sábado, 20 de abril de 2013

EL GENERAL YA TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Entre marzo y mayo de 1970, Alcira Argumedo y Tomás Eloy Martínez llegaron a Puerta de Hierro para entrevistar a Juan Domingo Perón. El hijo del autor de Santa Evita y la actual dirigente del FAP cuentan cómo fueron aquellas charlas.
 
Por Eduardo Anguita         
      
La idea es debatir, viajar en el tiempo a esa residencia de Puerta de Hierro, en España, donde el general Juan Domingo Perón vivió casi todo su exilio y donde recibió, durante años, a mucha gente, algunos de ellos, personajes centrales de la historia nacional. Para eso, reunimos a Ezequiel Martínez, el hijo de Tomás Eloy Martínez (que entrevistó allí a Perón en marzo de 1970), y a Alcira Argumedo, que llegó hasta esa residencia dos meses después, en mayo.
–Ezequiel, ¿cómo fue la llegada de tu padre a Puerta de Hierro?
Ezequiel Martínez:
–Fueron cuatro días. Del 26 al 29 de marzo. La cita había sido para el 26 a los ocho de la mañana. Mi papá contó en algún escrito de esas horas de espera a las que Perón sometía a sus visitantes. Todo ocurrió un poco por azar, porque mi padre era corresponsal de la Editorial Abril en Europa, con sede en París, y lo llamó a Perón por teléfono un mes antes para pedirle la entrevista. Perón accede y le dice que lo espera el 26 de marzo, a las 8 de la mañana, y le pregunta de qué van a hablar. Mi papá no tenía ni idea porque todo había surgido en forma inesperada. Fue así que ante la pregunta de Perón le contestó: “Quiero que me cuente su vida, creo que ya es momento”. Fue con esa propuesta por parte de mi padre que Perón lo recibió en Puerta de Hierro. En ese momento, Perón ya estaba preparando unas memorias que le iba dictando a López Rega. López Rega iba acomodando y matizando el dictado con sus propios ingredientes. Hay una parte muy graciosa donde Perón cuenta el entierro de Mitre, que murió en 1916, y López Rega, mientras va leyendo las memorias de Perón dice que él estaba en el cortejo fúnebre con Perón, que por ese entonces tendría unos nueve años. ¡López Rega no existía cuando ocurrió el hecho! Y así un montón de anécdotas históricas. Por ejemplo, después se supo que los padres de Perón se habían casado luego de su nacimiento y del de su hermano, Tomás.
Alcira Argumedo: –Efectivamente. El caso del padre de Perón es la típica relación del hijo de la estancia de Lobos con la hija de la cocinera. La cocinera de Lobos, madre de la madre de Perón, era la mujer de uno de los guerreros mapuches. Cuando se hace la conquista del desierto, los sobrevivientes son entregados como sirvientas y peones. El abuelo de Perón era un guerrero mapuche. En esa típica relación, es la bisabuela la que se ocupa de Perón y lo hace entrar en el Colegio Militar. Pensemos en la situación… Un chico, hijo de un guerrero mapuche en el ejército de Roca. Perón siempre tuvo muy oculto todo esto porque, verdaderamente, era un elemento de discriminación.
–Le hubiera impedido ascender y llegar a los niveles que llegó. ¿Cómo fue que llegaste vos, Alcira, a Puerta de Hierro?
A.A.:
–Yo había trabajado en la universidad totalmente gratis. Al final queda una renta libre, se hace un concurso y me pagan trece sueldos, todos juntos. Mi idea fue destinar ese dinero para ir a conocer a Perón. Le llevé una carta al mayor Vicente, como una forma de abrir la puerta. Por ese entonces, junto a un grupo de gente, estábamos haciendo la experiencia de las cátedras nacionales. La idea era recuperar las tradiciones populares latinoamericanas considerándolas con la misma jerarquía que los conocimientos de Kant, Hegel… Era de una audacia tremenda. En fin, la primera entrevista fue con bastante gente. Yo llevaba algunos escritos y esa carta. Quería contarle a él directamente lo que estábamos haciendo en la universidad. En un momento, cuando López Rega se descuida, le digo a Perón: “Mi General, quiero contarle”. En ese momento, le doy la carta. Cuando Perón advierte que es una cuestión de la universidad se interesa. A partir de ahí, tuve cinco entrevistas mano a mano de más de cuatro horas cada una.
