viernes, 11 de junio de 2010

"QUE PERSIGAN LA OBRA, OFENDE LA DIGNIDAD HUMANA"


A lo largo del 2008, el Movimiento los Chicos del Pueblo ha sufrido una serie de ataques que fueron desde un golpe comando a la imprenta hasta llegar al secuestro de algunos de sus integrantes. A una de ellas la dejaron a las puertas de un cementerio, narcotizada.


Por Horacio Aranda Gamboa

Hace más de veinte años monseñor Jorge Novak le dio impulso a un movimiento que buscaba desterrar el hambre en los más pequeños. Con el correr del tiempo la organización echó raíces y se volvió una causa digna que era necesario hacer propia. Un día, la carita de un niño con su mirada triste e ingenua colgada desde un afiche nos vino a recordar que “el hambre es un crimen”, y desde entonces comenzaron las amenazas y los secuestros de parte de sus militantes. Alberto Morlachetti, uno de los máximos referentes del movimiento, y tras reconocer que los ataques han generado miedo, intenta encontrar una respuesta a algo que parece inexplicable.

– ¿Cómo nació el Movimiento los Chicos del Pueblo?
–Nació en 1987 de la mano del obispo Jorge Novak, que me convocó para ser su asesor para temas de infancia. El vio la necesidad de juntar distintas obras para trabajar sobre cuestiones que hacen a nuestros niños más pobres. Ahí fuimos juntando pequeñas obras, una de las primeras fue la de Carlos Cajade, un sacerdote de La Plata, muerto tempranamente, que marcó un rumbo en la Argentina. Luego se fue desarrollando con distintas luchas, como contra el gatillo fácil, por detenciones arbitrarias, contra la Ley de Patronato, hasta que empezamos a instaurar las marchas nacionales. Primero hubo pequeñas marchas en localidades más cercanas hasta llegar a los tiempos actuales en donde decimos que el hambre es un crimen, porque siendo evitable no se lo hace.

– ¿Quiénes integran el movimiento?
–Son un conjunto de obras en las que atendemos a quinientos niños por día a través de hogares, comedores, emprendimientos productivos hechos por jóvenes, casas del niño, jardines maternales; un sinfín de expresiones de atención a la niñez y a la juventud, y estamos en casi todo el país, excepto dos o tres provincias. Tenemos un criterio selectivo, los unimos por valores como éste de que el hambre es un crimen. Hacemos una selección rigurosa de obras en reuniones plenarias y las que integran el movimiento son las que suscriben estos valores.

– ¿Cree, al menos como hipótesis , que esta endemia se puede erradicar en el país?
–Recuerdo hace poquito que nuestra presidenta decía en Italia, en la FAO, que nuestro país puede alimentar a 300 millones de habitantes, y de ahí deviene inevitable preguntarse si se puede alimentar a esa cantidad de personas en el mundo, por qué no podemos alimentar a 4, 5 o 6 millones de pibes que están rayando en la indigencia. Eso es lo que constituye que el hambre sea un delito, un crimen. Esto lo decimos enfáticamente.

–¿Por qué cree que este lema ha calado tan hondo, al punto de generar aceptación y este tipo de agresiones?
–Pelota de Trapo es una obra conocida aquí y en el exterior y tiene la coordinación nacional del movimiento. Su prédica, como la de las demás obras, ha sido tan fuerte que nuestra campaña parece que afectó a ciertos sectores, y tenemos una serie de hechos como secuestros, atentados que realmente nos ponen en una situación muy difícil porque siembra miedo, estamos asediados por el terror y lo que estos grupos de tareas están haciendo no le hace bien a nuestro movimiento; tampoco a los niños de este país, porque la voz del movimiento es clara, transparente, en el sentido de que no proviene de ningún sector que intente desestabilizar o que sea oficialista, es una voz que toma partido por el niño, por el hombre, por lo que decía José Martí, “dígase hombre y dígase todos los derechos”, eso es el movimiento.

–¿Tienen idea de dónde provienen estos ataques?
–La verdad que no, es un gran misterio. A mí me genera algunos interrogantes la actitud del gobierno provincial, que nos recibió en sus más altas expresiones, gobernador, ministros, pero que no dio respuesta a nada, y la ausencia del Gobierno nacional. Esto a pesar de tomar estado público, es casi un escándalo nacional. El ministro Aníbal Fernández que fue contactado por Víctor De Gennaro, Hugo Yasky y varias personas más; dijo que iba a venir el miércoles pasado pero luego anunció que no podía concurrir a la obra. Estos atentados se hubiesen podido evitar poniendo la fuerza a disposición que tiene Fernández, un vehículo de Gendarmería a un lado y otro en otro y se acabó el problema.

