domingo, 7 de abril de 2013

"NO QUIERO SER UN OPINOLOGO DE LA NADA"

Coco Sily, defensor del barrio. Es el emblema del macho sobre el escenario y el coequiper de Alejandro Fantino en Animales Sueltos. Defiende el cabaret y anticipa su nueva obra teatral.
 
Por Florencia Canale
 
Coco Sily llega apurado al café frente a la radio donde todas las tardes hace su programa, Código Sily. Afligido, pide perdón por la demora. Confiesa que no es su estilo, pero un corte de luz lo dejó encerrado en su edificio. Pide un bife con puré y se acomoda para conversar.

–¿Cómo se siente con el cambio de formato de Animales Sueltos?

–Muy bien. De cualquier manera, estoy probando si me siento bien. Tengo todo el apoyo de parte de la productora, ellos me piden explícitamente que me quede, que les interesa mi participación. Alejandro (Fantino), lo mismo. Tengo una opinión como cualquier ciudadano y es lo que a ellos les interesa también. Es el rol del tipo que puede ver las cosas desde otro lugar. Ahora es netamente periodístico, y el anterior era una especie de shampoo para lavarle la cabeza a la gente antes de irse a dormir. Ese era el espíritu.

–De cualquier manera, usted tiene una opinión formada, una ideología.

–Y se me respeta enormemente. Tengo un timing con Alejandro muy particular. Después de tantos años tenemos una relación real. Sé que puedo ocupar un lugar, pero debo probarlo, ver qué pasa. El periodístico es otra cosa. No es lo mismo que las figuras que venían del Bailando. Era mucho más frívolo y uno podía jugar más desde ese lugar. Acá los monos pelan; cada uno tiene su tema y están muy informados. Yo estoy ahí medio boyando, vamos a probarlo. Es un programa que amo profundamente, soy socio fundador. Pero tampoco quiero quedarme en un lugar en el que sienta que no estoy dando nada. Eso, no robar la plata. Tampoco quiero ser un opinólogo de la nada. Yo puedo opinar siempre desde una mirada irónica del personaje del macho, de eso que inventé.

–¿Es un personaje o tiene aristas del macho?

–Por supuesto que tiene cosas mías, pero el humor se hace con los extremos, es un personaje muy extremo. Pero lo que sí puedo identificar como mío dentro de ese personaje es la condición barrial, popular. Un muchacho peronista, de barrio; eso es muy mío y del personaje. Ahí nos juntamos los dos. En cuatro años lo vieron casi 200 mil espectadores. He girado por todo el país, hice la calle Corrientes, todo el conurbano. Y te diría que 110 mil son mujeres, muchas acompañadas por su pareja. Es un espectáculo que no es ni machista ni “mataputos”.

–¿Por qué supone que tiene tanto éxito?

–Por la identificación. La gente se ríe desde que empieza hasta que termina. Hay gente que se ha golpeado la cabeza contra la butaca, de la risa. Yo diría que el cincuenta por ciento se siente identificado.

–¿En la vida cotidiana le reclaman que sea como su personaje?

–No, pero sí hay una cosa de “yo me engancho con vos por la cosa del macho”. Con las minas me pasa eso. Y con los amigos también. El compañero que te hace la segunda. Pero tengo mis secretos, mi vida. Medito hace quince años. Son todas cosas de puto para la cátedra del macho.

–Pero también es habitué de Cocodrilo…

–Yo amo el cabaret.

–¿No es un poco demodé?

–No. Yo amo el cabaret históricamente. El cabaret es la esencia del varieté, ha sido escuela de los grandes cómicos argentinos. Desde ese lugar a mí me quedó una cosa de respeto y amor. Si yo tuviese la máquina del tiempo iría a ver a Marrone al Tabarís, o a Tita Merello al cabaret. Más que la tanguería, lo mío es el cabaret. Esos cabarets que arrancaban a la una del mediodía: había un strip, un cantante melódico, un strip, un cantante de tango, un strip y un humorista. Iba y moría. Pero no a buscar minas, soy poco putañero.

–Tiene esa fama…

–Los que me conocen saben. Yo amo el cabaret por otra cosa. Incluso Fabián Casas ha escrito sobre el cabaret. He tenido noches en Salomé, sentado a la misma mesa con Rubén Juárez, Charly García, Fito Páez. Rescato la mística del cabaret. Me gusta mucho ir y encontrarme con los que quedamos de la noche de aquella época, y con los pibes que todavía les gusta la cosa del código, la cosa del respeto por la vida. Mi última mujer es una bailarina de cabaret, a quien conozco hace diez años. Una gran madre, una mujer maravillosa y una bailarina como no he visto en mi vida. Busco eso en el cabaret: la runfla de la amistad, la barra con un amigo, y el tipo que tiene calle. Yo me aburro con la gilada.

–¿Va todas las noches al cabaret?

–No, tengo cuatro hijos, soy muy padre. Si nos caemos por la barranca, llegamos a la trata de personas, que es algo que detesto y que no tiene nada que ver con el cabaret, por lo menos el que yo conozco. El de acá, el que queda, Baraj, Hella, Cocodrilo, te aseguro que allí van las chicas porque les gusta.

–¿Le gustaría volver a la actuación en la tele?

–Me encantaría. Viví una experiencia a fines del año pasado, donde me convocó Andrea Del Boca para hacer un programa y la pasé bárbaro. Pero no podría dedicarle el tiempo necesario. Me encantaría que me llamen de una tira o un unitario, con un personaje que entra y sale. Ahora voy a empezar una obra de teatro, que muy gentilmente Adrián Diwan compró los derechos. Es una obra que me gusta mucho y se llama Algunas mujeres a las que les cagué la vida.

–¿Exponer su postura política le trajo problemas?

–Me los trajo hace bastante. Yo participé de la campaña de Néstor (Kirchner), y junto a Daniel Aráoz, Teresa Parodi, Adriana Varela, el Negro Fontova, acompañamos en ese primer momento. Colaboramos conduciendo los actos, esas fiestas multitudinarias. Después vino esa acusación falsa de que ganábamos fortunas con los programas de Fontanarrosa por Canal 7, pero teníamos todo tan en blanco y tan correcto, que pudimos comprobar todo. Gané menos plata con eso que con Los Roldán. La ventaja que saqué de esto fue pedirle a Néstor que nos acompañe con la entidad que armamos después de 20 años, que cuida los derechos de imagen de los actores. Todo lo demás lo hice porque sigo creyendo y tengo mis convicciones. Más allá de que ahora se me critica por estar un poco alejado. No me corrí, sigo apostando a este modelo que es revolucionario. Pero creo que hay algunas cosas que me distanciaron. Siento que algunas cosas no están bien pero sigo apostando al modelo y a nuestra Presidenta.
 
Fuente: Revista Veintitres.

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