viernes, 11 de junio de 2010

LOS CREYENTES, ESOS CUENTAPROPISTAS DE LA RELIGIÓN


La mayoría cree en Dios, pero pocos comparten los dictados religiosos. Un estudio del Conicet y cinco universidades sistematizó la relación de los argentinos con las religiones. Seis de cada diez practicantes son evangélicos. Los números de cada credo.


Por Mariana Carbajal

Nueve de cada diez argentinos cree en Dios, pero las tres cuartas partes concurren “poco o nunca” a los lugares de culto y prefiere rezar en su casa, sin intermediarios, y vivir la religión por su cuenta. Aunque el 76 por ciento de la población se declara católico (¡casi un cuarto no lo es!), una amplia mayoría rechaza los preceptos morales impuestos desde el Vaticano: más de seis de cada 10 está a favor de la despenalización del aborto en algunas circunstancias (violación, malformación fetal, peligro para la salud o vida de la madre); 9 de cada 10 quiere que el Gobierno promueva el uso de preservativos para prevenir la infección del VIH; 9 de cada 10 está “muy de acuerdo” con que se brinde educación sexual en los colegios y 8 de cada 10 con que se hable en las aulas de “todos” los anticonceptivos. La mayoría también piensa que una persona puede usar algún método contraceptivo y seguir siendo “un buen creyente” y considera como “una experiencia positiva” las relaciones prematrimoniales. La sociedad argentina al mismo tiempo le exige a la Iglesia Católica un mayor compromiso con los pobres y con la defensa de los derechos humanos. El estudio le pone números además al avance evangélico en el país: del 24 por ciento de la población que se declara practicante de una religión, el 60 por ciento pertenece a ese credo. Casi un tercio de la población alguna vez fue a un curandero. Los datos surgen de la Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, realizada en el país a través de un trabajo articulado entre cuatro universidades nacionales.


Los resultados del estudio se presentaron ayer en la Cancillería por el equipo de investigación que dirigió Fortunato Mallimaci desde el Area Sociedad, Cultura y Religión, del Ceil-Piette del Conicet. “Me impresiona la cantidad de gente que se declara indiferente a la religión”, comentó el investigador a Página/12 (ver aparte). El relevamiento, realizado entre 2403 personas mayores de 18 años a nivel nacional, encontró que el 76 por ciento de la población del país se define como católico, el 9 por ciento como evangélico y un 11,3 por ciento manifiesta ser ateo, agnóstico o no tener ninguna religión: el resto se divide entre el 1,2 por ciento de Testigos de Jehová, el 0,9 por ciento, mormones y el 1,2 por ciento, otras religiones.


Es la primera vez que se hace una encuesta de este alcance para indagar sobre las adscripciones, creencias y prácticas religiosas en Argentina. El trabajo se realizó con el apoyo de las universidades nacionales de Buenos Aires, Santiago del Estero, Cuyo y Rosario. Las preguntas fueron formuladas entre enero y febrero de 2008.


Nueve de cada 10 encuestados se describieron como creyentes. “Prevalece una cultura cristiana de largo espesor histórico que se expresa en las principales creencias de los argentinos”, señala el estudio. El ranking de creencias lo encabeza Jesucristo, con un 91 por ciento de adhesiones, lo sigue el Espíritu Santo (84,4 por ciento), la Virgen (80 por ciento), los ángeles (78 por ciento), los santos (76 por ciento), la energía (64,5 por ciento) y, por último, los curanderos (39 por ciento).


La región del país más católica es el NOA: ahí, 9 de cada 10 encuestados dijeron ser católicos. En el Area Metropolitana vive la mayor cantidad de “indiferentes” a la religión: así se definió casi el 20 por ciento de los entrevistados. Más de la mitad de quienes actualmente son evangélicos afirman no haber cambiado de religión a lo largo de su vida: siempre fueron evangélicos. La mayoría de los conversos asegura haber adherido anteriormente al catolicismo en un 62,5 por ciento y al evangelismo, en un 25,5 por ciento.


