lunes, 8 de julio de 2013

LOS PIBES Y LOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD

Hace años que Marina Mapelli, secretaria general de Suteba Vicente López, comparte su interés por la defensa de los derechos humanos con Adriana Taboada, del Centro de Estudios sobre Genocidio de la Universidad de Tres de Febrero y la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
 
Por  Gabriela Esquivada
 
Entre sus preocupaciones comunes, como la de instalar en la comunidad el tema de los juicios por lesa humanidad, encontró un camino original cuando comenzó la causa por Campo de Mayo: llevar a los chicos del secundario a las audiencias.
Con la autorización de las inspecciones regionales, realizaron el trámite trabajoso del paseo-lección. Cuando lo propusieron a los chicos, algunos se interesaron y otros fueron porque al menos era una salida… Pero en los tribunales todo cambió: “Se iban adelante, no se querían sentar al fondo. Cuando una de las chicas le preguntó a su profesora ‘¿Podemos volver?’, supimos que todo saldría bien”, dijo Taboada a Miradas al Sur. Las palabras de los chicos se publicaron, junto con otros textos que aquí se reproducen, en el libro no comercializable Yo fui a los juicios con mi profe.
En un seminario previo de formación para docentes se advirtió que muchos –y, sobre todo, los inspectores de carrera– habían incorporado representaciones sobre la dictadura como la teoría de los dos demonios y las palabras “guerra” o “historia completa”. Al ver esa matriz, dijo Taboada, “nos sirvió empezar a transferir formación e información, nuevos conceptos más globalizadores”. El seminario, aunque breve, permitió que los interesados siguieran sus búsquedas. Al salir de los juicios, en la reflexión con los educadores, muchos hablaron de su ignorancia y su falta de formación teórica en algunos temas. “Eso es lo que también está desaparecido –apuntó la psicóloga, también integrante del coro Quiero Retruco (ver nota cultura)–. Una de las docentes nos dijo: ‘Formo parte de una generación anestesiada’”.
Las visitas permitieron que los chicos vieran la dictadura, el terrorismo de Estado, la impunidad y la memoria como asuntos que no empiezan y terminan cada 24 de marzo. “Es importante no sólo porque se trata de los delitos más graves de nuestra cultura, sino porque así el joven puede apropiarse del derecho de estar ahí, tomar contacto con la historia y formarse su propia idea”, agregó Taboada, quien ahora quiere continuar el proyecto en Zárate y Campana. Pero topa con las dificultades del transporte para los secundarios: “Estamos presentando presupuestos y cumpliendo requisitos para pedir ayuda a los municipios y a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que nos ayudó con la experiencia anterior”.
 
Fuente: Miradas al Sur.

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