martes, 16 de julio de 2013

"UNO SIEMPRE ES EL MISMO"

Germán Daffunchio, líder de Las Pelotas. El vínculo con la naturaleza, los desafíos y la fórmula del rock eterno.
 
Por Bruno Lazzaro
 
 
En la tele pasan tenis en uno de esos televisores que hacen que la vida parezca real. Germán Daffunchio prende un cigarrillo y lo apaga a la acción siguiente. Su sonrisa de tres cuartos perfil denota cómo sus pensamientos comienzan a entreverar las cartas de la ironía y la sensibilidad, antes de someterse a un juego de preguntas y respuestas donde el cantante y guitarrista demuestra sentirse cómodo debido a su buen andar con la palabra. Su amiga y coequiper compositiva de Las Pelotas, la bajista Gabriela Martínez, entra y saluda al paso con su cuota de alegría diaria bien dispuesta. El silencio sopla en una de esas habitaciones ideada por los tres chanchitos para combatir por última vez la fuerza pulmonar del famoso lobo feroz. Pero nada cae. Y es que en el último material de la banda, todo flota. “Es un viaje interno. Un disco profundo que no es lo mismo que místico”, afirma Daffunchio, desde su faceta seria, sobre Cerca de las nubes, un trabajo craneado y nacido en Los Ángeles, el estudio –situado a mil metros sobre el nivel del mar– que el conjunto tiene en Nono, Córdoba. “Hay días en los que estamos adentro de las nubes. Pero tranquilamente el disco se podría haber llamado seis metros bajo tierra. Tenemos material para todos los casos”, agrega Daffunchio entre risas de gran calibre.

–¿Cómo siente el disco a la distancia?
–Tenemos la certeza de que hicimos todo lo que pudimos. Es un disco muy interno, que tiene un crédito muy importante en la composición. La mayoría de los temas los hicimos espontáneamente y fue algo maravilloso. Estábamos muy enfocados hacia dónde queríamos ir, lo logramos y es una satisfacción porque la música es nuestra pasión.

–Una de las cosas que más llama la atención de este trabajo es la cuota de existencialismo. La pregunta ante todo, ¿ya pasó el tiempo de decir?
–Me parece más interesante preguntar que decir lo que uno siente, porque atrás de la pregunta que vos hacés está la pregunta que se hace el tipo que escucha. Este disco está enfocado. El último tema dice “Que sea”, bajo el entendimiento de que una verdadera revolución nace primero con uno mismo y con lo que uno toma del sistema y con cuánto de lo que se critica se es cómplice.

–¿Y se lo consulta?
–Todo el tiempo. Porque uno cree que la vida es más larga de lo que es. Y quizá te pasaste toda la vida mirando a Tinelli; y eso es trágico. Que tu motivación pase por ahí, es terrible. Estás anestesiado y esa sensación es muy grande. Quizás es el fin de una trampa del sistema que viene de hace décadas: terminar con los pueblos anestesiados. Porque no sólo pasa en este país.

–En “Cuántas cosas”, el tema que abre el disco, dicen: “Cómo me gustaría frenar el tiempo en el preciso instante que sos feliz”. ¿Cuán a menudo consigue congelar esos momentos?
–A veces. Pero es por eso que el ser humano busca la eternidad. Para poder vivir más durante esos pequeños momentos. La primera vez que vi respirar a un árbol, que lo sentí, me quedó claro que no debía olvidar ese momento. Y eso que planté cientos de árboles y tengo una relación hermosa. Incluso los abrazo.

–¿Cómo hace para ver respirar a un árbol?
–Es que el rock trae sus efectos (risas).

–¿Qué valor tiene la palabra en el universo de Las Pelotas?
–Hay un estado maravilloso y es algo difícil de explicar. Tenemos mucha química. Pero el momento creativo es sólo un instante. Y a veces las cosas se generan a las dos y media de la mañana sin saber que eso iba a pasar. Tengo la certeza de que si algo no gusta me lo van a decir. Pero tenemos muchas coincidencias en la banda. Nunca me gustaron los tipos que escriben y hablan de sí mismos. Esos que a los 16 se tomaron una cosa y después afanaron un quiosco y después apareció Tito…

–“Uno no es el centro”, como dicen en “Eso que pasó”.
–Claro. Es muy fácil ponerse en el lugar de predicador, entonces prefiero generar la imagen para la pregunta. La naturaleza es lo único que me equilibra. El viento, una ola de cinco metros, la lluvia pegándote en la cara. Son cosas que te aproximan a la vida. Pero las familias se van de vacaciones y los chicos hablan entre ellos con las tablets. Son visiones personales, pero justamente todo esto es el contenido del disco.