El bautismo es el rito de ingreso mayoritariamente practicado. Está bautizado el 95 por ciento de la población: en el NOA ese porcentaje trepa un poco más aún, hasta casi el 99 por ciento. Pero la tasa de matrimonio religioso es “significativamente” menor. Ante la pregunta: ¿Se casará o se casó por iglesia o templo?, un 23 por ciento respondió negativamente (en el sur del país, ese porcentaje aumenta al 45 por ciento).


La amplia mayoría –7 de cada 10– es partidaria de que sus hijos elijan su propia religión.


La relación con Dios es sin intermediarios. “Estamos frente a complejos procesos de desinstitucionalización religiosa y de individuación de las creencias”, apunta la investigación. Seis de cada 10 prefiere el vínculo por su propia cuenta. Apenas poco más de dos de cada 10 lo hace a través de una institución eclesial (27 por ciento de las mujeres y 18 por ciento de los varones). Tres cuartas partes de la población afirma concurrir “poco o nunca” a los lugares de culto. Sin embargo, hay un casi un cuarto de los argentinos mayores de 18 años que “participa muy frecuentemente de las ceremonias de culto” y entre ellos se destacan los evangélicos. El 60 por ciento de ellos concurre con asiduidad a los templos (ver aparte).


La mayoría de los argentinos rechaza la moral sexual que prescribe la Iglesia Católica. Es significativo que el 64 por ciento de la población encuestada (y casi el 70 por ciento de los católicos) cree que el aborto debe estar permitido en algunas circunstancias, como cuando está en peligro la salud o la vida de la mujer, cuando el embarazo es producto de una violación (a cualquier mujer y no solo a aquella que sufre una discapacidad mental), o si el feto tiene una malformación. El primer supuesto está contemplado en el inciso 1º del artículo 86 del Código Penal (aborto terapéutico), pero los otros dos son materia de controversia jurídica y para despejarla hay diversos proyectos en el Congreso que plantean la despenalización del aborto en esos casos, pero nunca ha prosperado su discusión parlamentaria por presión de la jerarquía católica sobre legisladores y el propio temor que tiene la mayoría de los políticos a impulsar el debate sobre el tema. A ese 64 por ciento debe sumarse el 14 que considera que una mujer siempre tiene derecho al aborto.


Otros hallazgos de la encuesta:


- Más de 9 de cada 10 encuestados están “muy de acuerdo” con que se brinde educación sexual en los colegios y 8 de cada 10 avalan que se les hable de “todos” los métodos anticonceptivos a los alumnos en las aulas.


- Nueve de cada diez creen que el Gobierno debe promover el uso del preservativo para prevenir la infección del VIH.


- Ocho de cada diez piensan que una persona puede utilizar anticonceptivos y seguir siendo un buen creyente.


- Para más de la mitad, las relaciones sexuales antes del matrimonio son “una experiencia positiva”. Apenas el 18 por ciento está en desacuerdo con esa afirmación.


- Casi el 60 por ciento piensa que a los curas se les debería dejar formar una familia.


El estudio, financiado por la Agencia Nacional de Promoción de Ciencia y Tecnología, encontró que persisten fuertes prejuicios en relación a la homosexualidad: un 31 por ciento cree –erróneamente– que es una enfermedad. Por otra parte, hay todavía resistencias al sacerdocio femenino: sólo el 42 por ciento “está muy de acuerdo” con esa opción, un 18 por ciento “algo de acuerdo” y en contra, el 27 por ciento.