–¿Podías grabarlas?
A.A.:
–Lamentablemente, no. Lo que hacía al salir era escribir todo en las cartas que mandaba para acá. Cartas que están enterradas en un lugar que nadie, al parecer, conoce. Lo que sí hubo es una grabación que Perón mandó para la gente del barrio donde yo trabajaba. Creo que Perón me prestó atención por mi experiencia en el trabajo de base y por el trabajo en la universidad. Es interesante, porque en la primera entrevista, cuando le digo que soy de la universidad, Juanita Larrauri le dice: “General, cuidado que en la universidad hay muchos comunistas”. Entonces, Perón le contesta: “Pero Juanita, si comunistas ya no son ni los rusos”.
E.M.: –¿López Rega estaba en esos encuentros?
A.A.: –En general, no. Pero pensá que esto fue en mayo de 1970, cinco o seis días antes de lo de Aramburu. Perón me había contado que por medio de Ricardo Rojo, el amigo del Che, le había llegado la idea de negociar para que se hiciera un desplazamiento de Lanusse y que fuera Aramburu el presidente designado. Parece que Perón había contestado que ya que tenían fuerzas para un golpe militar, también las tenían para llamar a elecciones y que él, Perón, tenía que estar en la Argentina. En ese sentido, durante la quinta reunión que tengo con él, le pregunté qué pensaba sobre los grupos armados. En ese momento, apareció López Rega. Perón le dijo: “Lopecito, acá me dice la compañera que no consiguen Conducción política. Vaya y tráigame el ejemplar de Conducción política”. Y, sin decir nada más me dijo: “Yo, a usted, no le mostré mi jardín”. Con esta anécdota lo que quiero subrayar es que dejaba escuchar ciertas cosas y otras no. Al año siguiente, cuando van Pino Solanas y Octavio Gettino, le ofrecen, de parte de Julio Troxler y su grupo, hacerle la custodia. ¿Qué les responde Perón?: “Yo ya sé a quién responde este personaje. Siempre me van a controlar, por uno u otro lado. A López Rega ya le conozco las mañas. Dígales a los muchachos que les agradezco”.
–Ezequiel, volvamos sobre el trabajo de tu padre…
E. M.:
–A mi padre lo nombran corresponsal en Europa y se va unos meses. Cuando ve que eso se alargaba, hubo un plan de mudarnos toda la familia. Pasa lo de la entrevista, le ofrecen dirigir la revista Panorama, vuelve y, finalmente, nos quedamos aquí. Pero yo no, nunca estuve allá.
–Tu hermano Blas es el que tomó las cintas e hizo el trabajo que salió publicado en Encuentro.
E. M.:
–Ese material lo tenía mi padre guardado. Fueron la base de La novela de Perón. Después, Las vidas del General es un poco la trastienda de toda esa entrevista, de toda la documentación que recogió con los años y de las entrevistas que hizo a muchos testigos y familiares, maestros y compañeros de Perón. Las cintas quedaron ahí, mudándose con mi padre a través de los exilios y los países. Sin embargo, sobrevivieron. Un día mi hermano Blas, que es cineasta, le pidió a mi padre las cintas porque quería ver qué se podía hacer con ese material. La respuesta de mi padre era que ese material no servía para nada y que ya nada se podía obtener. Sin embargo, mi hermano le dijo que no importaba, que le diera el material para digitalizarlo. Con todo eso hizo un documental que se transmitió en ocho capítulos por el Canal Encuentro. Sin embargo, Blas sigue con la idea de hacer una película; pero de la visita de mi papá a Perón, donde el protagonismo va a estar focalizado en ese proceso y en esa historia.
