jueves, 22 de marzo de 2012

TAN CERCA, TAN LEJOS


Cómo viven y sienten los fueguinos el reclamo por las islas Malvinas. Hay vecinos que se entusiasman con el reclamo nacional frente a Gran Bretaña y otros que prefieren no hablar del tema. El deseo de recuperar un territorio que sienten propio y ocupan ajenos.
Por Rubén Pereyra
Ushuaia, 14 horas de un día frío y ventoso, como casi todos en la ciudad más austral del mundo, capital de Tierra del Fuego y de las Malvinas.–Where are you from?–England.–And what’s your opinion about Malvinas?Las dos mujeres apoyaron los cubiertos en el plato, miraron fijo a su interlocutor y se pusieron serias. Una contestó: “No sabemos mucho del tema”. La otra continuó: “En este lugar (N. del R.: un precioso bar en el centro de la ciudad, en cuyo techo hay banderas de todo el mundo) no hay una bandera de nuestro país. Pero nosotros entendemos. Es lógico”.El país del que hablan es Gran Bretaña. Las ciudadanas inglesas, de más de 40 años, visitaban por segunda vez la Argentina, habían recorrido el norte argentino, las Cataratas, Buenos Aires y se encontraban en Ushuaia de paso hacia la Antártida, donde tenían pensado descansar dos semanas, hacer kayak y hasta dormir una noche en carpa.Compartir una charla con ellas resultó agradable pero, en cambio, fue imposible hacerlas hablar sobre las islas que su país mantiene ocupadas hace casi 180 años. Se entiende. Alguna podría pensar que se encontraban en territorio hostil, a pesar de su apuro en aclarar que en nuestro país las trataron muy bien, en todo momento. Sobre todo en Ushuaia, una ciudad que recibe turismo de todo el mundo, cuyos habitantes están acostumbrados a tratar con extranjeros de los más diversos orígenes.A pocos metros de esa conversación, horas antes, los diputados y senadores de las comisiones de Relaciones Exteriores del Congreso de la Nación –invitados por la gobernadora Fabiana Ríos– realizaron una histórica sesión en territorio fueguino para discutir la cuestión Malvinas, que dio como resultado la Declaración de Ushuaia (ver recuadro). Sin embargo, menos se conoce sobre cómo vive y siente la capital de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur este proceso de “remalvinización”. Y ahí, en ese reducto de nuestro país, las respuestas comienzan a encontrarse.El tema divide a Tierra del Fuego en dos realidades. Una, la de Ushuaia, donde se suceden las opiniones más disímiles y hasta cierta información sobre la cuestión. Otra, la de Río Grande, ciudad donde se realiza la vigilia del 1 al 2 de abril, quizás el acto simbólico más importante que recuerda la gesta de Malvinas.“Acá, en Ushuaia, hay bastante apatía sobre el tema”, comparte Lucas, que atiende un quiosco en una de las calles céntricas de la ciudad. “No se recuerda tanto de aquel entonces, sobre todo porque se lo vincula mucho con lo político, y a partir de ahí entra la desconfianza. Por lo menos, es lo que yo veo y siento”. Y eso abarca, también, su participación en los actos recordatorios del 2 de abril “pero en Río Grande”. Y continúa: “Allá es distinto, toda la población está comprometida con la vigilia, y realmente es algo muy grande. En Ushuaia eso no se vive, aunque la gente grande recuerda el hecho, pero desconfía de los políticos”.Lucas parece tener razón, piensa este cronista, cuando se encuentra con Alberto, un señor de más de 50, que aclara tajante: “Acá no pasó nada, acá la guerra no la vivimos, comíamos asado con los chilenos”. Ese vecino transpira apatía frente al tema Malvinas y remata: “Los soldados no vinieron para acá, se fueron cada uno a su base”. No es cierto: hubo buques con ex combatientes que arribaron al puerto de Ushuaia y allí también amarraron los “buques hospital”, como el Bahía Paraíso, que trasladaban heridos.Jorge, compañero de Alberto y un poco más joven, tiene una visión diferente. Quizá porque era chico en los ochenta, pero con la edad suficiente para retener experiencias imborrables para un niño. “Lo que más recuerdo eran los operativos de oscurecimiento, la ciudad tenía que quedar a oscuras totalmente, las ventanas y puertas tenían que ser tapadas o apagadas las luces. No se hacía todas las noches, pero se realizó muchas veces durante el conflicto. También acá en Ushuaia tuvimos dos simulacros de bombardeo, aunque nunca pasó nada. Acá llegaron también