LA INTERPRETACION DE LA ENCUESTA


Qué muestran los números



Por Mariana Carbajal

Para el investigador del Conicet Fortunato Mallimaci, el estudio brinda elementos claros para que el Estado legisle en materia de despenalización del aborto y se implementen programas de educación sexual en todos los colegios dada la amplia aceptación que esos temas tiene entre la población del país. “Encontramos un núcleo muy duro de creencia fuerte que es el que tiene mucha presencia pública y mediática y se hace dueño de la representación de la mayoría, que está en contra y sobre cuya posición se deciden políticas públicas”, señaló el director de la Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, cuyos resultados presentó ayer.


“La amplia mayoría de la población está de acuerdo en la provincia de Buenos Aires con la educación sexual, pero como un obispo dice que no, el Gobierno la frena, es una barbaridad”, objetó Mallimaci, en referencia a la presión que imprime sobre el gobierno de Daniel Scioli el purpurado de La Plata, Héctor Aguer. “Y, para peor, la oposición se junta con el arzobispo (de Buenos Aires, Jorge Bergoglio) pero no para oponerse a la salud sexual y reproductiva, sino para oponerse al Gobierno. Tenemos un problema de actores políticos partidarios que nunca consideran que es el momento de tomar distancia de la Iglesia Católica. La oposición, consciente de que su credibilidad está afectada se alía con la Iglesia para enfrentarse al Gobierno. Lo que le da poder a la Iglesia Católica es su presencia social y educativa. La gente la ve creíble porque se ocupa de los temas sociales, que el Estado no atiende”, analizó el investigador del Area de Sociedad, Cultura y Religión del Centro de Estudios Laboral (Ceil-Piette) del Conicet, desde donde se coordinó la encuesta.


–¿Qué hallazgos de la encuesta lo sorprendieron?


–El hecho de que la sociedad argentina sigue siendo una sociedad ampliamente creyente, aun cuando no crea en Dios. Pero, al mismo tiempo, me impresiona la cantidad de gente que se declara indiferente a la religión: un 11 por ciento. La enorme mayoría pertenece a los sectores más empobrecidos. Uno suponía que en esos bolsones podía encontrar más evangélicos. Otro punto es que casi un cuarto de los argentinos no son católicos y hay una enorme cantidad de gente que vive la religión por su cuenta.


–Los que están en contra de la despenalización del aborto y de la educación sexual son un grupo muy minoritario...


–Pero muchas veces ese grupo de gente es la más movilizada para exigir, es el que más presencia pública y mediática tiene y se hace dueño de la representación mayoritaria. Recuerdo en el Congreso Pedagógico que promovió el ex presidente Raúl Alfonsín. Mis hijas eran adolescentes y, como padres, muchos fuimos a las primeras, segundas, terceras, cuartas reuniones. Pero después no fuimos más. La última reunión en La Pampa estuvo copada por grupos católicos. No salió de ahí la educación religiosa obligatoria porque le cedieron otros privilegios a la Iglesia Católica.


La avanzada de los evangélicos



A pesar de que los índices de creencia son altos, los mismos no se reflejan en vinculación con las instituciones religiosas. El 61,1 por ciento de los encuestados asegura que se relaciona con Dios “por su propia cuenta”, sin mediación de Iglesias. Sólo el 23,1 por ciento reconoce su filiación institucional y entre quienes así lo hacen el 44,9% son evangélicos. Otro 4,2 por ciento se vincula con Dios a través de un “grupo o comunidad”. Quienes ubican su relación con Dios por medios institucionales son mayoritariamente mujeres (27,8 por ciento del total de los creyentes, contra el 17,8 por ciento de varones). En relación con este dato resulta también interesante señalar que el 76 por ciento de los argentinos afirma concurrir poco o nunca a los lugares de culto y entre quienes dicen que lo hacen de manera “muy frecuente” (23,8 por ciento) el 60,6% son evangélicos. Los mayores niveles de asistencia al culto se registran en el noroeste argentino (41,4 por ciento). Las principales prácticas religiosas son “rezar en casa” (78,3 por ciento) y “leer la Biblia” (42,8), seguido de la “lectura de libros o folletos religiosos” (39,4 por ciento) y la concurrencia a santuarios y la escucha de programas religiosos de radio y televisión (ambos con el 31 por ciento), según revela el estudio de Ceil/Conicet y las universidades.