–Cuando uno advierte que Perón tenía la sutileza de apartar a un personaje como López Rega en el momento que le convenía con pequeños mandados, es lógico imaginar la cantidad de intrigas que lo rodeaban. Había en Perón una serie de manejos metafóricos. Más aún teniendo en cuenta que era una pieza central de la vida política argentina…
A. A.:
–Además, hay que tener en cuenta dos cosas. Primero, Perón era una persona muy cálida. Cuando fui a la primera entrevista me transpiraban las manos, temblaba. Sin embargo, cuando empecé a conversar era como si estuviera hablando con un conocido de siempre. Nunca pude pegar las charlas que tuve con él en Puerta de Hierro con esa otra persona, con el Perón del balcón. Es impresionante. Él sabía que lo querían matar. No nos engañemos, debemos pensar en todo aquello que ocurría por entonces… Tenía mucha más presencia a nivel internacional de la que uno suponía en ese momento. Te cuento algunas anécdotas. Floreal Ferrara, en su libro, que es una entrevista autobiográfica, cuenta que una vez viajó a Ghana, en África, para un encuentro de medicina y lo convocó el entonces presidente y líder político de la independencia de Ghana Kwame Nkrumah, a quien después le hicieron un golpe de Estado. Era el único médico argentino que había ido. Cuando llegó, Nkrumah le pidió a Ferrara que le hablara de la Argentina y del peronismo. Ferrara, lo miró sorprendido y le dijo: “¿Pero cómo, del peronismo…?”. Y ahí nomás, Nkrumah le respondió: “Es que nosotros somos peronistas”. Hay otros ejemplos de la trascendencia de Perón. Tengo un amigo, Pedro Brienza, que era de Vanguardia Comunista, un grupo que en ese momento era marxista, maoísta, pero que estaba a la izquierda de Mao Tse Tung. La cuestión es que Brienza relata que con Roberto Cristina, al que después mataron, entrevistaron al presidente Enver Hoxha en Albania. Le cuentan que ellos son marxistas, maoístas y pro albaneses. Enver Hoxha les dice: “¿Pero cómo? En la Argentina tienen que ser peronistas”. Incluso, en la revolución islámica del ayatollah Jomeini utilizaron la misma metodología de distribución de casetes que en la resistencia peronista. En su libro sobre Perón, Norberto Galasso cuenta que, efectivamente, había una relación con el ayatollah Jomeini, quien cuando iba a París visitaba a Perón. Hay otra anécdota que me parece maravillosa. En el ’48, la universidad era un problema para Perón. Tenía dos representantes en toda la universidad, por eso impulsa con Arévalo de Guatemala, Jorge Gaitán de Colombia y el Partido Ortodoxo de Cuba, que eran sus aliados internacionales, la Federación Latinoamericana de Estudiantes. La idea era neutralizar a la Fuba, que estaba dominada por el Partido Comunista. Llegaron con tal puntería que los representantes tenían una entrevista con Jorge Gaitán. Al día siguiente lo asesinaron a Gaitán y estalló el Bogotazo. Un despiole impresionante, insurrección y demás. Los dos delegados cubanos estaban rodeados por la policía. Entonces lograron que desde la embajada argentina los fueran a rescatar con un auto y los llevaran a la embajada cubana, salvándoles la vida. En 1998, cuando la CIA desclasificó sus documentos secretos, nos enteramos, gracias al trabajo de Rogelio García Lupo, que a Fidel Castro la inteligencia estadounidense lo tenía catalogado como un dirigente estudiantil peronista de origen cubano. La sensación que tengo es que había mucha soledad en Perón. Un tipo que no vio mucho a sus padres. Que vivía con la idea de que podía ser discriminado. Su primer casamiento termina con la muerte de su esposa y sin hijos. Luego se casó con Evita, y tampoco tuvo hijos. Su vida personal era muy solitaria. Al mismo tiempo tenía todas esas redes y esa concepción especial de la conducción que suponía que al enemigo lo controlaba mejor si lo mantenía adentro del movimiento. En mi encuentro con Perón en Puerta de Hierro, le llevé materiales de la universidad y un casete que había hecho la gente del barrio. Una de esas personas, una mujer, un cuadrazo que me enseñó política, vino vestida de domingo, con las uñas hechas, la peluquería, y, ya frente al microfonito dijo: “General, como mujer, como madre y como peronista, le digo que en las 62 Organizaciones tiene que hacer una limpieza para que quede ni el dos”. Con referencia a eso, él cuando le contesta en otro casete le dice: “Yo sé quiénes son los traidores, pero siempre es preferible tener el traidor adentro porque se lo controla mejor”. Yo no coincido en esto. Creo que un traidor y una quinta columna son mortales. Pero mucho de esto era su concepción de cómo sobrevivir en el marco de una situación bastante turbulenta.
