lunes, 21 de junio de 2010

BUEN TRABAJO


Los cartoneros de El Ceibo, los textiles de La Alameda y la radio La Milagrosa fueron reconocidos internacionalmente como experiencias productivas dignas. Cómo hicieron para salir del pozo.


Por Bruno Lazzaro

No tuvieron miedo. Irguieron el pecho y emprendieron un largo y sinuoso sendero hacia la dignidad. Como Quijotes en la oscuridad, aunque no desafiaron molinos de viento: se chocaron con la realidad y no bajaron los brazos, no se cansaron ni se dejaron convencer. Y cuando por fin lograron sus primeros objetivos, fueron por más. Entendieron que las piedras sólo eran parte del camino. Se cayeron, se levantaron y siguieron.

Son trabajadores incansables. Generadores de pasiones. Hombres y mujeres dispuestos a todo por defender valores inquebrantables. Excluidos que se la jugaron por pertenecer y que lo logaron. Al frente de un grupo de trabajadores incansables, Cristina Lescano, de El Ceibo; Gustavo Vera, de La Alameda, y Juan Ramón Núñez, de la radio La Milagrosa, dejaron todo en el camino hasta llegar a ser reconocidos a nivel mundial. Y todavía van por más.

A Cristina Lescano le encantaría vivir en el campo. Dice que esa idea le trae una sensación de paz. Y que la ronda familiar de mate le alcanza como sinónimo de alegría personal. Pero también aclara que todavía no hay tiempo para los anhelos. Que para eso falta. Porque a Cristina no hay gallo que la despierte, ni luna que le encandile los sueños. Cuando a las tres y media de la mañana el despertador la pone en órbita, Cristina comienza a girar. A dar vueltas alrededor de ese mundo que ella misma ideó y que hoy le devuelve la más cálida de las sonrisas.

Cristina es coordinadora –y una de las fundadoras– de El Ceibo, una cooperativa de cartoneros que nació hace trece años desde la necesidad y que en poco tiempo se instaló como una alternativa socioambiental en la ciudad. Un trabajo que los llevó a ser galardonados hace unas semanas en Marruecos, en un concurso internacional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para proyectos sociales exitosos. “El premio nos llenó de alegría, pero también de tristeza: todos los seleccionados estaban acompañados por una comitiva de funcionarios de sus países. Yo fui sola. De todos modos, fue un orgullo enorme”, asegura.

Los orígenes de El Ceibo se remontan a 1997, cuando Cristina se unió a un grupo de compañeros con los que cirujeaba para terminar con el sistema de trabajo que los llevaba a levantar cartones con lluvia, de noche y sin alternativas a la vista. Para colmo, la ley no los acompañaba y los tildaba de delincuentes. “Nos preguntábamos de quién era la basura y nos respondían que del gobierno, que no la podíamos tocar, hasta que nos dimos cuenta que no, que era de aquellos que la generaban, de los vecinos.”

Con la buena nueva, los trabajadores de El Ceibo comenzaron a recolectar, separar, reciclar y comercializar los residuos sólidos de la ciudad. En la actualidad, la cooperativa –cuya base está en Paraguay 4742, Palermo– está integrada por setenta personas divididas entre los encargados de pasar a retirar la basura separada por los vecinos (y empresas como Google y Hewlett Packard) y aquellos que trabajan en el galpón de Retiro donde se compactan en cubos los residuos para ser vendidos.

Pese a ser un servicio para la ciudad, El Ceibo no recibe ningún tipo de aporte del gobierno municipal (ni de la Nación). Sus trabajadores ganan un sueldo de entre 1.200 y 2.500 pesos mensuales –según la producción y las variables de mercado– de lo que ellos mismos generan. Según Cristina, por semana, El Ceibo procesa 60 toneladas de basura. El equivalente a 16 mil pesos semanales. La mayoría de sus integrantes son menores de 20 años y mayores de 65 provenientes de los sectores más pobres del conurbano. “Después de tantos años de experiencia, trato de concientizar a la gente que trabaja con nosotros de que somos especialistas en residuos”, asegura Lescano.

Los logros de El Ceibo están a la vista: de excluidos pasaron a ser trabajadores dignos. “Hoy peleamos pliegos, leyes –cuenta–. La gente se siente parte porque tiene un trabajo. Antes nos escondíamos, tocábamos los timbres de los vecinos con miedo. Hoy tenemos una logística que nos permite no esconder lo que hacemos. Lo más importante es que los chicos aprendan una metodología de laburo y que tengan su sueldo y que los vecinos tomen conciencia sobre la separación de los residuos que es una manera de ayudar al planeta. Gracias a El Ceibo somos muchos los que hoy podemos planificar nuestras vidas. Nuestros objetivos son claros: ya le ganamos al sistema y lo vamos a seguir haciendo hasta donde podamos.”

