martes, 9 de julio de 2013

REPERCUSIONES DEL PAPADO EN LA REGION

Por  Modesto Guerrero, Eduardo J. Vior , Nicolás Rojas Schrerer.
 
 
La descatolización del chavismo
Modesto Guerrero. Sur en América latina.
 
Uno de los chistes que circuló en Caracas al día siguiente de la fumata que develó a Bergoglio como el nuevo Papa, dice que ni bien Chávez se enteró, se reunió con Dios y le pidió que convenciera al Consejo Cardenalicio para que fuera un latinoamericano, y si no lo hacía, volvería a la tierra, iría de nuevo a las Naciones Unidas y diría que también el cielo huele a azufre.
El día que la Iglesia estrenaba Papa, el pueblo chavista estaba a medio camino de su duelo por el líder ido. Las filas de gente rojo-rojita seguían siendo kilométricas y el sentimiento se mantenía henchido de dolor y convicciones políticas. La convicción más importante, en ese cruce de emociones, fue la que declaró la mayoría de los entrevistados por los cronistas enviados a Caracas: “Todos somos Chávez”, una mezcla singular de empoderamiento popular imaginario, exaltado anímicamente para que el sujeto-líder tenga continuidad como pueblo-sujeto.
En ese ambiente, no hubo manera de evitar que el acontecimiento del mundo católico se convirtiera en un hecho político para el pueblo chavista.
Los medios opositores hicieron lo posible para que la novedad de Roma opacara un duelo tan cargado de ideología. De la noche a la mañana, los tiempos dedicados a noticiar de la muerte del presidente, cambiaron por las imágenes del Papa argentino.
No existe una medición de la repercusión del nuevo papado en Venezuela, pero de la consulta a cuadros políticos de las organizaciones de masas del país (los mejores termómetros del chavismo), mas las expresiones periodísticas, se puede inferir que la fumata blanca no logró superar al duelo nacional por la muerte de Hugo Chávez, salvo en algunos sectores del chavismo y en la población opositora.
En la capa más politizada de la población chavista, sostienen líderes sociales del chavismo consultados para esta nota, simplemente la noticia no pasó de ser una noticia más, excepto por el hecho de que se trataba de un argentino, lo que motivó el segundo chiste caraqueño de esos días: “¿Y como hará Bergoglio para ser Papa y ser cristianamente humilde?”.
En otras capas del chavismo, la imagen del nuevo jefe de la Iglesia católica se cruzó con el luto por el presidente, sin poder diferenciar cuál pesaba más en sus mentes cansadas de tanto acontecimiento sorpresivo.
Para comprender el fenómeno, debemos recordar que la población chavista tiene muy fresca en su memoria, el protagonismo de la cúpula católica venezolana en el golpe de Estado del 11 de abril, y en todos los demás actos contra el gobierno bolivariano.
Ese hecho se combinó con otro dato social previo al chavismo: desde inicios de la década de los ’80, el catolicismo venezolano más institucional decreció a favor del evangelismo, el adventismo, el protestantismo y una decena de cultos no oficiales. Entre ellos, destaca el de los Babalao de mestizaje afro-hispano-caribeño. En la ciudad industrial y militar de Maracay, por ejemplo, en 1985 existían 128 seguidores de ese culto pagano. En 2009 se contaban 2.320, según me contó Oscar Gutiérrez, uno de sus sacerdotes actuales.
El evangelismo, y el protestantismo en segundo término, crecieron ambos, desde 1 millón de seguidores en 1978, a un poco más de 5 millones en 2012, con 12 mil templos, señala el registro de la agencia AVN, de Venezuela.
Hugo Chávez, sin proponérselo, se convirtió en un dinamizador de ese proceso de descatolización relativa en la población venezolana. Con su cristianismo plebeyo, tercermundista y de clase (“Creo en el Cristo de los pobres…”, solía decir, “…no en el de los ricos”), logró atraer a más de 1.200.000 votos de evangélicos, que desde 2002 decidieron comulgar con el chavismo, además de aportar una red de organizaciones cooperativas y de consejos, que administran una parte de las empresas expropiadas. Es común ver en los hoteles estatales o empresas estatizadas a grupos evangélicos como los cuadros gestores del control y administración obrera de esas empresas. Mientras G. Bush fue presidente, los pastores lo denunciaban como “El diablo imperialista”.
Nadie puede asegurar si Chávez convenció a Dios de poner en Roma a un Papa latinoamericano (no faltará chavista convencido que lo crea); tratándose del personaje que incendió con azufre la ONU, es probable que Dios lo haya pensado dos veces.
 
