jueves, 20 de mayo de 2010

SEAN ETERNOS LOS LAURELES


Los actos patrios suelen estar vacíos de contenido y aportan no mucho más que la emotividad. Qué hacer para acercar a los chicos a los personajes y hechos que se recuerdan.


Por Judith Rasnosky

Para Sofía no era un día más. Estaba nerviosa y repetía en voz alta el texto que había memorizado para hacer de mazamorrera. “El mismo de siempre: mazamorra caliente para quemarse los dientes –dice Sandra, su mamá–. Mientras tanto, yo trataba de ajustarle el lazo del delantal que ya habían usado sus hermanas, y le retocaba el maquillaje con corcho quemado para que estuviera diez puntos. Un rato después empezó el acto. Siempre se me hace un nudo en la garganta cuando escucho el Himno. No sé por qué, se me vienen imágenes de mi infancia, me emociono. Pero todo lo demás, las dramatizaciones y los discursos, ¡son siempre iguales! Los chicos no los entienden, se aburren y los padres ni siquiera los escuchan.”

¿Cómo se relacionan las efemérides con la construcción de los valores de ciudadano y con la identidad nacional? ¿Contribuyen a que los chicos conozcan la historia argentina?
Año tras año, desde jardín de infantes y hasta terminar la secundaria, los chicos festejan el 25 de Mayo –“el cumpleaños de la Patria”–, el Día de la Bandera, la Independencia. También recuerdan a los próceres, Belgrano, San Martín y Sarmiento, y conmemoran la llegada de Colón a América el 12 de octubre.

Contra lo que podría pensarse, no todos los países del mundo tienen sus fechas patrias. La construcción de una memoria colectiva sobre un pasado común y los rituales relacionados con los símbolos patrios, como la promesa a la Bandera son más propios de los países americanos que de los europeos. En España, por ejemplo, se considera que las actividades histórico-patrióticas tienen más que ver con el adoctrinamiento que con la enseñanza de la historia. Como señala Mario Carretero, investigador de Flacso y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, “mediante la enseñanza de la historia se puede enseñar el espíritu crítico pero también se suelen perpetuar los mitos de la cultura dominante”. En su libro Documentos de identidad. La construcción de la memoria histórica en un mundo global (Paidós), explica que “a la historia se le otorgan sentidos que la hacen apta para ser consumida por el ciudadano. En particular en la escuela, la transmisión de narraciones forma el sentimiento de pertenencia de los ‘cachorros’ a una ‘manada’ más amplia que la propia familia directa: su grupo, su nación y hasta su patria”.

Es así como la historia escolar resultó y resulta todavía muy eficaz para sensibilizar a los miembros de la comunidad, mostrándoles su pasado común, con héroes, rituales y símbolos patrios comunes.
Desde muy pequeños, los chicos aprenden que la historia transcurrió en edificios importantes como el Cabildo y la Casa de Tucumán, que héroes como Belgrano y San Martín lucharon para la liberación de la patria, que Sarmiento fue el “padre del aula” y que “Colón llegó con tres carabelas”. Y no mucho más.

Cuando se acerca alguna de estas fechas, todo en la escuela gira en torno al festejo. El desarrollo habitual de los contenidos se deja de lado para preparar el acto, con la cantidad de ensayos y repeticiones que resulten necesarios. Los maestros piden información sobre la fecha patria y los alumnos llevan figuritas y suplementos especiales que publican las revistas infantiles, en los que se encuentra de todo: biografías de los próceres, batallas en las que participaron, y hasta clases de bricolaje al estilo “Hacé tu propio Cabildo”.

Según el historiador Luis Alberto Romero, “la enseñanza de la historia ha tenido, tradicionalmente, dos objetivos: el conocimiento crítico del pasado y la formación de los valores del ciudadano”. Está claro que, durante mucho tiempo, la celebración de efemérides no contribuyó a ninguna crítica. Por el contrario, configuran el conocimiento del pasado como mito, como memoria colectiva. Su función emotiva es central. Pero no se trata de erradicarlas; el problema es, según Mario Carretero, qué deben hacer las escuelas para “que la mayoría de los alumnos transite de la emoción a la comprensión de los conceptos sociales e historiográficos”.

