sábado, 20 de abril de 2013

EL SUR AFLOJA CON LA MARIHUANA

Crecen en los países de la región los proyectos legislativos que impulsan la despenalización del consumo del cannabis como respuesta a la estrategia antinarcóticos prohibicionista impulsada por los Estados Unidos.
 
Por Emiliano Guido 
            
Los gobiernos sudamericanos se están sacando la careta en el combate contra la marihuana. O, por lo menos, más formalmente, se puede decir que los Estados se han ido despojando en el último tiempo del ropaje ideológico prohibicionista que impulsa Estados Unidos como ley madre en la llamada guerra contra las drogas. A saber, esta semana dos diputados de la Concertación chilena presentaron un proyecto de ley que despenaliza el consumo del cannabis, en Uruguay el plan oficialista que busca monopolizar la producción y distribución de marihuana tiene estado parlamentario desde el miércoles pasado y en Bolivia varios ministros criticaron con dureza el informe semestral que fue dado a conocer por estos días por el zar antidrogas norteamericano. Todos estos hechos, además, tienen un antecedente temporal cercano que les da espalda política suficiente: en la última Cumbre de las Américas de Cartagena varios países sudamericanos –incluso, de sesgo conservador, como Guatemala y Colombia– plantearon que había llegado la hora de redefinir la estrategia continental antinarcóticos, que viene siendo comandada por Washington desde la época de Richard Nixon. En ese sentido, la descrimininalización del consumo personal de una droga blanda como la marihuana vendría a ser el primer capítulo de un debate más rocoso y duro que va desde las redes del narcotráfico hasta la desintoxicación de los pibes en las barriadas pobres.
Ahora, bien, ¿la legalización del porro puede tener efectos hondos en el frente anti- narcóticos o es un guiño de los gobiernos para la tribuna más juvenil? La profesora Adriana Rossi, experta en geopolítica y narcotráfico a nivel de postgrado por la Universidad Nacional de Rosario, al ser consultada por Miradas al Sur advierte que “con la despenalización de la marihuana pierden las mafias porque se les achica la rentabilidad al no tener el control del tráfico. Y para los gobiernos se descomprime la situación de una problemática donde los costos –ya sean sociales, de salud o de violencia– son muy altos. En definitiva, siempre va a haber un mercado negro, pero si se legaliza la situación del consumo, las bandas ilegales van a perder el piso del negocio”. Además, sobre el marco geopolítico de la discusión, Rossi asegura: “Incluso, ahora la derecha latinoamericana también defiende este enfoque porque el fracaso ha sido demasiado grande. Por eso, intelectuales como Mario Vargas Llosa o gobiernos como el costarricense impulsan la legalización porque la violencia de los carteles se está expandiendo a niveles alarmantes, tanto que ya amenazan el poder de fuego de los Estados. Por ese motivo, el movimiento antiprohibicionista está creciendo con mucha fuerza en Latinoamérica”.
Y, por último, ¿cuál es la situación específica del mercado de la marihuana en los Estados Unidos? Al parecer, como ocurre con otras sustancias ilegales como la cocaína, Washington no sólo monopoliza el know how del programa antinarcóticos dominante sino que concentra la demanda regional. En ese sentido, el especialista francés Alain Labrousse –uno de los más reconocidos en el ámbito mundial–, en su reciente libro Geopolítica de las drogas, subraya que “el primer consumidor de marihuana en el mundo es los Estados Unidos. La producción local –de 7 mil a 10 mil toneladas cada año (en parques naturales o verdaderos laboratorios indoor)– es insuficiente para responder a la demanda de más de 11,5 millones de consumidores regulares. Las autoridades estiman que 5 mil toneladas suplementarias se importan desde Canadá (de la provincia Columbia Británica) y de los países del Caribe y América latina, en primer lugar México”. Paralelamente, Labrousse advierte que “la política de Obama sigue apoyándose fundamentalmente en la prohibición, como revela el presupuesto federal que continúa favoreciendo el financiamiento de las cárceles y de las fuerzas de represión en detrimento de la prevención. Por otro lado, EE.UU. sigue hegemonizando el control político de las tres grandes organizaciones de la ONU especializadas en la lucha contra las drogas: la Unodc, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes y la Comisión de Estupefacientes del Consejo Económico y Social”.

Fuente: Miradas al Sur

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