“El Papa es argentino pero Dios es brasileño”
Eduardo J. Vior. Sur en América latina.
 
Con esa chicana que se titula esta nota fue que respondió la presidente Dilma Rousseff a la provocación de un periodista argentino al salir de la audiencia que tuvo con el Papa en la mañana del miércoles 20. El chiste debía poner a nuestro país a la altura que la óptica brasileña le da: aliado indispensable, pero menor. En los medios brasileños la asunción del nuevo Papa sólo importó, en tanto el Pontífice confirmó que del 23 al 28 de julio próximos estará en la Jornada Mundial de la Juventud a celebrarse en Río de Janeiro y esbozó la posibilidad de visitar después el santuario paulista de Nuestra Señora de la Aparecida. El Papa regaló a Dilma el mismo libro con las conclusiones de la Conferencia de la Aparecida de 2007 reiterando los principios de la Doctrina Social de la Iglesia que ya había obsequiado a la Presidenta Cristina el día anterior.
“El Papa es extremadamente carismático y tiene compromiso con los pobres, lo que torna la relación con Brasil muy importante, porque el gobierno brasileño viene, en los últimos diez años, a partir de Lula, poniendo el foco en la cuestión de la superación de la pobreza”, dijo Dilma después de su reunión con el Papa en el Vaticano. Inmediatamente, el Planalto sacó ventaja de la buena sintonía entre el Papa y la Presidenta. Después de asistir a la misa inaugural y de reunirse con el Papa en el Vaticano, Dilma Rousseff reafirmó su voluntad de que Francisco vaya a Brasilia en julio, extendiendo su gira a Río de Janeiro.
“Dilma cree en la cooperación con la Iglesia para combatir la pobreza”, tituló la estatal Agencia Brasil. El pasado jueves 21, el ministro Gilberto Carvalho (Secretario General de la Presidencia) dijo que Dilma apuesta a una cooperación más efectiva del gobierno federal con la Iglesia Católica para combatir la miseria. “La Presidenta se quedó muy impresionada por la disposición del Papa a apoyar programas relativos al combate a la pobreza. Ella cree en la posibilidad de una cooperación efectiva del gobierno con la Iglesia en la cuestión de los pobres”, dijo Carvalho. No obstante todavía no hay ningún proyecto o plan en ese sentido.
Carvalho tuvo la oportunidad de decir al Papa que es amigo del cardenal brasileño Claudio Hummes, quien inspiró al nuevo jefe de la Iglesia Católica a elegir el nombre de Francisco. “Es un tipazo”, dijo el Papa al ministro. Carvalho declaró además que Dilma “se quedó encantada” con la misa inaugural del Papa y hasta canturreó los cantos gregorianos. Ex-seminarista y principal articulador de las relaciones del gobierno con la Iglesia Católica, Carvalho contó que ayudó a la presidenta a comprender el latín usado durante la ceremonia.
Con este giro, la conducción del gobierno contrarrestó la actitud de los medios dominantes que trataron la elección del nuevo Papa como una sensación: primer latinoamericano, primer jesuita, primer argentino, pero luego relegaron la noticia a lugares secundarios de sus primeras planas. Al mismo tiempo, el gobierno brasileño salió a marcar la cancha al previsible uso de la Doctrina Social de la Iglesia Católica contra los procesos reformistas en América del Sur. Aunque la mayoría de la población brasileña (75%) se sigue proclamando católica, muy pocos están activos y el peso político del catolicismo ha disminuido mucho. A esto se suman en Brasil la fuerza de las iglesias evangélicas (15% de la población proclama militantemente su adhesión a ellas) y de la masonería (hegemónica en la Justicia y con fuerte presencia en los medios, la política, las fuerzas armadas y algunas profesiones liberales).
Con un 79% de aprobación en las encuestas, la presidenta Dilma Rousseff quiere que el apostolado entre los pobres al que aspira el nuevo Papa no le haga competencia y que la Jornada Mundial de la Juventud sea un éxito turístico. La tradicional cordialidad brasileña debe, como siempre, apartar todo conflicto de la agenda política. Será el práctico trascurrir de la relación con el Vaticano lo que decidirá sobre la manera en que el país con más católicos en el mundo trate a Francisco.
 