–Cuando empezaron –este año cumplen 25 años como banda– su público eran congéneres. Hoy el rock tiene una cuota adolescente aún mayor. ¿Esa distancia modifica en algo el mensaje?
–No te podés olvidar lo que es tener veinte años. Me acuerdo de mí. La tecnología avanza, pero las esencias humanas son las mismas desde siempre. Y con el tiempo uno descubre que hay muchas canciones que transformaron vidas. Y no porque uno sea alguien especial, sino porque con una palabra activaste algo. En cualquier momento.

–¿Cuándo era adolescente se veía pasado los cincuenta arriba de un escenario?
–Siendo adolescente no me imaginaba que iba a sobrevivir. Pensaba que nunca iba a llegar el otro día. Estaban esos operativos militares en los que si te encontraban con una boina en el bolsillo, te mataban. Y lo vivía así.

–Después de tantos años, ¿cómo se renueva el desafío?
–Creer que uno es diferentes personas a medida que pasa el tiempo es una locura. Uno siempre es el mismo. Las cosas que te rompieron las bolas, te siguen rompiendo las bolas. Y lo que te gusta, sigue ahí. La poesía es siempre renovable. La realidad es una gran fuente de inspiración.

–¿Y las ganas son las mismas?
–Sí, porque es algo terapéutico que sirve para descargar todo eso que pasa. Eso sí, en diez años me veo más abajo que arriba. Arriba sólo puede ser si es que estoy dentro de las nubes. No tengo dudas que de Las Pelotas van a ir al paraíso. Hicimos todo lo que había que hacer y somos buenas personas.

Luego de la muerte de Luca Prodan en 1987, Sumo se disolvió y sus integrantes fueron a parar a Divididos y Las Pelotas. Mientras que los primeros se volcaron al rock en formato de power trío, los segundos continuaron con cierta esencia de su banda original. En ese contexto, el reggae fue clave. Sin embargo, en este último material, el conjunto dejó de lado el género jamaiquino. “No quisimos hacer reggae, porque los reggaes de Las Pelotas son muy característicos. Y en un momento apareció este fenómeno en el que todas las bandas suenan a algo similar y no queríamos estar dentro de un círculo. Fue una decisión. Otra búsqueda”, dice Daffunchio, quien afirma que la gran mayoría de los temas de Las Pelotas siguen siendo actuales. “Podemos sacar del arca cualquier cosa y es gratificante no tener que recurrir a esos famosos dos temas, como les pasa a famosos grupos”.

Tras cinco discos de estudio, en 2003 la banda alcanzó una popularidad hasta entonces esquiva con la salida de Esperando el milagro y su corte “Será”. Ante la consulta sobre si aquel milagro sucedió, Daffunchio responde que “esperar que eso suceda es una actitud. Para mí el inconsciente de todo el mundo es estar esperando la llegada de un salvador”.

–¿Y qué es un salvador?
–Que te den todo gratis y no labures no parece fácil. La gente quiere que todo esté mejor, pero qué hace para que eso pase. Si en tu plaza te rompen el orto, esperar que cambie algo es terrible. Estamos hasta las bolas. Y no hablo del gobierno de turno. Esto empezó en los ’60 y se profundizó con los milicos y con Menem. Todo es consecuencia de un gran plan. Y la gente sigue creyendo en candidatos cuya gran virtud es pagarles a las empresas para que pasen sus propagandas. No es serio.

–¿Qué es lo que cree que va a suceder?
–Espero que venga un meteorito o que baje una nave espacial y aparezca un rey barbudo que diga que se acabó todo. Que de ahora en adelante haya que decirle que sí al rey Tut. El resto, simplemente no lo sé.
 
Fuente: Revista Veintitrés.

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