martes, 16 de abril de 2013

HIDROCARBUROS NO CONVENCIONALES EN NEUQUEN.

Legisladores y ambientalistas advierten sobre el peligro de que la provincia se convierta en un “queso gruyère”. Desde el gobierno local aseguran que se adecuará la Ley de Preservación, Defensa y Mejoramiento del ambiente para minimizar el impacto.
      
El obispo de Neuquén, Virginio Bressanelli, advirtió que la iglesia está elaborando un informe sobre los riesgos que representa la explotación de yacimientos no convencionales y consideró que el gobierno provincial debería “plebiscitar” el tema para que la población tenga la certeza de que este tipo de explotación se concretará “de manera segura”.
Bressanelli, quien viene de desarrollar una fuerte resistencia contra la minería a cielo abierto en Chubut, no fue el único en alzar su voz. Los diputados de la oposición reclamaron hace poco la presencia en la Legislatura del subsecretario de Medio Ambiente, Ricardo Esquivel, para que explique el impacto que podría tener sobre el ambiente la fiebre de explotaciones no convencionales desatada por la nacionalización de YPF. De paso, el Poder Ejecutivo provincial prepara una modificación de la ley de medio ambiente, para incorporar pautas referidas al tipo de explotación que está en boca de todos.
 
El costo de crecer. Probablemente la decisión de recuperar la soberanía energética por parte del Gobierno Nacional no se hubiera convertido en un imperativo de la hora si no hubiera sido por la certeza sobre la existencia en el país de grandes yacimientos de petróleo y gas no convencionales.
Antes existía constancia de su presencia en el subsuelo, pero si ahora el tema de los no convencionales está sobre el tapete es por la concurrencia de por lo menos dos factores: el ascenso incontenible del precio de los hidrocarburos, que hoy hace rentable su extracción, y el desarrollo de nuevas tecnologías que hacen viable su extracción.
Pero, como ocurre con todas las buenas noticias, esta también tiene su lado oscuro: el previsible alto impacto que podría tener este modelo extractivo sobre el medio ambiente.
Un hombre del gobierno de Neuquén, la provincia donde YPF tiene concentrados la mayor parte de sus recursos convencionales y no convencionales, lo sintetizó de esta forma: “Vamos a ser un nuevo Qatar, pero prácticamente no va a quedar un centímetro de superficie sin perforar: vamos a ser un gran queso gruyere”.
Para traer a la superficie el gas y el petróleo atrapado en arcillas compactas –shale gas y shale oil, en la jerga técnica internacional– no sólo se requiere de una fuerte inversión –triplica los costos de extracción de un pozo convencional–, sino que además requiere de inyectar en el yacimiento cinco veces más agua de la que se emplea en un pozo común.
“Una fractura convencional utiliza 500 metros cúbicos de agua mientras que una no convencional utiliza 2.500 por fractura”, explicó el subsecretario Esquivel.
 
Cambios legislativos. De cara a lo que promete ser una ofensiva extractiva del shale en la gigantesca formación geológica Vaca Muerta, el gobernador Jorge Sapag prepara una serie de modificaciones y reformulaciones a la ley de preservación, defensa y mejoramiento del ambiente.
El modelo para modificar la norma local es la legislación de Estados Unidos, que junto con Canadá lleva la delantera en este tipo de explotaciones. Hace una década Estados Unidos importaba gas a través de buques metaneros, pero hoy prácticamente se abastece del fluido gracias a los no convencionales. En ese lapso el gas no convencional pasó de constituir menos del 10% del que se producía en ese país al 60%.
Claro que no todos los estados de la Unión tienen una legislación laxa respecto del tema ambiental, algunos más estrictos que otros, directamente han prohibido las explotaciones no convencionales en sus territorios.
Esquivel se mostró partidario de no “mitificar” las malas prácticas que generan preocupación en Canadá y Estados Unidos, “para ello estamos abocados a la búsqueda de experiencia internacional, porque de los errores de ellos aprenderemos nosotros”, apuntó.
Explicó, sin embargo, que para realizar una perforación no convencional o multifractura “se utiliza arena, agua en mucha cantidad y geles”, y que el agua usada “retorna con residuos químicos, por lo que en Pennsylvania, por ejemplo, no se permite la reinyección”.
No por nada, recientemente Francia, Bulgaria, Rumania y la República Checa suspendieron la explotación en sus yacimientos de shale gas y shale oil por razones ambientales. Y esta semana el nuevo gobierno polaco se pronunció a favor de congelar este tipo de explotaciones hasta que se concluyan las investigaciones europeas sobre su impacto.
Consultado sobre el tema, el ministro de Energía de Neuquén, Guillermo Coco, afirmó que en las explotaciones provinciales será obligatorio aplicar el flow back, es decir que el agua que regresa de ser inyectada en el yacimiento va a ir a tratamiento.
Agregó que se prepara una normativa para que esa obligación forme parte del contrato de concesión y, por lo tanto, para que el requisito esté incorporado a los costos de producción. “Sale una disposición de Medio Ambiente en la cual directamente se deja constancia de que el agua (usada) se trata en un 100%”, aseguró.
El obispo Bressanelli recordó que la Iglesia sostiene desde siempre el principio del tuciorismo, “que quiere decir que cuando está en juego algo que no sabemos cuáles son las consecuencias no puede obrarse hasta que esté asegurado que fueron eliminados esos posibles problemas”.
 
Fuente: Miradas al Sur

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