Chile y su historia de contradicciones
Nicolás Rojas Schrerer. Sur en América latina
 
Hablar del catolicismo en Chile es desentrañar un mundo lleno de contradicciones. Por un lado, la Iglesia Católica, de enorme raigambre popular, pasa por los mismos problemas que el resto de la Iglesia mundial: casos de acoso y abuso sexual a menores, corrupción, complicidad con dictaduras militares en el cono sur, entre otros. Pero contrariamente a esto, el catolicismo chileno ha tenido ejemplos de lucha y vocación por el pueblo, tanto desde las más altas esferas de la institución como desde las villas.
En la oscura época de la dictadura militar presidida por Pinochet, Monseñor Raúl Silva Henríquez (1907-1999), Arzobispo de Santiago hasta 1983, salesiano y de acción reformadora en la Iglesia Católica chilena, creó la Vicaría de la Solidaridad (1976-1992), institución eclesial que prestó gran ayuda jurídica, social, laboral y organizativa al pueblo chileno acosado por la dictadura. Prestó ayuda jurídica mediante recursos de amparo para detenidos-desaparecidos, al mismo tiempo que sirvió a torturados, desempleados, familiares de detenidos desaparecidos, entre otros. Por sus pasillos pasaron hombres como Cristian Precht y Sergio Valech, quienes desempeñaron el máximo cargo de la institución en plena dictadura.
En la actualidad, Cristian Precht, el encargado de la organización en la visita de Juan Pablo II a Chile y condecorado Héroe de la Paz San Alberto Hurtado por sus trabajos pro derechos humanos, se encuentra suspendido de ejercer el sacerdocio público por cinco años debido a acusaciones de abuso sexual. Acusaciones confirmadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe y que serán apeladas por su defensor, el cura Raúl Hasbun.
Raúl Hasbun nos lleva a lo más conservador y reaccionario de la Iglesia Católica en Latinoamérica. Aquella Iglesia que apoyó férreamente a las dictaduras militares inspiradas en la doctrina de la seguridad nacional. Y es que el defensor de Precht se ha desempeñado como figura publico-televisiva desde la dictadura. Ha apoyado a Pinochet en televisión, al mismo tiempo que reivindica al ya fallecido nazi chileno-alemán Paul Schäfer, líder de una colonia que durante la dictadura mantuvo presos políticos y armamento. En esta comunidad, conocida como Colonia Dignidad, operó la DINA en la tortura y desaparición a detenidos políticos, al mismo tiempo que se mantenía a sus colonos en un estado de esclavitud. Amnistía Internacional denunció casos de abuso sexual y pedofilia cometidos por Schäfer y algunos jerarcas del enclave. El ex nazi alemán fue capturado en 2005 en Argentina, siendo extraditado a Chile donde se le acusó de la violación a 25 menores durante sus años como líder de Colonia Dignidad.
En las antípodas de Hasbun encontramos las figuras de André Jarlan y Pierre Dubais, sacerdotes franceses que impartieron su vocación por los pobres en la mítica población La Victoria de Santiago. Ambos nacidos en Francia, su cercanía con los movimientos obreros católicos como Acción Católica Obrera (Jarlan) y Movimiento Obrero de Acción Católica (Dubais) los llevaron a luchar contra la dictadura desde las zonas más desprotegidas de la capital. André Jarlan llega a Chile en 1982 a una parroquia de la población. En un confuso incidente, mientras se hacían allanamientos y se apresaban a opositores del régimen de Pinochet, una bala atravesó los muros de su parroquia, impactándole en el cuello y dándole muerte. En la actualidad, el día de su muerte se recuerda con homenajes por el gran trabajo realizado por un mártir de la lucha contra la dictadura. Dubais permaneció en la combativa y organizada población La Victoria hasta el día de su muerte, el 28 de noviembre de 2012.
El nombramiento de Jorge Bergoglio como sumo pontífice de la Iglesia Católica y su recepción en el país debe ser visto en Chile a la luz de esta larga historia de contradicciones. En un momento en el que la Iglesia Católica juega sus cartas para una esperada renovación que le haga avanzar en su alicaída misión evangelizadora, Chile se ha visto convulsionado por un renovado movimiento popular en el que el rol de sacerdotes tercermundistas y pertenecientes a la teología de la liberación como Jarlan y Dubois son un recuerdo de lucha y organización. Dirigentes populares, barriales y de base herederos de estas luchas han tomado con calma la designación de Bergoglio al frente de la Iglesia. No así los medios de comunicación, que han exaltado hasta el hastío cada detalle de su nombramiento y su paso por Chile en la década de 1950, donde estudió e hizo parte de su formación jesuita en la comuna de San Bernardo.
 
Fuente: Miradas al Sur

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