jueves, 20 de mayo de 2010

TRAGEDIA LATENTE


En la Ciudad hay medio millón de personas que viven entre cartones, chapas y nylon. Críticas, reclamos e indiferencia oficial ante el drama. Por qué se podría repetir la tragedia.


Por Tomás Eliaschev

Los vecinos de La Boca no pueden salir de la sensación de espanto e impotencia que dejó el incendio del sábado 10 de enero. Seis hermanitos muertos, nueve familias en la calle y un barrio conmocionado es el saldo del fuego que, esa madrugada, se apoderó de la esquina de Almirante Brown y Suárez. La desgracia abrió el debate sobre la gravísima situación habitacional que atraviesa la ciudad más rica del país: medio millón de porteños no tienen ni pueden acceder a una vivienda digna. Las familias afectadas ocupaban un edificio abandonado –donde antes había un banco– que tomaron y parcelaron, precariamente, con cartones, chapas y nylon. “Lo que pasó desnuda la verdadera cara del modelo de ciudad que plantea Macri”, se indignó Lito Borello, referente del Comedor Los Pibes, uno de los movimientos sociales con más historia en La Boca. Sus palabras son apenas una muestra de las críticas que surgieron de diversos sectores y que el gobierno porteño no respondió, a pesar de reiterados llamados de esta redacción.

“Esta es la política de gobierno: el objetivo que tienen es desalojar al sujeto social no deseado a 40 o 50 kilómetros de la Capital o, en su defecto, al cementerio. Este hecho podría haber pasado antes o dentro del mes. No es el primer lugar ni el único en que se vive en estas condiciones”, alertó Borello en conversación con Veintitrés. Uno de los locales de su organización, donde funcionan proyectos productivos y educativos, queda a sólo veinte metros del edificio que se incendió.

El presidente de la Comisión de Vivienda de la Legislatura, Facundo Di Filippo, de la Coalición Cívica, coincide con Borello sobre la intensión del macrismo de no dar respuestas al drama habitacional: “Hay muchos ejemplos de que el gobierno porteño intenta que quienes tienen problemas de vivienda se vayan de la ciudad. Macri tiene un prejuicio de clase muy grande: considera que las personas están en esa situación porque quieren. Los considera usurpadores, o sea delincuentes que cometen un delito, y no víctimas de la pobreza crónica, lo que realmente son. Opina como si fuera Doña Rosa, pero debería tener más cuidado, es el Jefe de Gobierno de la Ciudad”.

Los chicos que perdieron la vida son Celeste y Belén, de 1 y 4 años respectivamente, y cuatro varones de 7, 9, 11 y 13 (Jesús, Ezequiel, Emanuel y David). Sobrevivió Jazmín, de 2 años, y sus padres, Celia y Juan José Bocanegra, quienes –destrozados por la desgracia– se fueron a la casa de unos familiares en la Isla Maciel, del otro lado del Riachuelo. Los cuatro chicos Bocanegra en edad escolar concurrían al apoyo escolar que se brinda en el Comedor Los Pibes y que está a cargo de la maestra Ángeles Larca de Posse. “Iban a la Escuela 14, tenían una asistencia súper regular, tanto a la escuela como al apoyo. Eran muy responsables, muy respetuosos, con ganas de aprender y de crecer. La familia estaba muy comprometida con la educación de los chicos”, cuenta al borde de las lágrimas.

Ni bien se declaró el fuego, los integrantes del comedor y de otras organizaciones, asistieron a los vecinos. “Los bomberos aparecieron 40 minutos después del aviso, en un barrio de tradición de incendios, con el cuartel de bomberos de la Policía Federal a 300 metros y otro a 800 metros. Es muy difícil entender por qué llegaron primero los policías. Es una desidia estructural. A estos pibes los mató la pobreza”, se lamentó Borello.

Di Filippo explicó que “el primer problema es que no se sabe cuánta gente hay en emergencia habitacional”. Según los cálculos del legislador, “en la Ciudad hay medio millón de personas con problemas de vivienda, sumando a los que viven en villas, asentamientos, casas tomadas, inquilinatos, hoteles, conventillos y en situación de calle. Estas cifras deberían ser producidas por el Estado”, sentenció.

Pese a los reiterados llamados realizados por esta revista a distintas dependencias del gobierno macrista, fue imposible conseguir una respuesta oficial a los interrogantes planteados. Como una brasa caliente, los voceros de los funcionarios se pasaron el tema de un área a otra y evitaron aclarar la posición oficial ante el drama de La Boca y la problemática habitacional. Ninguno de los consultados respondió a Veintitrés.

Las familias afectadas por el incendio recibieron, en cambio, el apoyo irrestricto del comedor al que concurrían, donde se organizó una campaña de donaciones para asistirlas. “Ahora el tema es de conocimiento público y ya se instaló en la sociedad. Esperemos que las nueve familias obtengan algún subsidio, porque después del incendio quedaron en situación de calle”, alertó el militante social.

Para Borello, lo que sucedió tiene que ver con “una decisión política” del gobierno porteño. “Macri es un genuino exponente de paladar negro de su clase social. No se está equivocando, es lo que elige y decide hacer. Esto no fue una tragedia, fue un crimen, es a lo que conduce su modelo: a la muerte de los pobres. ¿Cómo se recompone una familia que de siete hijos perdió seis?”, se preguntó.

Los sobrevivientes de las otras familias fueron distribuidos en hoteles, pero todavía tienen fresco el recuerdo del incendio. “Esto no puede quedar así. Ojalá que no nos dejen tirados en la calle. No pedimos nada regalado, si nos dan un plan de vivienda queremos pagarla”, reclama José González, un albañil de 22 años que hace changas. “Yo era el único que estaba afuera. Los policías no se metían. Las puertas estaban cerradas, las abrimos nosotros y los pibes del barrio”, denuncia, aún algo nervioso por esa experiencia.

A su lado, Javier Gómez, de 32 años, que vivía en el ex banco con su señora embarazada y sus cuatro hijos, cuenta que era el único despierto cuando comenzó el incendio. “Fue un cortocircuito. Yo estaba despierto mirando televisión y escuche la explosión. Salí, empecé a gritar y a patear las puertas. Cuando vi que explotaba todo, golpeé en lo de los Bocanegra pero se venía todo el humo y atiné a buscar a mi familia, los saqué por la ventana, los tiraba para abajo y los que estaban afuera los atajaban”, rememora.

El hombre, además, planteó que no quieren tomar más casas: “Estamos todos unidos. Queremos algo nuestro, es nuestro derecho tener una vivienda digna. Queremos que esto no pase nunca más”. Les aguarda una larga pelea. Al igual que miles de porteños, esperan alguna solución o, aunque sea, una oportunidad. Por ahora sólo encontraron silencio.

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