lunes, 21 de junio de 2010

LAS PROFECÍAS DE TATO


Las frases del humorista que describen a Cobos, el Indec, la política y los medios. Ulanovsky rescata textos inéditos escritos por el propio Bores y recuerda su obra y vida.


Por Diego Rojas

Hace catorce años moría Tato Bores. Y se lo extraña tanto. Muchísimo. La mirada lúcida del Actor Cómico de la Nación, título que adquirió por iniciativa propia pero que el público refrendó una y otra vez, hace falta en estas épocas políticas complejas. En un tiempo en el que el humor político se nutre de imitadores y la risotada simple a la que apela la troupe de Showmatch, se extrañan las intervenciones de Bores. Sin embargo, el lanzamiento de Tato, que recopila textos autobiográficos del monologuista y una investigación periodística sobre su figura realizada por Carlos Ulanovsky, permite instalar en el presente algunas de las observaciones que realizó a lo largo de su carrera. Virtud premonitoria tatística o recurrencia en el error de los argentinos. En bastardillas, algunas perlas de Tato que permiten analizar nuestra actualidad.

La verdad es que no conviene ser presidente, sino vice. Si las cosas marchan bien, el presidente anda de viaje y el vicepresidente disfruta de la vida. Ocupa el sillón presidencial, se fuma los cigarros del presidente, abre los cajones, le lee las cartas y se divierte como loco. Y si las cosas marchan mal, al presidente lo echan y el vice se queda de patrón.

Si bien podría pensarse que esta frase está dirigida con claridad hacia Julio Cleto Cobos, los textos de Tato fueron escritos en los meses anteriores a su fallecimiento en 1996. “Empezó esos diarios porque estaba sin trabajo ya que no lo contrataban y porque la confirmación del cáncer lo llevó a recluirse en su casa –explica Ulanovsky–. Alguien le dijo: ‘Es un tiempo ideal para escribir un libro’. Al principio refunfuñó y después se entusiasmó con la idea. Era así con los periodistas. Al principio te chumbaba. Te recibía preguntándote: ‘¿Para qué venís? ¿Qué me vas a preguntar? Ojo, cuidado con cómo va a salir. Y que no se te ocurra preguntarme por qué me llamo Tato...’ Y después no te largaba: te invitaba a tomar un whisky. ‘No, no te vayas, tomemos algo’.” El libro recorre la vida de Tato desde sus inicios, que fueron tempranos: “Tuvo una vida dentro del mundo del espectáculo muy extensa. Comenzó como plomo de orquesta, músico aficionado y luego se desarrolló en el teatro de revistas. En el ’47 tuvo su primer gran éxito con Igor, un niño judío muy alocado que salía en la radio. La madre no creía que él fuera Igor. Entonces él decidió llevarla. Se puso en la última fila del auditorio y miró. Pasó todo el programa. Al salir, Tato le preguntó: ‘¿Te convenciste de que al final era yo el del programa?’. ‘No’, le dijo, ‘era alguien parecido a vos pero no eras vos’. No daba a torcer el brazo nunca”.

Veinte años haciendo monólogos y pidiendo aumento para los maestros. Si no fuera por los maestros, seríamos mucho más burros de lo que somos.

Plena actualidad en el momento que los docentes neuquinos ingresan en su sexta semana de huelga. Y Tato lo sabía bien, se lamentaba por no haber terminado sus estudios y a veces, incluso, menospreciaba su propia inteligencia. Sin embargo, a pesar de un primer momento de rechazo, su familia apoyó su decisión de ser actor. Típica familia judía de la emigración, su madre se destacaba: “Era de esas idische mame hinchapelotas... –se ríe Ulanovsky–. Tato era un tipo de la noche, pero ella lo esperaba siempre despierta. Cada vez que llegaba lo obligaba a darse un baño antes de ir a la cama. La madre, cuando estaba internada al final de su vida, llegó a su habitación en la clínica y, al ver un crucifijo, le dijo a Tato en yiddish: ‘Pero cómo, ¿no era que éramos judíos nosotros?’. Tato introdujo muchos aspectos de la cultura judía al imaginario popular. Como la palabra ‘tujes’, que proviene del yiddish”. Bores siempre contó con el apoyo de su familia. “Hay mucha coherencia en su obra y trayectoria, siempre expuso los principios que el viejo defendió –cuenta Alejandro Borenzstein, hijo de Tato, productor de sus últimos ciclos y actual columnista de humor político en Clarín–. Tato tenía una capacidad especial para reciclarse y ser moderno. Mi viejo se murió a los 70 años, pero siempre fue una de las cosas más modernas que vi en la tele, a pesar de su edad. Hoy hay una cosa dramática que no es para tanto. A veces me siento a escribir y me pregunto: ‘¿Qué es esto? ¿Estamos en una guerra? ¿De qué estamos hablando? Esto es más una comedia, no es para tanto. El otro día vi a Majul diciendo cosas que no se puede creer: parecía que estaba en una guerra.”

Ya calmado, me coloqué los guantes de amianto que me pongo siempre antes de tocar los diarios, que cada mañana están que queman.