LA MAYORIA PIDE QUE EL ESTADO FINANCIE A TODAS LAS RELIGIONES O A NINGUNA

Un rechazo al privilegio católico


La encuesta sobre creencias en la Argentina reveló la oposición de la población a que el Estado pague el sueldo de los obispos. De todos modos, la Iglesia Católica es la institución en el país que mayor confianza despierta.


Más del 50 por ciento de los argentinos considera que el Estado debe financiar a todas las religiones o a ninguna: el 51,4 por ciento está “muy de acuerdo” o “algo de acuerdo” en financiar a los credos, mientras casi un 60 por ciento está “en desacuerdo” con costear “sólo” a la Iglesia Católica, según los resultados de la Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, elaborada por el Ceil-Piette Conicet junto a cuatro universidades públicas.

El sondeo precisa que la amplia mayoría opina que el Gobierno debe colaborar con el trabajo social de las instituciones religiosas (75,2 por ciento), mientras un 53,6 por ciento, que debe aportar con el mantenimiento de las catedrales y templos. “Ponderan las tareas sociales que realizan y, a su vez, valoran el mantenimiento de catedrales y templos (se podría pensar que son patrimonios culturales), pero es muy baja la aceptación del financiamiento para pagar sueldos de obispos y pastores”, observó ante Página/12 Juan Cruz Esquivel, investigador del Conicet y coordinador del relevamiento.


La Iglesia Católica es la institución con mayor credibilidad. Obtuvo una valoración del 59 por ciento, seguida por los medios de comunicación, con un 58 por ciento, y las fuerzas armadas y la policía, con un 46 y 42 por ciento, respectivamente. “Hay una desconfianza generalizada en las instituciones. En este contexto, la Iglesia presenta un nivel de credibilidad relativa: más alta que el resto por la función social que realiza a través de Cáritas. En una evaluación universitaria, con esa nota no hubiera promocionado; al igual que todas las instituciones, ya que están todas debajo de siete”, evaluó Esquivel. Las entidades evangélicas obtuvieron un 39 por ciento de opiniones positivas.


La mayoría le exige a la Iglesia Católica un mayor compromiso con los pobres y con la defensa de los derechos humanos. Al mismo tiempo, sólo un 4,4 por ciento acepta que la Iglesia busque ser un canal de la protesta y lucha social e influya en las políticas del Gobierno. “No se la pondera en esos roles. Hay un reconocimiento al trabajo social que realizan las iglesias, a la católica en particular, pero queda en claro que no hay una aceptación de que la Iglesia participe en la política”, comentó Esquivel.


En esa línea, cuando a los entrevistados se los interrogó sobre cuáles son las acciones más importantes que llevan adelante las entidades religiosas, más de la mitad respondió (55,5 por ciento) “educar a los jóvenes” y “ayudar al necesitado y al que sufre”. Un 6,6 por ciento señaló “tomar posición sobre cuestiones sociales” y un 4 por ciento, “definir de manera clara lo que está bien y lo que está mal”.


Por otra parte, ocho de cada diez encuestados piensan que “se puede ser buen religioso sin ir a la iglesia o templo”, precisa el estudio. “Hay una disociación entre los postulados de las instituciones religiosas y el grado de creencias, actitudes y opiniones de los ciudadanos. Esto no implica una retirada de la religión, ya que hay una marcada creencia en la sociedad”, analizó el investigador.


En el ranking celestial de las creencias de los argentinos, Jesucristo ocupa el primer puesto (91,8 por ciento de los votos), seguido del Espíritu Santo (84,8 por ciento), la Virgen María (80,1 por ciento), los ángeles (78,2 por ciento), el patrono del pan y el trabajo San Cayetano (76,2 por ciento) y la energía (64,5 por ciento).


