miércoles, 19 de mayo de 2010

EUROPA EN LLAMAS


Mientras en la reunión de Davos asomó la idea del proteccionismo para enfrentar la crisis mundial, en Inglaterra, Italia y Francia marchan y protestan contra los trabajadores extranjeros. En Roma, un indio fue quemado vivo por desempleados. Cómo la crisis económica dio paso a una ola xenófoba.


Por Alfredo Grieco y Bavio

El fuego que se encendió en Grecia ya arde en Gran Bretaña. Las protestas sociales de la Atenas conservadora queman al gobierno laborista de Londres. El último fruto de la globalización es un enérgico, casi unánime repudio de la globalización y de la libre circulación de bienes y personas. En la reunión del Foro Económico Mundial en la suiza Davos de la semana pasada, la idea del proteccionismo asomó, sin atreverse nunca a decir su nombre, como uno de los correctivos (estatales) a la crisis mundial y a las leyes (tan neoliberales) de los mercados. En Francia, los sindicatos se jactaron de haber puesto en las calles a más de dos millones de personas contra el presidente neogaullista Nicolas Sarkozy, en la mayor muestra de fuerza de los últimos veinte años.

Si a los griegos no les faltaban elementos xenófobos, los ingleses con sus huelgas sorpresivas y violentas se dirigen directamente en contra de los trabajadores extranjeros. No sólo extracomunitarios: piden que echen a los portugueses o italianos que trabajan con ellos. En Italia, el fuego se volvió literal, y los incidentes en los que se quema a extranjeros en las calles son cada vez menos infrecuentes. La madre patria, España, endurece cada vez más las medidas restrictivas para sus hijos no reconocidos y sudacas.

En la amazónica Belem do Pará, el Foro Social Mundial, donde concurrieron los presidentes del progresismo sudamericano, de Evo Morales a Hugo Chávez, y de Lula a Fernando Lugo y Rafael Correa, la condena al proteccionismo fue más explícita, más sonora, y más desconfiada de lo que simultáneamente ocurría en Suiza (ver página 52). Sobre todo, porque en Europa los pedidos de subsidios a la producción local, aranceles aduaneros y barreras a los inmigrantes se multiplican. Después de un mes de protestas en Grecia avivadas por la crisis, esta semana los agricultores de la isla de Creta se embarcaron, llegaron al puerto de Atenas (El Pireo), y lo bloquearon con sus tractores en pedido de mejores precios. En el otro extremo europeo, el martes se reveló que España alcanzó en enero un récord histórico de 3,3 millones de personas sin trabajo, lo que obligó al gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero a reconocer que el número de desocupados puede aumentar este año hasta los cuatro millones.

Los ingleses temen que esos desocupados se desplacen a su país. Es por eso que, tomando a la letra una promesa demagógica que hizo el premier laborista Gordon Brown en 2007, montan wildcat strikes (huelgas de gatos salvajes) con carteles con la cita ministerial: “Trabajos ingleses para manos inglesas”. De manera más brutal, aunque sin perder la ironía nacional, los carteles de los obreros británicos dicen “Si tu nombre no es Pedro, Luigi o Alfonso, ni te presentes”. La situación es más irónica aún de lo que parece, porque la fábrica donde estallaron las protestas es francesa, y un resultado de la efectiva unidad económica de la Unión Europea. Los proletarios ingleses no recuerdan que en la era de Margaret Thatcher, la última de máximo desempleo en el país, muchos de ellos viajaban a Alemania para trabajar, gustosos, por menos dinero que los alemanes.

Las huelgas xenófobas europeas presentan la novedosa peculiaridad de violar abiertamente el Tratado de Roma. Los odiados competidores no son negros africanos, ni rumanos o gitanos acusados de asesinos o ladrones, ni paquistaníes musulmanes. Son portugueses, españoles o italianos, comunitarios de pleno derecho. Ya el gobierno de Brown tuvo que telefonear apresuradamente al de Silvio Berlusconi, y asegurar que los trabajadores italianos serán tutelados.

En Italia, la inmigración cada vez más castigada es la del Este europeo, la de África y la de Asia. En las afueras de Roma, un indio fue quemado vivo por desempleados o subempleados que querían “divertirse un poco”. Según Giuseppe Pisanu, ministro antimafia, “la inmigración no se enfrenta escuchando lo que se dice en las trattorias de la Padania”. Una crítica en el interior del gobierno contra el ultraderechista xenófobo Umberto Bossi, que alguna vez predicó la secesión del norte de Italia (la Padania).

No son pocos los que se preguntan si la violencia, que inevitablemente crecerá en Europa y será aprovechada por los políticos populistas, se extenderá también a las grandes economías, tanto o más golpeadas por la crisis, de Estados Unidos y Japón. Parece poco probable, porque en esos países las fronteras están suficientemente cerradas a los extranjeros y el proteccionismo se solidifica. En 2008, por primera vez en la historia, las remesas de los migrantes mexicanos desde Estados Unidos bajaron con respecto al año anterior. La crisis es una de las causas, pero también el aumento y el éxito en la represión a la inmigración considerada ilegal. El plan de estímulo de Barack Obama contiene una cláusula “Buy American” (compre nacional), por la cual en las nuevas inversiones públicas deben considerarse sólo productos norteamericanos. El Herald Tribune publicó en su editorial que muchos republicanos dicen que perdieron las elecciones por no ser más audaces en la lucha contra los migrantes. Pero el diario aconseja la moderación, y advierte que “las deportaciones en masa” no son una solución tan definitiva como se cree.

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