Como si el canillita le tirara ahora mismo el Clarín por debajo de la puerta y Tato leyera las acusaciones de “autoritarismo”, “corrupción” y un panorama de tragedia para el país en los títulos de tapa. La figura de Actor Cómico de la Nación es problemática porque el humor político, por lo general, no podría definirse como oficial u oficialista. “Siempre fue un cómico que satirizó a los poderes, algunas épocas más, otras menos –sostiene Ulanovsky–. Una vez, Tato pensó que, cuando Perón se quejó por la intervención de un humorista en la televisión, se refería a él. Escribió un texto en el que explica que, muchas veces, lo positivo no es gracioso. Y que por el contrario, hay cosas negativas que sí lo son. En realidad, Tato fue censurado muchas veces. Algunas veces de manera directa, otras mediante el mecanismo de dejarlo sin trabajo. Hoy existe un valor que se le da a la democracia que no existía. A pesar de que hay presiones, tensiones, aprietes y escraches; la libertad de expresión que existe es enorme. Cosa que no pasaba en la mayoría de los años en los que Tato trabajó, salvo los últimos. Yo entrevisté a la jueza Servini de Cubría, que dice que aquel famoso episodio de censura previa consistió en una operación del gobierno de Menem en la que se vio involucrada y cuyo objetivo era arrebatarle el juzgado. Dice que está muy arrepentida de haber tomado esa decisión. ¿Podría Tato estar hoy en televisión? El último humor político fue el del año pasado con las imitaciones, que era un estilo totalmente contrario al de Tato. Él ponía su cara y esa es otra de las cosas admirables. Aunque los hijos dicen que, incluso enfermo, él quería hacer un programa más chico, donde sólo estuviera el monólogo y la visita del invitado con quien iría a brindar. Lo iba a hacer en Canal 9. ‘Incluso quiero que la apertura me muestre entrando al tomógrafo’, pidió. Pero la enfermedad fue más fuerte. De todos modos, mucha gente dice: ‘¡Qué panzada se haría Tato con la situación actual!’.” “No encuentro una especie de continuidad tatesca –comenta el dibujante Rep–. Me pregunto cómo habría reaccionado ante la ida de Menem del poder, toda su payasización final. Cómo ante el 2001, ante toda la caída de la convertibilidad. El país y el mundo que dejó Tato son muy distintos, era un mundo pre Internet, pre 11 de septiembre, pre 2001. Él hubiera encontrado una mirada para relatar el mundo de hoy.”

Usted sabe muy bien que si a los chicos no les decimos la verdad, cuando crecen terminan trabajando en el Departamento de Estadísticas y Censos.

Seguramente, en ese programa Tato no hubiera dejado pasar las críticas al Indec. Los personajes que acompañaron a Bores eran reflejos de cada época. “El corrupto se arrodilló ante Luis Barrionuevo cuando fue invitado al programa, poco después que dijera: ‘En este país hay que dejar de robar por dos años’ –recuerda Ulanovsky–. Carnaghi encarnó ese personaje a la altura de las circunstancias.” “Por supuesto que se reiría de los mismos personajes, porque los escenarios son similares y los lugares los ocupan diferentes personas pero los roles pueden ser los mismos –asegura Pedro Saborido, guionista de Diego Capusotto que formó parte del equipo de guionistas de Tato–. Lo que hoy hace Aníbal Fernández antes por ahí lo hacía Corach, eso de ser el vocero que banca todos los cachetazos. Y si antes había un personaje como Jaroslavsky, ahora puede haber un personaje sacado como Luis Juez”.

Escucho los discursos de los políticos y me parece estar escuchando un disco rayado. Por eso me pregunto: ¿no será que de escuchar siempre el mismo disco los argentinos nos estamos rayando?
“Seguramente habría un humor muy relacionado con el auge de las redes sociales, la discusión por el matrimonio homosexual –especula Ulanovsky cuando piensa cómo sería el humor de Tato en estos días–. Él incorporaba las nuevas tendencias, las modas y las sumaba al programa. Era un tipo muy perceptivo. Él incorporó a Federico Peralta Ramos a su programa que, en términos de rendimiento televisivo, era un gol en contra. Pero como le gustaba, lo bancó. Lo mismo pasó con el Tata Cedrón y su cuarteto y también con Piazzolla, cuando era recontracriticado por el mundo tanguero. Recuerdo esos hallazgos extraordinarios como ‘La máquina de cortar boludos’ o ‘El inodoro justiciero’. Era un hombre de su época que se adelantaba a los tiempos que le tocaba vivir.” Como Pier Paolo Pasolini reclamaba, tal vez Tato hubiera acordado con esa máxima: “Hay que ser más moderno que todos los modernos”. Hoy se lo extraña. Su mirada ayudaría al examen del país (y nos haría reír con sus conclusiones). Sobre todo, Tato seguiría vigente porque sigue vigente una de sus frases proféticas, que funciona hoy como ayer. Y que, parece, funcionará siempre:

Ser argentino mucho tiempo seguido es muy difícil.

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