–Perón tenía que tapar hasta el origen familiar, la sangre que llevaba en las venas. Desde el comienzo tuvo que ser un gran conspirador. Ezequiel, quiero preguntar algo que tiene que ver con la relación de tu padre con Perón, porque tu padre no era peronista…
E. M.:
–No, no lo era. En su última entrevista pública, contaba el proceso de La novela de Perón. Decía que entre La novela de Perón y Santa Evita había puesto una novela de pura ficción, La mano del amo, porque tenía miedo de que lo acusaran de peronólogo o, lo que era peor, de peronista. Él admiraba, por supuesto, la figura de Perón como conductor, como el personaje histórico que fue. Es inevitable no sentirse atraído por esa figura. Habrá votado, yo calculo, en el ’73, a Cámpora, pero no era peronista.
–Cuando hizo La pasión según Trelew, un relato extraordinario, creo que ahí tiene que haber quedado muy impregnado por esa historia.
E. M.:
–Seguro. Fue en ese momento que empezó a dudar sobre la verdad que muchas veces se contaba en los medios. Había una versión oficial de lo que pasó en Trelew, que fue un enfrentamiento, cuando en realidad sabemos que fue un fusilamiento. A mi padre lo despiden por publicar que dudaba de la versión histórica que daba el gobierno de Lanusse en ese momento. Es en esas circunstancias que viajó a Trelew para investigar los hechos. A partir de ahí construye ese libro, que narra lo que fue un fusilamiento en realidad.
–Les hago una pregunta a ver si ustedes saben. ¿Quién compró el predio donde estaba Puerta de Hierro?
E.M.:
–Creo que lo fraccionaron.
–Una de las fracciones, por lo menos donde estaba la casa, en Madrid, se dice que la compró Jorge Valdano. Por eso digo que las tramas pueden llevar a que incluso se pueda grabar una película de ficción en ese lugar. Me parece que es una historia de un realismo que conviene llenarla de personajes de ficción, porque estas cosas que ustedes comentan, y muchísimas otras que se deben saber dispersas, son imprescindibles.
A. A.:
–Hay que empezar a detectar todos esos elementos…
–¿Qué pueden decir de la parte dura de Perón. Del Perón de entre los años ’73 y ’74. De esa Argentina que vivió, al mismo tiempo, la continuación de la lucha armada y la irrupción violenta de la derecha armada?
A.A.:
–Hay algo que me parece importante, y es una de las lecciones que me enseñó el General. No se puede analizar la situación argentina sin ver el marco internacional y lo que estaba sucediendo. Tenemos que tener en cuenta que en 1973 hubo un punto de inflexión a nivel internacional. Un punto de inflexión brutal. La derrota norteamericana en Vietnam, la devaluación del dólar, la crisis del petróleo y el movimiento de los no alineados planteando un nuevo orden mundial de la información y las comunicaciones, y un nuevo orden económico internacional. En ese contexto, la crisis del petróleo le da a la Unión Soviética un poder mayor por su rol de productora y exportadora. No es una casualidad que en el ’71 tuviéramos un golpe en Bolivia, en el ’72 en Uruguay, en el ’73 en Chile, en el ’75 en Perú, en el ’76 en la Argentina.
 
Fuente: Miradas al Sur

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