domingo, 28 de julio de 2013

"LA HISTORIA ES UN PATRIMONIO COLECTIVO"

Felipe Pigna presenta el volumen 5 de sus Mitos. Habla de la Revolución Libertadora, de la derecha actual y el Instituto Manuel Dorrego.

Por Florencia Canale.


Las paredes, desde el piso hasta el techo, están repletas de libros. Pareciera que no hay lugar para uno más. Así es el estudio de Felipe Pigna, en el que nos invita a conversar de su último libro, Los mitos de la historia argentina 5, texto que abarca el período de la caída de Perón a Onganía. El historiador no descansa. Con la publicación recién salida del horno, ya prepara una biografía de José de San Martín.

–Evidentemente aún le queda mucho mito por escribir.

–Sí, y me gusta tomarme mi tiempo. Estos son once años tremendos, de mucha densidad, mucha profundidad. Son años clave para la historia argentina. El fin de un ciclo, del derrocamiento de Perón hasta el inicio de lo que ellos creen que será un nuevo ciclo, la llamada Revolución Argentina. La idea de que este presidente nuevo y tan lleno de atributos, según la prensa de aquel momento, venía a unir a los argentinos. Hablamos de Onganía. Y en el medio hay un sinfín de cosas muy importantes. Una de las cuales, fundamental para entender lo que viene, es el armado de un polo de poder muy fuerte entre el sindicalismo, el aparato militar y el aparato económico. Sobre todo el entramado militar-económico es muy interesante, los militares, que desde el ’55 se proclaman nacionalistas, y en realidad colocan en los ministerios de Economía a los sectores más retardatarios. Y aplican los planes de ajuste que todos conocemos, siempre acompañados de una fuerte represión. Los conflictos internos en el peronismo, que tienen un carácter inédito: aparece una persona que se enfrenta a Perón, como Vandor. Evidentemente el hombre del peronismo más poderoso, representante del gremio más fuerte de la Argentina industrial, que era la UOM, desafiando a Perón. El operativo retorno, en el cual Vandor pone sus fichas también. Si le sale bien, es el hombre que trae a Perón; y si le sale mal, es la demostración palmaria de que hay que buscarle un reemplazante a Perón.

–Illia también es parte de la construcción mítica del presidente bueno.

–Hay una construcción que tiene una parte real. Dentro de la historia argentina, la figura del presidente bueno que nunca robó siempre cotizó en alza. Pero no en el momento, que era como el ingenuo, la tortuga. En la actualidad se lo reivindica, contraponiéndolo con la clase política actual. Lo que atraviesa todo este período es la proscripción del peronismo en todas sus formas y variantes. Y eso le va a costar caro al radicalismo, porque no se puede mantener a la mayoría proscripta.

–Y la figura de Frondizi…

–Ya su familia contiene a tres intelectuales: él, y sus hermanos Risieri y Silvio, probablemente el marxista más importante que tuvimos en la Argentina, va a darle clases de marxismo al Che a Cuba, por ejemplo. Un gran teórico que lamentablemente moría en manos de la Triple A. Y Arturo, una mente brillante, que lideraba el bloque opositor con posturas progresistas, un poco corrido a la izquierda. Es autor de un extraordinario libro, Petróleo y política, que lo escribe contra Perón, cuando este intenta un contrato con una empresa petrolera norteamericana. Una parte importante del peronismo y el radicalismo se oponen porque contrariaba el artículo 49 de la Constitución peronista, que decía que son inalienables los recursos naturales. Es un libro notable, muy antiimperialista, muy de izquierda, hablando pestes de los pools de petróleo. Todo esto le genera un halo de intelectual progresista y además él lee muy bien la realidad. Se da cuenta de que el radicalismo se va a convertir en la continuidad de la Libertadora, que Balbín es el candidato de Aramburu de las hipotéticas elecciones que va a haber, y cree que eso va a traer graves problemas. Hace el pacto con Perón y comienza a ser cada vez más opositor con la Libertadora y aparece como el candidato anti-Libertadora. De hecho lo votan los independientes, los comunistas, los socialistas, la izquierda.

–¿El peronismo qué opina?

–La cúpula sospecha. Rápidamente Frondizi va a hacer lo contrario de lo que había pactado. Después de leer mucho archivo, encuentro una reunión bastante previa de Frondizi con Alsogaray, donde dice que Frondizi le confiesa que va cambiando lo que tiene en la plataforma, particularmente en el tema petrolero. Llega al gobierno, cumple con algunas cosas como la libertad de los presos, la ley de Residencia, hay un aumento de salarios. Pero empieza a desarrollar dos temas que son totalmente opuestos a su campaña electoral: el petróleo con contratos con empresas norteamericanas de segunda línea, negociaciones bastante oscuras, muy sospechadas, y el otro punto es la ley de enseñanza libre. Le daba a la Iglesia Católica la posibilidad de dar títulos habilitantes. Imaginate que la mayoría de los frondizistas venían de la izquierda radical, los autores de la Reforma del ’18. Frondizi deberá soportar 33 golpes de Estado a lo largo de cuatro años. En esos intentos, lo que se hace es imponerle cosas. Así entra Alsogaray al gabinete de Economía, para hacer todo lo contrario a lo que planteaba Frondizi. Viene a volver los relojes para atrás: la renta agraria, la renta financiera, dejar de lado la industria.