los sobrevivientes del Crucero General Belgrano, de eso me acuerdo, de la gente que los iba a recibir. Ahora la cosa es distinta, en la ciudad no hay tanto recuerdo de eso y hay mucha desconfianza en los políticos”, insiste, en sintonía con otros de sus conciudadanos.El muchacho reitera esa constante: la desconfianza en los políticos. La misma tesis a la que abona Lucas: “En Ushuaia, cada uno está pendiente de sí mismo. No se habla tanto de Malvinas, aunque por supuesto las reconocemos como territorio argentino y fueguino, pero no es algo de lo que se hable frecuentemente”.Diferente es la forma en que se vive el proceso malvinizador en la ciudad de Río Grande, distante 222 kilómetros de la capital provincial. En esa ciudad todavía se pueden ver, al costado de la ruta, las pistas de aterrizaje y despegue de los aviones que entraron en combate durante el conflicto bélico de 1982. Allí, y desde 1984, todos los años se realiza una vigilia la noche del 1º de abril.Oscar Vera, ex combatiente de la ciudad de Río Grande, comparte con Veintitrés cómo vive la ciudad esa experiencia. “Empezamos en el año ’84, donde está el Monumento a los Caídos –cuenta Vera–. Yo no estaba todavía, pero los compañeros se juntaban con un tacho y una carpa para cuatro personas, que prestaba el batallón en aquella época, y pasaban toda la noche ahí. La idea en aquel momento era simplemente recordar a nuestros caídos. Y siempre se recibía el amanecer, con los tachos encendidos. Hoy por suerte la cosa es mucho más grande, la gente nos apoya muchísimo. Hay entidades del gobierno provincial y de la municipalidad que nos acompañan en esa gesta. Se volvió algo muy grande. Se instala una carpa en la que entran alrededor de trescientas personas sentadas, se arman diferentes stands con fotografías y videos, compañeros nuestros van contándoles a los chicos de las escuelas las historias vividas, historias de compañeros que ya no están. En esa semana, a la que llamamos la semana de Malvinas, otros compañeros nuestros van a las escuelas a dar charlas para los chicos que no pueden acercarse a la vigilia, para hacer un trabajo de concientización, contarles cuál era la realidad en ese momento y las consecuencias que tuvo para nosotros y para los argentinos, en general. Así que estamos en eso, tratando de mantener viva la llama de Malvinas para que, en algún momento, vuelvan a ser nuestras; no como hoy, que las tenemos en el sentimiento pero, en los hechos, están ocupadas por otro país”.Vera era militar de carrera y no se olvida del recibimiento que le dio Ushuaia, la misma ciudad que el sábado 25 de febrero albergó a los diputados y senadores de las comisiones de Relaciones Exteriores del Parlamento: “Yo era cabo segundo y volví de las islas en el buque Bahía Paraíso, y nos bajaron acá en el puerto de Ushuaia. La verdad que el recibimiento de la gente fue espectacular. Para hacer una comparación, era como los chicos cuando van a ver un recital de rock. Nos recibieron como héroes”.La actividad de los veteranos, tanto en Ushuaia como en Río Grande, no se reduce a meros reclamos para no ser olvidados, como en las décadas del ’80 y ’90, cuando el país vivió un proceso de desmalvinización. Hoy los ex combatientes ampliaron su campo e incursionan en actividades solidarias: “Nosotros como veteranos hacemos muchas actividades sociales, hemos participado de campañas de ayuda cuando hubo inundaciones; y no entregábamos lo recolectado a ningún organismo sino que se lo dábamos a los propios damnificados de manera directa. Eso nos hizo ser reconocidos en el trabajo con la gente”.Horacio Chávez, presidente del centro de ex combatientes de Río Grande, reconoce el apoyo recibido por la población de Ushuaia y de Río Grande, pero tiene sus reparos con quienes eran sus superiores: “No me olvido que los militares acá nos recibieron muy mal, hicieron el informe Rattenbach y dieron todo por cerrado. Y yo no me olvido tampoco de que fuimos nosotros los protagonistas de luchas sociales por la reivindicación de los ex combatientes. Por eso, a veces a uno le duele el olvido, hay compañeros nuestros, como Luis Ibáñez, de Santiago del Estero, protagonista de luchas sociales en aquella provincia, que murió sin ser nunca reconocido. Treinta años después las cosas han cambiado, y está muy bien y estoy muy contento por todo