En los últimos años surgieron ideas, contenidos y experiencias que apuntan a encontrarles un nuevo sentido a las efemérides escolares. Por un lado, desde la historia académica comenzó a circular información que arrojó bastante luz sobre algunos procesos históricos, en particular los del siglo XIX, y permitió bajar a los próceres del bronce para mostrarlos más humanos, con sus aciertos y sus errores, con sus virtudes y sus defectos.

Por otro lado, también hubo avances desde los órganos de decisión de los contenidos escolares. El calendario escolar indica la conmemoración de fechas relacionadas con la historia reciente, como el 24 de marzo (Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia) y el 2 de abril (Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas).

Para Mónica Domínguez, profesora de Historia, los actos escolares “tienen que ser espacios de reflexión. No para recordar sino para revisitar el pasado, a través de fuentes y documentos, para no perder la fundamentación rigurosa de los hechos. A veces las formas novedosas o muy creativas corren el riesgo de caer en el ridículo, en deformaciones y malas interpretaciones”. Con esa idea en mente, con su clase usa una técnica que coloca a los participantes del acto en interacción con los personajes históricos. “A partir de ambientaciones con imágenes, sonidos e incluso aromas, se sensibiliza a los participantes y se los lleva al pasado que se va a reconstruir, como si se tratara de un túnel del tiempo. El objetivo –señala– es acercar a los chicos y a sus familias a la historia que, en realidad, no es más que su propia historia.”

Luis Alberto Romero, por su parte, sostiene que “no se trata de volver a las versiones esencialistas, intolerantes, autoritarias y chauvinistas del nacionalismo. Pero sí de reflexionar acerca de las cosas básicas que mantienen unida a una comunidad, puesto que no hay ninguna ley universal que asegure la continuidad de una comunidad nacional. Y esto se ve claramente en tiempos de crisis”.
La investigación que realizó Mario Carretero –subvencionada por la Fundación Guggenheim– sobre la enseñanza de la historia en diferentes países (ver aparte) demuestra que “en lo que se refiere a la comprensión de la historia, la práctica de las efemérides favorece el logro de los objetivos románticos de la escuela primaria en la casi totalidad de los sujetos. No sucede lo mismo, en cambio, cuando se trata de acceder a la comprensión plena, menos ligada al desarrollo evolutivo y más determinada por las condiciones culturales, a la que pocos sujetos arriban”. Es decir, los chicos están lejos de los objetivos declarados.


Los chicos


Durante su investigación, Mario Carretero habló con niños de todas las edades. Los siguientes diálogos son apenas un ejemplo.
Juan Manuel (8)
J.M.: La bandera argentina la creó San Martín.
Pregunta: ¿Quién era San Martín?
J.M.: Era un soldado que creó la Argentina.
P.: ¿Por qué creó la Argentina?
J.M.: Porque él sabía que se iba a llamar así la tierra.
Gonzalo (8)
P.: ¿Por qué se festeja el 25 de Mayo?
G.: (...) porque se realizó la escarapela. Como todos los países tenían un símbolo, nosotros, la Argentina, necesitábamos uno. Entonces, un día, miró para el cielo y la pintó con los colores del cielo e hizo la bandera.

El comienzo

Hacia fines del siglo XIX, los festejos patrios en el país eran exclusivamente militares y religiosos y consistían en grandes desfiles que terminaban con una misa en la catedral de Buenos Aires. Pero un día de 1887, un director de escuela, Pablo Pizzurno, pensó que el aniversario de la Revolución de Mayo era una buena oportunidad para reunir a sus alumnos y explicarles el significado de aquel acontecimiento. Ese día, en el patio de la escuela, los chicos recitaron versos y cantaron el Himno. Era la época en que la escuela no sólo enseñaba el idioma, también modelaba las costumbres de los recién llegados y transmitía los valores de la nueva nación que se estaba construyendo.

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