jueves, 11 de julio de 2013

HAITI SOBREVIVE ENTRE LAS PESTES Y LAS OCUPACIONES MILITARES

Entrevista a Gonzalo Basile. Presidente de médicos Argentina.

Por  Graciela Pérez       
      
El 12 de enero de 2010, un sismo en Haití ocasionó más de 250 mil muertes, 300 mil heridos y más de 1,3 millones de personas desplazadas y sin techo. Gonzalo Basile, presidente de Médicos del Mundo Argentina, trabaja hace tres años en el país caribeño para mejorar el acceso a la salud y en el combate contra la epidemia de cólera. La colaboración Sur-Sur y la desmilitarización para la autodeterminación del pueblo haitiano son cruciales.

–¿En qué situación se encuentra Haití?
–El país no tiene un sistema sociosanitario que permita conocer el impacto. Recién en 2012 se sacó al grueso de la gente que vivía en los campamentos. Estamos hablando de un millón de personas en tiendas o plazas públicas que contaban sólo con la logística de agencias humanitarias. Una situación muy precaria por la falta de acceso al agua potable, por el hacinamiento y la falta de higiene. Visiblemente, la mayoría de los campamentos ya no están, pero esa gente no se fue a viviendas estables. En las zonas rurales se construyeron casas de madera para emergencias habitacionales y, en la costa de Leogane, los pescadores artesanales consiguieron un financiamiento para reconstruir cincuenta viviendas de material. Tuvo mucho que ver la capacidad organizativa de esa sociedad.

–¿Cómo fueron las primeras horas después del terremoto?
–La ayuda humanitaria llegó enseguida. Pero, ante un escenario de miles de heridos, se efectuaron cirugías extremas erróneas. Aproximadamente el 10% de la población sufrió mala praxis. El impacto del sismo fue en el oeste de Haití, en la comunidad rural de Leogane, en Petit Goave y Jacmel. Pero el golpe más fuerte se dio en Puerto Príncipe, su capital, donde viven más de tres millones de habitantes. Una ciudad con una organización muy caótica e inequitativa, con un austero sistema de viviendas, cloacas y agua potable. La mortalidad fue alta y el daño en la infraestructura muy severo. Haití ya venía de una inestabilidad política y social muy grande. El sismo no hizo más que visibilizar las dificultades que ya tenía el país. En la misma época en que Haití tuvo un terremoto de 7.1 en la escala de Richter y 300 mil muertos, en Chile hubo un sismo de 8 puntos con 500 muertos y en Japón uno de 7.3 con un solo fallecimiento. Los impactos ambientales son diferentes en cuanto a las condiciones de vida.

–¿Qué pasa con los programas de reconstrucción?
–Recién el año pasado se levantaron los escombros. Se han desarrollado algunas estrategias de vivienda y se está comenzando a reconstruir cierta institucionalidad pública. Eso permite trazar lineamientos. Los problemas estructurales que potenció el sismo todavía no han sido resueltos. El 60% de la población vive hacinada, sin agua potable. El 50% de la gente en las zonas urbanas no cuenta con agua segura y el porcentaje se eleva al 90% en las zonas rurales. Esa precariedad potencia casos de malaria, leptospirosis, dengue. A fines de 2010 comenzó una epidemia de cólera, pero el inicio no es en zona de terremoto, sino en el norte del país, en Mirebalais. La epidemia se propagó por toda la isla en 12 semanas. Hay registrados más de 7.900 muertos y más de 600 mil personas pasaron por la enfermedad. Haití tiene una crisis epidemiológica. La mortalidad infantil y la materna son las más altas del continente. Prevalecen las muertes de VIH-sida, tuberculosis, fiebre tifoidea, malaria. En América latina, el 90% de los chicos está vacunado. En Haití no llegan al 60%. La Organización Panamericana de la Salud, con el apoyo de Médicos del Mundo y otras ONG, están trabajando en el tema, pero sigue habiendo muchas enfermedades.

–¿Cuán difícil es acceder a un plato de comida?
–Lamentablemente, la ex colonia francesa es afectada todos los años por huracanes. Isaac y Sandy generaron muertos, evacuados y destrucción de cosechas en zonas rurales. Una de las prioridades es la seguridad alimentaria porque pueden existir serios problemas de nutrición. Malnutrición sufre más del 40% de la población. Tenemos claro que la talla y peso de los chicos va a estar por debajo de lo requerido. Se suma la violencia de género que es muy grave y el aborto seguro y legal no está garantizado. El 70% de la salud está en manos de privados y menos del 20% son públicos. No se garantiza una cobertura del derecho a la salud.

–¿De qué manera están colaborando los países latinoamericanos?
–Brasil junto a Cuba están trabajando en un sistema de información epidemiológico que pueda elaborar estrategias de prevención y promoción. Venezuela ha financiado un proceso de reconstrucción y más de diez centros integrales de atención primaria de la salud. Nosotros trabajamos con Unasur en un proyecto financiado por Argentina para evitar el cólera y otras enfermedades endémicas. Ecuador comienza ahora con el Programa Espejo para detectar discapacidades. El desafío para este año es consolidar un trabajo en conjunto con todas las organizaciones. La nación haitiana ha sufrido diferentes intervenciones militares y sin duda se abren una serie de interrogantes en términos geopolíticos. Vemos que la cooperación Sur-Sur puede hacer un aporte muy importante para fortalecer las capacidades de Haití, para que pueda gobernarse por sí mismo y deje de estar militarizado. Las imágenes del país muestran siempre gente necesitada, pero también es verdad que la capacidad de organización y participación de la sociedad son muy importantes. La primera premisa es fortalecer la institucionalidad pública, una autodeterminación del Estado. Segundo, que los agentes de salud entren al programa que está armando el Ministerio de Salud de Haití y así fortalecer la participación civil y, tercero, salir de la lógica de la tutela para entrar en una de intercambio democrático y de apoyo internacional. Haití no es un país violento, sino violentado. Nosotros no hemos tenido un solo incidente, no vemos violencia. Creemos que se construye este clima por falta de institucionalidad.
 
Fuente: Miradas al Sur

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