este proceso, pero hay todavía algunas deudas sociales pendientes”.El supuesto desinterés de Ushuaia contrasta con los carteles que se ven en las calles y con la construcción de la plaza que inaugurará la presidenta Cristina Fernández, el próximo 2 de abril, en el acto central por los 30 años de la recuperación de las islas. Contrasta también con el compromiso que, año a año, renuevan los habitantes de su vecina Río Grande. Y entonces vale pensar que quizá la apatía no sea tal, sino simplemente el temor a volver a soñar con que ese pedazo de tierra fueguina, tan caro a los sentimientos de este país, vuelva a pertenecer a la República Argentina. Tal vez siga existiendo el temor a que, una vez más, la razón y la diplomacia sean arrasadas por la fuerza británica, como ocurrió con la terrible guerra de 1982, el hecho más funcional a los intereses británicos de que se tenga memoria desde que fueron ocupadas en 1833. _______________________________________________________________________________
No pasarán
Dos sofisticados cruceros repletos de turistas disminuyeron su velocidad para ingresar, como en otras ocasiones, el puerto de la ciudad fueguina de Ushuaia. Los buques de la empresa Carnival, bautizados Star Princess y Adonia, provenían de las Islas Malvinas y portaban banderas de Bermudas, una colonia británica. Pero ambos capitanes se toparon con la voluntad y determinación de los lugareños y también con una norma. La ley provincial 852 (llamada Gaucho Rivero) dejó a miles de pasajeros con las ganas de desembarcar en la ciudad más austral de mundo. Y desde ese punto, una vez rechazados, tuvieron que enfilar directamente hacia las costas chilenas de Punta Arenas. Integrantes del Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Ushuaia, dirigentes gremiales portuarios y militantes de Resistencia Patriótica se acercaron al embarcadero local para exigir por el cumplimiento irrestricto de la ley que prohíbe la permanencia, amarre o abastecimiento de naves de procedencia británica o de conveniencia. El presidente de la Dirección de Puertos, Alejandro Berola, fue puesto en aviso y este se comunicó con la gobernadora Fabiana Ríos, que decretó la petición con su firma. La Cámara de Turismo de la ciudad no estuvo de acuerdo con la decisión: “Los cruceros de turismo no se relacionan con el pedido de soberanía”, protestaron. Desde Gran Bretaña, el secretario de Estado y Exteriores Jeremy Browne manifestó una fuerte tristeza por lo sucedido a sus compatriotas. Y se empeñó en asegurar que los turistas querían tener una relación con los argentinos a nivel personal.
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Todos juntos, o casi todos
Fue un gesto de unidad nacional. Y, como debe ser, contó con la presencia de oficialistas y opositores. En medio de la escalada retórica con Gran Bretaña, el 25 de febrero en Ushuaia, Tierra del Fuego, las comisiones de Relaciones Exteriores de las cámaras de Diputados y Senadores suscribieron un documento de diez puntos en el que ratificaron la posición argentina ante el conflicto por las Islas Malvinas, condenaron la militarización que lleva adelante el Reino Unido, reivindicaron la defensa de los recursos naturales y agradecieron el apoyo de la región. El documento fue firmado por las bancadas del FPV, la UCR, de los socialistas, la Coalición Cívica, el Pro, el Movimiento Popular Neuquino, Nuevo Encuentro, el GEN y el FAP, aunque los representantes de estos dos últimos partidos, Margarita Stolbizer y Claudio Lozano, se bajaron de la aventura, previo correo electrónico con las correspondientes disculpas. La gobernadora Fabiana Ríos y el presidente de la comisión en la Cámara alta, Daniel Filmus, resultaron ser quienes lograron convocar a los opositores al plenario conjunto.Entre los que viajaron se destacaron Carlos Raimundi, Federico Pinedo –que, curiosamente, en su discurso citó al socialista Alfredo Palacios–, Ricardo Alfonsín, Rubén Giustiniani y Agustín Rossi, que fue el último orador. Por su parte, el ex peronista disidente Alfredo Atanasof concurrió pero, según explicó, lo hizo “a título personal”. Todos estuvieron de acuerdo en defender la vía pacífica para recuperar las islas y rechazar “la persistente actitud colonialista y militarista” de Gran Bretaña.

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