–¿Realizan alguna actividad que pueda estar molestando a algún sector en particular?
–Primero atacaron la imprenta de Pelota de Trapo con un grupo comando; luego fueron al hogar Juan XXIII de la orden Don Orione, luego fue la Red Encuentro, que es la más grande que tiene el movimiento, con diecinueve centros en cuatro municipios, con miles y miles de niños y cientos de educadores, y que en las marchas nacionales ponían 15 o 20 mil personas; ahí cundió el pánico, por supuesto. Una educadora fue secuestrada dos veces y la última la dejaron frente al cementerio de la Chacarita, narcotizada. Ahí la encontraron nuestros compañeros, un cuadro patético.

–En un país donde el campo pide subsidios y donde hay gente que se muere de hambre, ¿el crear conciencia puede ser visto como algo malo?
–Creo que “el hambre es un crimen” fue la consigna que más prendió en los últimos tiempos en la Argentina. Es como que se expande rápidamente. Lo que hicimos este año en Rosario fue el prelanzamiento de la marcha y esperábamos 100 o 150 personas, y vinieron cuatro mil. Cuando vinimos e hicimos el acto en la iglesia de la Santa Cruz fue multitudinario, desconocido para nosotros que estamos acostumbrados a tener poca gente. Así nos fue sucediendo en distintos lugares y en todas partes hemos visto que el hambre ha ido tallando el rostro de los niños; miradas vacías, vejeces prematuras, cientos de chicos a la intemperie. El hambre creo que es el mayor icono del capitalismo, sería algo natural, e inevitablemente luchando contra eso estamos tocando la distribución de la riqueza, y creo que a cierta gente le molesta.

–¿Evaluaron la posibilidad de que en los ataques hayan participado grupos vinculados a la dictadura militar o a fuerzas de seguridad?
–No sé si son residuos de grupos de tareas de aquella época, pero sí que son los hijos de aquella época que reproducen la misma metodología. El secuestro, por ejemplo, que instala el terror, el golpe interno bien puesto, creo que son metodologías de otros tiempos que llevadas a la actualidad dejan miedo, nosotros tenemos miedo, lo digo sin ningún empacho. En lugar de estar cuidándonos, que es su primer deber, y a pesar de haberlos alertado muchas veces, el Estado no lo hace, y hay que pensar el porqué de este déficit, él porqué de la omisión y no tengo respuestas.

–Ustedes denunciaron que el Alto Comisionado de Naciones Unidas hizo un pedido de informes al Gobierno nacional y que la Secretaría de Derechos Humanos dijo tomar nota de lo sucedido después de ello. ¿Cree que los derechos sociales no están en la agenda política?
–A mí me consta por funcionarios del Gobierno actual que sabían perfectamente lo que sucedía. La Secretaría de Derechos Humanos también estaba enterada ¿Por qué Duhalde no actuó? No lo sé, habría que preguntárselo, porque esa omisión me preocupa. Nos están protegiendo los compañeros trabajadores y estoy orgulloso de eso, pero es el Estado el que tiene que estar acá, entonces ahí sí los responsabilizo, porque si llega a pasar algo más de lo que está ocurriendo el primer responsable es el Gobierno nacional, y el segundo el provincial.

–Usted mencionó recién que hay miedo, ¿cómo sigue esto?

–No lo sé, trataremos de volver a nuestra vida normal esperando que esta gente que nos asedia deje de hacerlo, si no es imposible. Nuestros servicios deben seguir, porque ¿dónde van los chicos que tenemos? Tenemos quinientos niños por día y no les podemos dejar de dar de comer o abrazarlos. No me arrepiento de todo lo que hemos hecho, ha sido todo muy bello. Luego de la dictadura no pensé repetir ciertos actos o levantar consignas como que el hambre es un crimen, que hoy la levanta Naciones Unidas o los mejores intelectuales del mundo, por eso ofende a la dignidad humana que aquí se nos persiga por ello.

“LOS VAMOS A IR A BUSCAR Y SE SABRÁN SUS NOMBRES”

Morlachetti dice estar enojado con lo que está sucediendo, advierte que el joven secuestrado en el Hogar Juan XXIII quedó con uno de sus riñones comprometidos por los golpes, y que Viviana, la joven secuestrada dos veces y narcotizada padece de secuelas psíquicas, y en referencia al Gobierno nacional se pregunta “¿no podrían ofrecernos al menos la atención médica o psicológica?”, y con amargura se termina respondiendo solo, “somos como dos prójimos que se llaman en vano”.

Advierte que los secuestros generaron terror y pánico entre los militantes y entre las organizaciones que adhieren a la campaña nacional “El hambre es un crimen”: “Es difícil que una organización resista tantos ataques, nos quieren fragmentar y a lo mejor lo van a lograr”, pero advierte que aunque pasen cinco o diez años, junto a “mis hijos de sangre y los de la vida los vamos a ir a buscar” y se van a saber los nombres y van a ir presos, para que no se olvide. Y para eso recuerda que “el hambre es un crimen y Pelota de Trapo no va a retroceder”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada