jueves, 3 de junio de 2010

PENSAR LA SOBERANÍA


En cada conmemoración del 2 de abril, se debate la tensión entre un reclamo justo y la ilegitimidad del gobierno que condujo el conflicto bélico de Malvinas.


Por Luciana Malamud.


A poco de haberse cumplido 28 años del inicio de la guerra con Inglaterra por las Islas Malvinas, la disputa de las últimas semanas con Gran Bretaña por determinar quién será el dueño del petróleo puso el tema en primer plano y los recuerdos fueron inevitables. El 2 de abril es una fecha que no pasará inadvertida en las escuelas y que toma cada vez más protagonismo a partir de la última Ley de Educación, donde el “tema Malvinas” se exige como parte de la currícula en todo el país. Pero Malvinas no fue sólo la guerra que precipitó la caída de un gobierno de facto, sino una cuestión histórica de defensa de la soberanía desde 1833. Soberanía y dictadura son los ejes sobre los que el Ministerio de Educación propone trabajar en el aula.


“Es un doble desafío: por un lado, proponemos retomar la usurpación por parte de Gran Bretaña en 1833 para trabajar colonialismo, identidad nacional, territorio, y por otro, el homenaje a los que lucharon y un análisis crítico del intento de recuperación por parte de una dictadura”, explica la subsecretaria de Equidad y Calidad del ministerio, Mara Brawer, en alusión al material que produjeron en el 2009.


Se trata de los libros Pensar Malvinas. Una selección de fuentes documentales, testimoniales, ficcionales y fotográficas y Soldados, pensados para alumnos de secundaria y de institutos de formación docente, que incluyen cuadernillos y guías de trabajo. “Muchas veces no se enseña lo que no se sabe, o no se sabe cómo enseñar. Es necesario tener herramientas para trabajar el pasado reciente con los chicos”, agrega Brawer.


Rodrigo Gómez es docente en Chubut, donde la relación con las islas es profunda. “Durante la guerra nuestra provincia tuvo un gran protagonismo: acá se constituyó el Centro de Planeamiento de Operaciones, se realizaron ensayos de apagones y adiestramiento, y llegó la mayor cantidad de soldados argentinos como prisioneros en buques británicos que fueron recibidos con mucho afecto y cariño por el pueblo”, recuerda. Tuvieron varias experiencias de visitas de los veteranos de guerra en las escuelas “que despertaron el interés, motivación y emoción de los chicos de los distintos niveles”, dice Rodrigo, y eso los llevó a empezar a trabajar de otra manera. “Todavía hay mucho debate y eso es lo interesante. Pero no hay que quedarse en el pasado, sino tomarlo para reflexionar sobre el futuro”, agrega. Hablar de Malvinas lleva a que el docente y sus alumnos puedan pensar lo que significa la soberanía hoy, teniendo en cuenta que es en sus tierras donde se disputan las aguas, los glaciares y el petróleo.


Convocados a un concurso por el ministerio y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, estudiantes de Formación Docente realizaron investigaciones sobre las marcas que el pasado reciente había dejado en sus localidades. La iniciativa tuvo la riqueza de atender las diferencias locales para contribuir a la construcción de una memoria nacional. Estudiantes del instituto José Manuel Estrada, de Corrientes, hicieron entrevistas en cuatro escuelas y pudieron constatar que “los adolescentes sólo hablan de la guerra cuando hablan de Malvinas, pero de manera disociada con la dictadura militar”.


Celeste Adámoli, co-coordinadora del programa Educación y Memoria donde se diseñaron los libros, señala que “la dictadura no tuvo el mismo impacto en todas las provincias. Cuando trabajábamos el tema, no todos sentían que fue algo que nos pasó a todos. En el Sur tenían la guerra de Malvinas a flor de piel. Pero Malvinas es mucho más que la guerra, aunque sirve como punto de partida para trabajar otras cuestiones como el lugar de los jóvenes en la sociedad argentina, ya que la mayoría de los combatientes era joven”.


Cecilia Flachsland, docente de una escuela privada en Florida, norte del Gran Buenos Aires, comenta que sus estudiantes se extrañan frente a una causa que no sienten propia: “Los chicos preguntan por qué los soldados no desertaron. Les resulta difícil entender que defendían una causa territorial. Son chicos que, además, no hicieron el servicio militar obligatorio. Hace tres años entrevistamos a un ex combatiente. Me llamó la atención la impunidad y espontaneidad con la que le preguntaban si había matado a alguien y le pedían que contara lo más escabroso de la guerra”. Para esta docente hay una tensión constante: la defensa del territorio, una causa que puede ser justa, pero que fue implementada por un gobierno ilegítimo. “Es lo más difícil de desentrañar”, admite. Intenta trabajar con la memoria popular y reconoce que “a pesar de que muchos repiten y tienen la misma edad de los soldados, les resulta raro ponerse en ese lugar; en cambio tienen muy naturalizado el tema de la muerte de los jóvenes, eso es muy impactante”.
La edad es el eje sobre el que giran las charlas de Edgardo Esteban, ex combatiente y autor del libro Iluminados por el fuego. Confesiones de un soldado que combatió en Malvinas –publicado en 1993 y llevado al cine por Tristán Bauer– cada vez que visita una escuela: “Malvinas es tan difícil de explicar como el peronismo. Trato de contar mi experiencia y ser un motivador de la vida, hacerles ver a los adolescentes cómo me enfrenté a la muerte a la misma edad de ellos, y que uno a los 19 quiere jugar al fútbol, tener novia, vivir”. Viajó por el país conversando con chicos de todas las edades y asegura que “el ida y vuelta es muy fuerte. Las maestras, a veces, dicen que los chicos no tienen interés, pero sí se enganchan y se genera un silencio respetuoso que no es fácil con los adolescentes. Siempre planteo que hay que ser respetuoso de todas las miradas que son diversas. No es lo mismo la Capital que el resto del país. Cualquier pueblito tiene un monumento o una plaza que se llama Islas Malvinas. Hay otro sentido de pertenencia”. Y ejemplifica con la visita que hizo a una escuela de adultos en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba: “Hubo un acto en la plaza del pueblo y los estudiantes hicieron un pasacalle de bienvenida. Convocaron a los ex combatientes de la zona, les dieron un diploma e hicieron una charla a partir de la película. Fueron como quince mil personas; sentí que finalmente se daba el reconocimiento que faltaba”.

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