–Lo que quedó del desarrollismo y de la UCeDé están juntos ahora en el Pro.

–Bueno, puede verse el final triste de Frondizi antes de morir. Con su libro homenaje a las Fuerzas Armadas. Termina reivindicando a los militares, reniega de la Semana Trágica, reniega de la Patagonia. Y otra cosa que me parece fundamental de este período, muy poco estudiado, es la llegada a nuestro país de los asesores franceses, que venían de la lucha de Argelia e Indochina y generan acá un know how represivo muy importante. Van a ser profesores en la Escuela Superior de Guerra, enseñando los métodos de tortura, de desaparición de personas. Y advierten que el partido peligroso era el peronismo, porque se podía infiltrar la izquierda.

–Hablas de las dos Argentinas, el mito del país dividido.

–Es un llamado de atención en el sentido de la lectura de la historia en manos de los liberales, que sigue estando. La historia hegemónica que se estudia en las universidades plantea que es el peronismo el que divide a la sociedad argentina en dos, partiendo de una falacia que establece que antes del peronismo el país era armónico.

–Se olvidaron de los unitarios y federales.

–Y las sangrientas huelgas de la Semana Trágica, por ejemplo. La violencia comienza con la injusticia. Nos han metido en la cabeza que la injusticia es la reacción de los oprimidos, cuando en realidad la primera violencia es la opresión. A un tipo que no le das de comer, que le pagás con bonos, que no dejás educar a sus hijos, que los chicos empiezan a trabajar en la zafra a los cinco años, ¿eso qué es? Violencia. Lo que ocurre con el peronismo es que empieza a equilibrar las cosas y resulta intolerable para una parte importante del poder. Ahí sí queda el país como fragmentado. En realidad es un sinceramiento de lo que estaba ocurriendo. El país queda dividido a partir del ’55. Los que gobiernan dicen “vos no existís” a partir de un decreto. Era como el apartheid, echaron a 90 mil delegados de fábricas.

–Pareciera que la tensión continúa.

–La derecha argentina es una derecha incivilizada; una derecha salvaje que no tiene costumbres democráticas, y lo hemos visto recientemente con lo que pasó en el Borda. Actúan de esa manera y desearían actuar mucho peor. Como los caceroleros, que no quieren mediación. En los reclamos, en vez de decir “juicio y castigo”, dicen “muerte”, o “renuncie ya”, sin pasar previamente por un juicio político. No creen en las instituciones. Hablo de la metodología de la derecha, sobre todo de la derecha inorgánica. Porque evidentemente el Pro no le da contención a esta gente. O Carrió, como el extremo de la derecha, de la locura, la insanía. Y del otro lado aparece Macri, que es una persona que no podría ser votada jamás porque no ha hecho nada en la ciudad más que bicisendas y arruinar hospitales y escuelas. Pero se lo vota y se lo sigue en cuanto a ser el hombre más cuestionador. Incluso sus acciones van dirigidas a ese electorado que quiere mano dura. Esa derecha no ha cambiado demasiado, no ha aprendido ni tiene intenciones de aprender. Sus componentes son autoritarios por naturaleza. Desconfían del voto popular, nunca han llegado al poder por el voto popular. Los llamados liberales argentinos son los principales protagonistas de las dictaduras. Un liberal es un tipo que repudia las dictaduras, las persecuciones, la falta de libertad de prensa. Incluso de lo económico, esperando y viviendo de la prebendas de un Estado al que dicen que no intervenga. Odian el subsidio a la maternidad pero que no les toquen los subsidios a la empresa. Un doble discurso muy berreta, pero muy sostenido por los medios hegemónicos.

–¿Y seguirá habiendo mitos por escribir?

–Seguirá habiendo. Y el que sigue será extremadamente picante, del ’66 al ’76. Un período muy importante para mí.

–¿Cuál es su opinión sobre el nuevo Instituto de Historia?

–Creo que en historia, cuanto más institutos y más conformaciones haya, mejor. Cuanta más gente trabajando en historia, mejor. El discurso único, como el de José Luis Romero, está completamente devaluado. Ha perdido el rumbo totalmente. No sé qué pensaría su padre si regresara de la tumba. Es una mirada absolutamente antipopular; y la otra pretende ampliar el foco, de la que nadie habla, de las mujeres, de la cuestión de género. Todas esas cosas que la academia deja de lado. Períodos enteros que la academia no quiere abordar como el movimiento obrero, la Semana Trágica, la Semana Roja, anarquismo, socialismo. Hay que entender que la historia es un patrimonio social colectivo.

Fuente: Revista Veintitrés.

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