El relevamiento, además, detalla que para la inmensa mayoría de los entrevistados “rezar en casa (78,3 por ciento)” y “leer la Biblia (42,8 por ciento)” fueron las principales prácticas religiosas de los argentinos en el último año. Además, es llamativo que para un 31 por ciento haya sido “escuchar o ver programas religiosos en radio o televisión”. Fortunato Mallimaci, director de la encuesta e investigador del Conicet, destacó que “es alto el 10 por ciento de argentinos que misiona o predica”.


La mayoría de los argentinos (74 por ciento) no participa de ninguna organización religiosa. Y apenas un 5,8 por ciento participa en la vida de una iglesia o templo. Además, es significativo que un 60 por ciento apoya el sacedorcio de mujeres, un reclamo que provoca una fuerte reacción de rechazo en los miembros de la Iglesia Católica.


Informe: Esteban Vera.


La pluralización del campo religioso



Por Juan Marco Vaggione *

La encuesta realizada por el Ceill-Piette Conicet, además del indudable aporte académico, es una encuesta que interesa políticamente. No mide ni la intención de voto ni la legitimidad del Gobierno, pero sus resultados permiten complejizar las construcciones culturales e ideológicas sobre las que se asienta el poder de la jerarquía de la Iglesia Católica en su oposición a los derechos sexuales y reproductivos. Dicha jerarquía continúa siendo el principal obstáculo para la democratización de la sexualidad a través de su insistencia en la defensa de una moralidad única, en la cual la reproducción dentro del matrimonio es el mandato principal e inevitable.


Los resultados de esta encuesta, que van en la dirección de otras encuestas en diversos países latinoamericanos, ponen de manifiesto que el creciente pluralismo de las sociedades contemporáneas se da, también, hacia el interior del catolicismo. Si bien la jerarquía católica continúa defendiendo una concepción única y dogmática sobre la sexualidad, los y las católicas presentan un amplio abanico de opiniones que se expresan en los datos de la encuesta. Frente a una jerarquía que no deja ningún espacio moral y legal para la despenalización del aborto, un 69 por ciento de los/as católicos/as sostiene que el aborto debe estar permitido en algunas circunstancias. Frente a una jerarquía que busca boicotear la eficacia del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, la gran mayoría de los/as católicos/as sostiene que el Estado debe tener un rol activo en posibilitar el acceso universal a la anticoncepción. Frente a una jerarquía que considera la familia como el lugar legítimo para la educación sexual, un 93 por ciento de sus fieles está de acuerdo con que se imparta en los colegios.


Lo trascendente no es necesariamente que los y las católicas se alejen, en sus comportamientos y prácticas, de los principios doctrinarios. Este alejamiento no es novedoso, ya que constituye un componente del doble discurso y de la hipocresía que caracteriza nuestras sociedades y que son una barrera importante para los cambios legales: mientras se defienden públicamente los principios doctrinales de la Iglesia, de forma secreta o privada se llevan adelante prácticas que los contradicen. Lo importante es que un porcentaje importante de los creyentes articulan en sus discursos y opiniones un amalgamiento entre la identidad religiosa (en este caso católica) con una postura hacia la sexualidad más amplia y diversa. Los comportamientos privados escondidos bajo el doble discurso (y posibilitados por contar con los recursos económicos) no tienen el impacto político de los discursos de estos creyentes que piden flexibilización en relación al aborto, educación sexual en los colegios a sus niños y acceso universal a los anticonceptivos.


Por estos sectores pasa, en gran medida, el cambio social necesario para sociedades más democráticas y plurales. No será necesariamente, como lo diseñó la modernidad, la retracción de las creencias religiosas pero más bien la pluralización del campo religioso el que termine erosionando el poder de las jerarquías reaccionarias y dogmáticas.


* Investigador Conicet; coordinador del área de investigación de la organización Católicas por el Derecho a Decidir, Córdoba.

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