“Somos un símbolo de transparencia, de consecuencia y coherencia. Un valor agregado”, afirma Gustavo Vera, presidente de La Alameda. La cooperativa –ubicada en Olivera y Directorio, en el barrio de Parque Avellaneda– cerró la semana pasada un convenio con Dignity Returns (“La dignidad regresa”), una cooperativa fundada en Bangkok a raíz del cierre de una fábrica de indumentaria en 2003. La alianza significa el lanzamiento de una marca global como símbolo abierto en la lucha contra el trabajo forzoso, una pelea que pese a las distancias culturales llevan adelante las dos entidades desde hace varios años. El emprendimiento que, a nivel local, cuenta con el apoyo de la Fundación Avina –que brindó 25 mil pesos– consistirá en la fabricación de miles de remeras bajo la marca No Chains, “Sin cadenas”.

“No es un emprendimiento armado con fines comerciales –afirma Vera–. Aspiramos a que se sostenga económicamente, pero sabemos que cada uno va a tener que seguir trabajando con sus clientes. Sin embargo, No Chains puede ser el punto de unidad entre cooperativas de distintas partes del mundo: una forma de socializar la experiencia adquirida.”

La Alameda nació con la crisis de 2001. Luego del estallido social del 20 de diciembre. En sus comienzos, se erigió como un comedor comunitario en el que doscientas personas se alimentaban a diario. Producto de la gran cantidad de gente que se acercaba, los integrantes de La Alameda se fueron interiorizando sobre las distintas problemáticas de los asistentes y se encontraron con personas explotadas en talleres clandestinos de la zona. La organización empezó a escrachar y a denunciar a talleres clandestinos y empresas textiles por trabajo infantil.

La creación de la fundación, hace tres años, disparó una gran cantidad de denuncias. Según Vera, hay iniciadas 140 causas, la gran mayoría contra marcas de ropa y megarredes de trata con fines de explotación sexual. “Producto de la acción de La Alameda, se rescató a cien mujeres. Hoy podemos afirmar que los niveles de información que manejamos sobre crimen organizado no los tiene nadie. Nos da mucha satisfacción confirmar que a partir de pasiones se puede transformar la realidad. Somos más de 150 personas que sabemos que vamos a sobrevivir ante el paso del tiempo y de los gobiernos. Felices y convencidos de lo logrado”, asegura Vera.

En la actualidad, La Alameda tiene su propio taller textil que le permite solventarse. Además, brinda cursos de apoyo escolar, cerámica, serigrafía y tango, entre otros, y tiene un servicio de abogados que asesora gratuitamente a las víctimas de trabajo forzoso y esclavo.

Juan Ramón Núñez tiene 35 años, ocho hijos y una gran historia para contarles a sus nietos. El año pasado fue reconocido como el “Emprendedor del año” de la Argentina por crear la FM La Milagrosa. En noviembre viajó a Inglaterra para recibir, de manos del príncipe Carlos, el premio otorgado por Youth Business International, una entidad que premia a los jóvenes que dejan atrás sus problemas para cumplir sus objetivos sociales.

La radio, que funciona en Ciudad Oculta, se encuentra a pocas cuadras de donde Juan recolectaba cartones a diario para alimentar a su familia. Gracias a su emprendimiento The Light of Sound (“La luz del sonido”), un servicio de sonido e iluminación para eventos, logró generar una oportunidad de trabajo entre las personas con pocos recursos. Parte de las ganancias la destinó a su trabajo en la radio, con el que a la vez recauda fondos, y a conseguir tratamiento médico para los niños pobres. En el 2009 pasado, su empresa facturó 45 mil pesos y las perspectivas para este año son elevar la cifra un cien por ciento.

“Cumplí el sueño de mi vida –dice Juan–. Después de tanto sufrimiento es todo un logro. Pero no es mío, también es de mi familia y de los vecinos. Mi viejo murió cuando tenía un año, pasé por una familia sustituta y a los 23 perdí a mi mujer. Fue todo muy doloroso. Todavía sigo sintiendo una alegría inmensa por el reconocimiento. Cuando miro para atrás, veo que el camino no fue fácil, pero nadie me quita la alegría de haber llegado hasta acá.”

Cristina, Juan Ramón y Gustavo. Tres protagonistas de una historia de pasiones. Emblemas de una lucha que podría ser material para una película. El poder de la dignidad en su máxima expresión.



Claves de cada proyecto


- Sin apoyo del gobierno, pero con la colaboración de los vecinos y el apoyo de empresas como Google y Hewlett Packard, El Ceibo procesa 60 toneladas semanales de basura y creó 70 puestos de trabajo.

- The Light of Sound, un servicio de sonido e iluminación para eventos, le permite a Juan Ramón Núñez recaudar fondos para personas de bajos recursos.

- La Alameda se sostiene en base a una agenda abierta de contactos y redes para expandirse tanto a nivel nacional como internacional. Acaba de cerrar un convenio laboral con una cooperativa de Tailandia.

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