lunes, 17 de mayo de 2010

¿LOS NENES CON LOS NENES?


Colegios que separan por género, una tendencia en crecimiento. Single sex es una iniciativa importada y polémica. En el pasado se aplicaba por preceptos morales, ahora se aducen condiciones “naturales”. La resistencia en el país y las razones.


Por Pablo Sigal

A nivel internacional hay decenas de estudios, especialistas y páginas de Internet especializadas que avalan el movimiento conocido como “single sex” o “educación diferenciada”. Una idea que se aplicó en el pasado por razones morales o por prejuicio en cuanto a las tareas que podían desarrollar hombres y mujeres. La tendencia, que crece en el mundo desarrollado, encuentra resistencia en el país: en los últimos cinco años más de cien colegios que recibían a un solo sexo se hicieron mixtos, sumándose a la coeducación.

Hace años, las chicas iban a liceos o colegios normales porque trabajar como maestras era una de las pocas tareas bien vistas para ellas. Era impensable que pudieran cursar una carrera técnica y que se convirtieran en electricistas o maestro mayor de obras, oficios reservados a los varones. Hoy, bajo supuestos más progresistas y sobre todo en Estados Unidos y Europa, gana terreno la idea de que la educación por separado de personas de distinto sexo puede ayudar a superar aspectos del fracaso escolar y aumentar el potencial de niños y niñas.

Dos preguntas se imponen al entrar en el debate de las escuelas diferenciadas. La primera es si hombres y mujeres aprenden (piensan) de forma diferente y, en caso de ser afirmativa la respuesta, si esa diferencia es productiva o negativa para la educación mixta.

Silvina Gvirtz, directora de la escuela de educación de la Universidad de San Andrés, dice que “no hay evidencias que permitan sustentar la afirmación de diferencias en habilidades cognitivas entre varones y mujeres. Nada justifica la separación por sexos. El objetivo de la escuela es formar a las personas integralmente y no sólo académicamente; y en una sociedad democrática tiene que incluir el aprender a vivir juntos. Por eso es tan importante fomentar la educación mixta e inclusiva en las escuelas. La democracia se construye diariamente y desde las bases. Una sociedad que eduque de otro modo corre serios riegos de convertirse en más autoritaria y excluyente”.

En el mismo sentido, la investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y licenciada en Ciencias de la Educación Guillermina Laguzzi señala que “al mismo tiempo que cada vez se sospecha más que el rendimiento diferencial de niñas y niños está basado en condiciones y disposiciones ‘naturales’, se avanzó en el conocimiento de que la escuela contribuye a la reproducción de estos patrones de género dominantes”. Y agrega que incluso si existieran esas diferencias que marcan los “separatistas”, la coeducación “hace al aprendizaje más rico y además ubica a la escuela en una tarea ineludible, que va más allá de la enseñanza de contenidos y estrategias de conocimientos: la formación de sujetos que puedan aprender a vivir y dialogar con otros, diferentes en sus formas de actuar, pensar y aprender. Fomentar las interacciones de niños y niñas que portan saberes, creencias, experiencias, ritmos diferentes, no sólo potencia los aprendizajes escolares, sino también los necesarios para la vida en común; aspectos fundamentales para enriquecer la vida democrática de las escuelas y de la sociedad más general”.

Según surge de varias páginas web, los defensores de la educación diferenciada tienen una batería de estudios y argumentos “progresistas” que abogan por la eficacia de este método. En estos textos se refleja la creencia de que las mujeres son mejores en cuestiones lingüísticas y expresivas y que los hombres son mejores en las ciencias duras. Y que por esa razón debería estimularse por separado sus puntos fuertes. Otro de los argumentos es que la escuela “single sex” permite un mejor desarrollo socio-afectivo, porque los chicos se hacen más amigos de los sujetos de su mismo sexo.

“La afirmación carece de sentido. Es cierto que durante cierta etapa del crecimiento los chicos se hacen más amigos de otros de su mismo sexo, pero eso no justifica la separación. Lo mismo sucede en grados mixtos y no obstaculiza la tarea, por el contrario, la enriquece, porque aprenden a convivir con otros a los que no sienten tan cercanos”, responde Gvirtz.

Las experiencias provienen de diferentes partes del mundo desarrollado: Inglaterra, Estados Unidos, España, Francia, por citar algunos casos. De la lectura de los trabajos de campo, surgen algunos datos que podrían poner en jaque las conclusiones que proporcionan. Por ejemplo: en el trabajo de Spielhofer y otros (2002) –realizado en Inglaterra bajo el título “Impacto de la escuela y de la educación diferenciada en el rendimiento”–, se señala que “para maximizar el rendimiento de la escuela secundaria las escuelas deben ser (...) de enseñanza diferenciada”. Y de inmediato se aclara que “es posible que esto pueda ser explicado por factores que no hemos podido incluir en el análisis (como la raza o el apoyo familiar)”; también que “no se exploró el impacto de otros factores importantes, como el desarrollo social, que son dignos de consideración”. Es decir, se deja afuera del estudio las otras variables que pueden dar cuenta de la diferencia entre niños y niñas. Graciela Morgade, directora de la carrera de Ciencias de la Educación de la UBA, sostiene que en esos países “es tradición comparar los rendimientos de varones y mujeres en diferentes materias”, pero que “los estudios también marcaron que la brecha en ese rendimiento viene cerrándose, lo cual mostraría que no se trata de cuestiones ‘naturales’ sino más bien culturales”. Y Laguzzi advierte que “debemos estar alerta para no naturalizar como diferencia aquello que obedece a las desigualdades de género”.

En Internet puede seguirse este debate en diferentes páginas. Por ejemplo, en el sitio
www.zenit.org, perteneciente a la Iglesia Católica, el cura John Flynn dice que “las investigaciones muestran que incluso a muy temprana edad los chicos tienden a ser mejores en matemáticas y en ciencias, y las chicas en lectura y arte”. En www.diferenciada.org, perteneciente a una ONG internacional –que según Gvirtz “surge de grupos conservadores que pretenden volver a una sociedad tradicionalista”–, recopila artículos periodísticos, investigaciones, datos y documentos en los cuales se verifica que la igualdad entre géneros se garantiza con la educación por separado.
Parece haber una gran distancia entre lo que ocurre aquí y en los países desarrollados. Laguzzi la atribuye a que “en nuestro país, hay una historia en sentido contrario, la experiencia de la coeducación tiene más de un siglo. Sarmiento hablaba de coeducación, y es como una ‘ideología’, a diferencia de otros sistemas cuyas historias presentan particularidades bien distintas. Es el caso de Inglaterra, por ejemplo, donde la educación de las mujeres en circuitos separados fue muy fuerte desde el inicio con todo el peso del puritanismo y el protestantismo”.

La Argentina va contra la marea que comienza a subir en el exterior y quizás está bien que así sea. Parece más inteligente aprender a convivir y enriquecerse con las diferencias y problemas que plantee (sean culturales, de género o religión), que buscar argumentos para vivir cada vez más entre iguales y sabiendo que si se mira de reojo el otro es diferente.

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