati, que a principios de 2008 se reunió con Waters en Nueva York y grabó en el estudio Looking Glass algunos fragmentos del tema, bajo la dirección de Héctor Castillo (el ingeniero de grabación de Ahí vamos ). Con un trabajo lento, pero incesante, que llevó más de cuatro años, ayer se rodaron las últimas escenas del videoclip de 12 minutos que, se espera, se estrene en el último recital de “The Wall Live” en River. En fechas anteriores, Roger grabó también en Ciudad Oculta y en el centro porteño. La dirección estuvo a cargo de Diego Kaplan ( Igualita a mí , ¿Sabés nadar? ), quien también participó en el guión, junto a Coraje Abalos. Entre actores y equipo técnico, 40 personas trabajaron en el corto que retrata la llegada de Waters a un asentamiento, con el estuche de su guitarra en una mano y un papelito en la otra. Roger busca a un grupo de músicos. Y lo encuentra.“I’m from Villa 31” ( “Soy de Villa 31” ), bromea uno de los muchachos del lugar, mientras una centena de personas caminan detrás de Waters. Su casa da a un pasillo en el que un perrito se rasca las pulgas apoyado contra un lavarropas abandonado. Adentro, la tele está encendida: se ve el Chavo del 8 . “¿Te firmó la guitarra, Adrián?”, le preguntan. Alguien que no es del lugar agrega: “Esa va para Mercadolibre, eh”. Pero no hay risas. Adrián está feliz con su viola garabateada por uno de los músicos más importantes de la historia. Tan feliz como el señor que pisa los ochenta y que cedió su casa para la más importante de las cinco escenas que se grabaron durante la tarde. Allí él y una decena de chicos rodean a Waters. Tienen instrumentos improvisados. Un nene de cinco años toca una batería de bidones de plástico. Una chica hace sonar una guitarra con cuerpo de lata de yerba. Roger sonríe. “Lo aman”, confirma Kaplan. Afuera una nena de piel dorada y pelo afro, que apenas sabe hablar, le limpia las manos a una amiguita de ojos achinados. En el más cosmopolita de los lugares, la bajita de vestido colorado le suelta los dedos a su compañera y vuelve al juego. Una burbuja tornasolada vuela y estalla. Desaparece. La nena se queda mirando al cielo, maravillada, por lo que acaba de pasar. Como a ella, a los habitantes del lugar les queda, al menos, el recuerdo de algo hermoso.

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